Por el hombre que mató a Pie Grande

            Rick Dryer, a quien califican como un “rastreador” de Las Vegas, afirma haber matado, podría ser mejor asesinado, al primer “Pie Grande”. Se trata éste de un ser para la mayoría, incluyendo la comunidad científica, mitológico y más perteneciente al folclore norteamericano. Sería algo así como “El Silbón”, al cual se refiere la imaginería en los llanos occidentales venezolanos y a quien mencionaba muy frecuentemente el presidente Chávez en sus jocosos comentarios coloquiales y costumbristas. Pero Chávez contó cómo descubrió que uno de sus primos se disfrazaba en las noches oscuras y simulaba ser El Silbón para aterrorizar a la gente.

            Dryer, confiesa, según la nota periodística, que llevaba tiempo detrás de la criatura, hasta que una noche, pocos días atrás, porque Pie Grande, pareciera ser de hábitos nocturnos, se halló no uno sino dos, lo que suele ser común en estas viejas historias que uno no imaginaba se pudieran contar aún por los lados del norte. Peló por su arma, apuntó al que estaba más cerca y le metió dos pepazos que acabaron con su vida. El otro, según relata el heroico “rastreador”, salió huyendo y se le perdió en el bosque.

            El rastreador, que a uno le recuerda a aquellos caza recompensas y hasta el rey de España, quien se divierte cazando elefantes, especie menos extraña que Pie Grande, pero si más grande y tan digna de protección, como aquél, suponiendo que exista, al ufanarse de su hazaña, dice tener foto del cadáver de la extraña criatura y haberlo entregado a una universidad que hace los estudios que cree conveniente para, en breve, dar la información al mundo. Uno que necesita saber más cosas y perentorias y poner coto a la violencia, los asesinatos y los locos que ven en el genocidio algo habitual.

            De las viejas historias sobre Pie Grande, acerca de las cuales nadie ha presentado prueba contundente alguna de veracidad, salvo Dryer, si damos por bueno lo que el mismo informa, se habla de animales como vacunos aparecidos muertos por violencia aparentemente animal y al lado de ellos huellas de pies enormes, parecidos a los de humanos. Cuentos que se repiten en todas partes del mundo, en relación con la criatura, espanto o fiera del espacio. Esa, la de Pie Grande, es una vieja historia que remonta a la etapa colonial y pareciera ser un reflejo de existencias anteriores. La historia envuelve a EEUU, Canadá y hasta Rusia. Es curioso, que en algunos Estados de la Unión gringa, como Washington,  existen leyes que castigan cualquier agresión a esa criatura de quien nadie ha podido demostrar su existencia.

            Pero lo curioso del caso es que Dryer, no sólo ha dedicado su vocación de rastreador, a quien no podríamos por más esfuerzo que hagamos calificar de inocente, a buscar a Pie Grande, sino que de antaño le condenó a la pena de muerte. Es llamativo que Dryer, ni siquiera cubre los extremos diciendo que sorprendió a la pareja y les advirtió su presencia armada y ante la agresiva reacción de ellos defendió su vida, sino que sin pensarlo dos veces y motivo alguno, disparó a matar al primero que tuvo en la mira. Es ni más ni menos, historia parecida a aquellas de “cacería de brujas” y del Kukuxklán. De cuando matar a un negro, lejos de un delito, era una hazaña. Tampoco dice Dryer, no le importa quien se asustó más, él o los dos Pies Grandes; por la rápida huida del superviviente uno saca conclusiones.

           Pie Grande, si existe, por sus características, de las que habla la tradición y el mismo Dryer, por lo que éste dice haber visto, sería por lo menos un humanoide y matarle como confesó con orgullo y hazañoso, tendría la calificación de un crimen o asesinato como si la víctima fuese un caminante en las calles de Nueva York sorprendido sin hacer nada malo. ¡Cómo todavía, algún blanco, policía o civil, amparado en  excusa baladí asesina a un joven, niño o anciano negro o latino, ante el cual, por su sola presencia, en una calle oscura, se sintió amenazado! Hasta Obama mismo, no hace mucho, sólo días, se sintió frustrado cuando un juez declaró inocente a un policía blanco que asesinó a un niño negro por sentirse amenazado. Sólo eso, sentirse amenazado.

             Me detengo para meditar acerca de sí, para algunos gringos, Malcolm X y Martin Luther King, no serían unos Píes Grandes por demás peligrosos.

            Según Dryer, a confesión de parte relevo de pruebas, hay un muerto que podría ser Pie Grande, asesinado con alevosía y premeditación. Es más, el cadáver, según él, está en estudio en una Universidad y espera que cuando en ella se determine lo que haya de determinar, anunciarán al mundo la muerte de un Pie Grande, como cuando el primer hombre escaló el Himalaya. Entonces, podrían salir todos, rastreadores o no a cazar Pie Grandes en cualquier sitio; eso sí, en horas nocturnas.

           No sé si Pie Grande existe; la ciencia gringa le resta importancia al asunto y los más le colocan en donde nosotros hemos puesto a El Silbón, la Llorona o al ahorcado en cada mata de cují en un camino oscuro; es más, creo que Dryer, el rastreador, perdió el rastro de la vida o algún negocio está cuadrando. Ya algo logró, que agencias noticiosas difundieran su imagen, sus palabras y este cronista ocioso se ocupe de comentar el asunto.

           Ahora, ¿por qué Dryer, reaccionó así violentamente contra Pie Grande sin averiguar sus intenciones? ¿No es la misma conducta que la cultura fílmica, por sólo nombrar una de EEUU, intenta generar en el humano habitante terrestre, que en fin de cuentas parecieran ser  sólo ellos, que quienes puedan existir más allá de la galaxia nuestra  son necesariamente enemigos que intentan invadirnos para quitarnos lo que ya hemos destruido en demasía?

          ¿Por qué imponer esa matriz de opinión y conducta?

          ¿Quién invade en esta tierra a otros pueblos? ¿Quién cree ser el policía del mundo? ¿Quién anda escaso de agua, energía y otras cosas que abundan en sitios donde habitan quienes “no valen nada, ni son merecedores de tener lo que tienen”, como para Dryer, el Pie Grande que mató con alevosía, no tenía ni siquiera derecho a la vida?

           Lo de Dryer, podría ser otro asqueroso mensaje subliminal racista. Los conquistadores dijeron que los indios no tenían alma y esas teorías todavía ruedan por allí. Puede ser que ahora “crean” que nuestras almas se las llevó el diablo comunista.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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