Ahí viene otra derrota para el águila imperial

Cuando menos de dos años después del triunfo de la revolución en Cuba
el gobierno de Estados Unidos decretó el bloqueo comercial, económico
y financiero contra la isla, la pregunta que asaltaba a las mentes de
los politólogos, economistas y especialistas de las más variadas
materias en todo el mundo era: ¿Cuánto podrán resistir los cubanos la
brutal agresión del país de mayor desarrollo tecnológico y más rico
del mundo, aislada como está la isla en una región dominada totalmente
por Estados Unidos?

Hoy, la pregunta que se hacen es: ¿Cuánto más podrá resistir Estados
Unidos la vergüenza y humillación de mostrarse incapaz de sacarse la
espina de Cuba y verse aislado en el continente que otrora fuera su
patio trasero y del tercer mundo, escenario del ejercicio de su
virtual imperio y libre albedrío hasta bien reciente?

Cuando el gobierno de los Estados Unidos finalmente se vea obligado a
poner fin al bloqueo a que habrá tenido sometido a su vecino pequeño y
pobre durante no se sabe cuantos años, Cuba saldrá convertida en una
superpotencia moral de enorme prestigio por haberse mostrado capaz de
soportar el más largo asedio en la historia de la humanidad, de parte
de la superpotencia militar, económica y tecnológica más agresiva que
haya existido.

Los representantes de Estados Unidos hacen el ridículo desde 1992 en
la Asamblea General de la ONU al tratar de fundamentar su voto contra
el proyecto de Resolución que presenta Cuba con título de “Necesidad
de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por
los Estados Unidos de América contra Cuba”, que recibe un aplastante
respaldo incluso de cercanos aliados de Washington, porque también
ellos sufren por el alcance extraterritorial del criminal asedio,
considerado como la mayor violación a los derechos humanos de todo un
pueblo que se haya cometido en la historia.

Según expresaba un documento oficial del Departamento de Estado de
Estados Unidos de abril 6 de 1960, desclasificado en 1991:
“La mayoría de los cubanos apoyan a Castro… el único modo previsible
de restarle apoyo interno es a través del desencanto y la
insatisfacción que surjan del malestar económico y las dificultades
materiales… hay que emplear rápidamente todos los medios posibles para
debilitar la vida económica de Cuba… una línea de acción que, aun
siendo lo más habilidosa y discreta posible, logre los mayores avances
en privar a Cuba de dinero y suministros, para reducirles sus recursos
financieros y los salarios reales, provocar el hambre, la
desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Cincuenta y cinco años después de tan vergonzosa declaración de
propósitos contra los derechos humanos de un pueblo, Cuba ha logrado
sobrevivir, aunque a base de los inmensos sacrificios que ha debido, y
sigue teniendo, que afrontar.

El próximo 29 de octubre, dentro del 68º periodo de sesiones de la
Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas nadie duda que
haya de tener lugar la vigésima-segunda derrota consecutiva para la
diplomacia yanqui al discutirse el tema, un nuevo mensaje de la
comunidad mundial a Washington, contra su soberbia y prepotencia.
En 2012, 188 de los 193 países miembros de las Naciones Unidas (97 %)
votaron a favor de la resolución presentada por Cuba. Junto a Estados
Unidos solo votaron en contra Israel y Palau, este último es un
protectorado estadounidense en el Pacífico con algo más de 20 mil
habitantes. Hubo dos abstenciones, Islas Marshall y Micronesia.
Las votaciones contra el bloqueo comenzaron en noviembre de 1992,
cuando en su 47º período de sesiones la Asamblea aprobó por primera
vez, con 59 votos a favor, 3 en contra y 71 abstenciones, una
resolución así. Cada año se han sumando más países a la condena.
En ningún momento, desde su implantación, ha existido justificación
moral o ética para lo que eufemísticamente el gobierno de los Estados
Unidos llama embargo, en tanto que nuevas disposiciones ejecutivas y
congresionales han ido engrosando el cuerpo jurídico de la política de
prohibiciones, penalidades y amenazas de sanciones contra Cuba hasta
extremos inauditos.

Para colmo del irrespeto por el consenso internacional, el
Departamento de Estado de los Estados Unidos ha colocado y mantiene a
Cuba en una lista de países sancionables por promover o proteger el
terrorismo.

Viva contradicción con el hecho de que la población de la Isla ha
sido, durante más de medio siglo, víctima de horrendos actos de
terrorismo promovidos, financiados o permitidos por Washington. El más
extenso de todos: el bloqueo comercial, económico y financiero que
cada año condena para oídos sordos la comunidad internacional.


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Manuel Yepe

Abogado, economista y politólogo. Profesor del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de La Habana, Cuba.

 manuelyepe@gmail.com

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