“La vieja terca y el baboso tuerto”

 

Actualmente o, para mejor decir, el mundo de hoy se ufana de la revolución tecnológica en la comunicación y es así. Internet, twitter, sonidos sofisticados y otros medios así lo testimonian. Todo, hasta ahora, tiene su lado positivo como su lado negativo. No estamos en el comunismo donde al no existir la política no habrá, tampoco, motivo alguno para disparar palabras comprometedoras o creadoras de escándalos públicos. Las ciencias, abrazadas a los trabajadores, tendrán el cuidado que todo sea límpido como el cristal de los ojos de un mundo humanizado y hermanado por la solidaridad.

         Los científicos, esos que permanecen noche y día en los laboratorios donde se comprueban o no las hipótesis, suelen ser –por lo general- muy crudos en sus palabras o frases. La academia así se los exige. Si trabajan, por ejemplo, con dinamita, no deben estar haciéndole demasiada apología al fuego sin tomar sus medidas de precaución. El obrero, en cambio, suele ser –por lo general- rústico en sus palabras y en sus frases aunque mucha sinceridad salga de sus entrañas. La lucha de clases es el más grande laboratorio que conozca la humanidad y es allí donde se comprueban la vigencia o no de las doctrinas –fundamentalmente- a través de la lucha política, la económica y la ideológica, aunque esta última vaya al paso de la tortuga y la primera al paso veloz de Aquiles.

         El camarada Mujica, actual Presidente de la República Uruguay, es, sin duda, ya una persona de la tercera edad sin perder ninguno de los méritos adquiridos en su lucha política y partidista por querer que un día su país sea una sociedad que se alimente con los principios del socialismo. Mujica sabe, su formación autodidacta y su experiencia se lo han dicho, que las ideas no se hacen realidad si el conjunto de las condiciones –especialmente materiales- no está dado para ello. Pretender que el Uruguay sea en cinco, diez o quince años una sociedad verdaderamente socialista en un mundo dominado por el imperialismo, por una economía de mercado monopólica es lo mismo que querer derrotar, de frente, a un enemigo armado con tanques, cañones, aviones, submarinos y uno contar con las viejas escopetas, los arcos y las flechas que sobraron de la gloriosa gesta independentista contra España.

         La revolución tecnológica de la comunicación llegó, sin duda, al Uruguay pero el camarada Mújica no se ha introducido en ella completamente. Quizás, tantos años de silencio condenado en solitario a esas celdas que parecen hacen fronteras con el fin del universo no le han permitido abrirle todo el ánimo o ansia que requiere esa revolución tecnológica para estar siempre pendiente de sus trucos y sus misterios. Donde no exista la precaución, la tecnología comunicacional puede ser un alevoso enemigo vestido de ruiseñor. Lo cierto es que se ha creado un escándalo  mayúsculo, nunca conocido, jamás pensado y por ninguna razón soñado, por el supuesto pronunciamiento de unas palabras o frases del camarada Mújica sobre la Presidente de Argentina Cristina y sobre el expresidente Kirchner, quien era el esposo de aquella.

         Uno se imagina al camarada Mujica, quien jamás se imaginó podía ser Presidente de Uruguay, hablando con personas sencillas uruguayas o de otras nacionalidades, recordando sus aventuras de revolucionario, sus difíciles y pesadísimos días carcelarios, sus incomodidades y hasta de  los privilegios que ha rechazado para seguir viviendo con su esposa en su casita de campo tal como había sido antes de ser elegido Presidente. Se imagina uno su emoción, su alegría o su tristeza, su condición de hombre y político sencillo y hasta sincero y no dándose de cuenta que está de frente ante la revolución tecnológica de la comunicación, soltar algunas palabras o frases que no matan a nadie, que no desmeritan a nadie pero que sí causan malestar en otras personas. Ahora, lo que no se entiende es el papel de quienes estaban manejando los aparatos electrónicos que no debían estar funcionando cuando el camarada Mujica estaba hablando fuera del orden establecido en su comunicación o intervención al público.

         Lo cierto o, mejor dicho, lo que dicen que dijo el camarada Mujica, si tomamos en cuenta su posición de Presidente del Uruguay y contra quienes lo dijo (Cristina y Kirchner),  no es cualquier tontería, encierra mucho contenido aunque no sea veneno. Detrás de un chiste de un personaje histórico siempre habrá una razón profunda desconocida o una incógnita por descubrir. Haber dicho que la Presidente Cristina era una “vieja terca” se puede tomar en dos sentidos concretos: uno, terca en perseverar en su ideal o, dos, terca en enfrascarse en posiciones que no deben ser de principio y conducen a errores. Quisiera entender que si lo dijo haya sido por lo primero, pero todo indica que haya sido, si lo dijo, por lo segundo sentido y no por lo primero. Por supuesto, eso genera malestar tanto en Cristina como en sus seguidores. Además, a las mujeres poco les agrada, y menos si están en un altísimo cargo de Gobierno, que las llamen “vieja” aunque nada puedan hacer por contradecir al tiempo. Y del expresidente Kirchner que era un “baboso tuerto” o “visco” no es, en sí, una calumnia que mata pero habría que descubrir el sentido en que lo dijo. La palabra “tuerto” en política no pocas veces es sinónimo de una persona que mira la realidad con un solo ojo (el bueno) y por no usar el otro (el malo) para ver, se le escapan las conclusiones que deben ser las verdades. Además el término “baboso” se refiere a una persona inestable, que baila aquí y baila allá, es decir, al son que más le convenga, que no es serio, Sin duda, tanto lo dicho sobre Cristina como sobre Kirchner, tenía que causar una polémica, un gran malestar y hasta comprometer la relación –por lo menos personal- entre el Presidente Mujica y la Presidente de Argentina. La política exige, cierto y especialmente entre gobernantes que sostienen buenas relaciones diplomáticas y que tienen al imperialismo por enemigo común, palabras y frases que sean claras y precisas y no satíricas. No lo sé, pero se ha dicho que el camarada Mujica manifestó que fuese disculpado  por sus palabras.

En política siempre habrá los pescadores en río revuelto o los hacedores de leña de árbol caído. Esos tratan de especular toda palabra o frase pronunciada de manera infortunada o inconveniente por algún personaje importante de una nación. Allí actúan los manipuladores para ahondar contradicciones o discordancias donde se supone no hay antagonismo. La derecha uruguaya quiere fuera del Gobierno al camarada Mujica  como sectores muy acaudalados económicamente quieren fuera del Gobierno a Cristina, especialmente, por sus relaciones con el difunto camarada Chávez. En todo caso, buscando culpables, no siempre la revolución tecnológica de la comunicación respeta la privacidad de las personas cuando pronuncian palabras o frases que no quieren o desean traspasen las fronteras de los oídos para los cuales se expresan. Tal vez, si hubiese estado presente el rey de España y contrario a lo que le dijo al camarada Chávez, al camarada Mujica le hubiese gritado: “No te calles, no te calles”.

Ojalá, las organizaciones, los movimientos y los partidos revolucionarios de Uruguay y Argentina no asuman, como banderas de contradicción y de conflictos, las palabras o  frases que dicen dijo el camarada Mujica sobre Cristina y Kirchner. Que todo sea un episodio de veloz relámpago y nada cause de daño a las relaciones entre ambos pueblos.



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Freddy Yépez


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