¡Dólar: maldito… más maldito… siempre malditooo…!

 

Nosotros podemos decir lo que nos venga en gana del imperialismo, del señor capital, podemos –incluso- desearle y decirle del mal que va a morir, tenemos la obligación de denunciar sus perversidades y sus crímenes, estamos en el deber de decirle al mundo que nunca jamás podrá el capitalismo resolver los grandes problemas socioeconómicos de la humanidad, es necesario luchar contra él, pero –lamentablemente- no nos podemos quitar de encima ese maldito dólar que, al fin y al cabo y aunque eso no sea así científicamente, nos tira en cara cuánto vale nuestro bolívar. El dólar es tan promiscuo que actúa con legalidad –valiendo menos- y con ilegalidad –valiendo más- y tenemos que calárnoslo hasta el día en que el socialismo internacional o mundial altamente desarrollado le produzca, a toda moneda, muerte por infarto definitivo. Siempre es usurero, tracalero, maniobrero, perverso y cínico.

         Según dicen, hubo un día en que en un escenario bancario, muchas décadas después de la Guerra de Independencia Venezolana, el Bolívar se encontró con el Dólar frente a frente y se miraron desnudos como si fueran Adán y Eva en el inicio del paraíso terrenal. Un anciano dialogaba con un muchacho de la nueva generación y le dijo: “Usted no conoce, hijo mío, el valor que tenía nuestro Bolívar en tiempo pasado. El joven, atento pero con el lenguaje propio del “modernismo” actual, le  respondió: “Pure, eso no interesa ahora, porque lo que necesitamos es dólares, lucas, melones y millardos. ¿Qué puede llevarse al gajo, a la jeba, a la pure o a un bonche con ese Bolívar actual tan devaluado?”. El viejo guardó silencio y con su mirada fija pareció darle respuesta a las palabras del joven que no demostró ningún interés por defender los intereses de su patria sino la de una nación foránea que siempre ha saqueado la riqueza de otros pueblos dejando desolación, hambre, pobreza y sufrimiento a los explotados y oprimidos.

            Hace pocos días el bolívar fue devaluado de 4,30 a 6,30 bolívares fuertes. Desde allí en adelante se inició una polémica que ahora comienza a tomar cuerpo. La Oposición se ha abanderado de las necesidades del pueblo señalando que la devaluación traerá consigo más pobreza debido a que ahora el bolívar fuerte tiene menos poder adquisitivo que antes. Incluso, muchos de las filas del Proceso Bolivariano han condenado la devaluación y solicitan que se eche para atrás esa medida. Por no ser experto en economía y ni siquiera ser medianamente conocedor de la misma me limito sólo a reconocer que una devaluación de la moneda, ciertamente, le reduce a la devaluada poder adquisitivo. Sin embargo, los amos de capital, de las fuentes productivas privadas, comercios particulares y la banca no estatal, recurren a toda maniobra, todo invento, le dan rienda suelta a la imaginación en su sentido maligno, crean una matriz de opinión sobre la base de muchas mentiras y poquísimas verdades y de esa forma contraponen al Estado sus políticas económicas privadas que, en última instancia, son las que no pierden e incrementan sus ganancias siempre alegando pérdidas y posibles ruina económica de sus empresas si no ponen a su disposición la cantidad de dólares que exigen.

Toda Revolución, sea del género que sea, debe decretarle la guerra a la Especulación, porque ésta es quien cría a la sífilis. El Acaparamiento, por su parte, es el padrastro de la sífilis. Alguien puede preguntar: ¿y quién es la sífilis? Algo muy sencillo: la Inflación. Si ésta no se trata con métodos y medicamentos científicos, puede conducir la víctima a la muerte.  

            De manera irracional, oportunista y creo hasta planificado por intereses mezquinos y de oposición al Proceso Bolivariano se ha desatado una ola de especulación y otra de acaparamiento de bienes de consumo de primera necesidad. Los chinos que se caracterizaban antes por vender a precios más baratos que otros comercios, ahora son expertos quitando precios bajos y colocando precios altos.

            Una devaluación tiene que conllevar, para evitar una especulación atroz, que el Estado se desplace por todo el país como el principal vigilante sobre, especialmente, el comercio porque éste inmediatamente le da rienda suelta a la especulación. Esta, en este momento, es terrible, no tiene compasión con nadie y todo lo que se pueda llevar por delante, para más enriquecimiento ilegal o usurero del comerciante, se lo lleva sin pararle bolas al Estado. Este no está en capacidad, debemos reconocerlo, de revisar uno por uno todos los comercios que existen en el país y, mucho menos, aquellos que están un poco distanciados de las grandes ciudades. Es asombroso la burla y el cinismo de los comerciantes aprovechándose de las necesidades de la mayoría de la población que no posee holgados recursos económicos. Existen mercados o los llamados supermercados donde en los tableros aparecen los precios regulados de las mercancías pero son tan descarados que cuando el usuario o demandante de la mercancía la pide, le dicen un precio mucho más elevado que el que está anotado en la tabla de regulación. Si no lo paga al precio que pone el comerciante, sencillamente no lleva la mercancía pero el hambre es capaz de pagar lo que no tiene por lo que desea consumir. Es como buscar una aguja en un pajal encontrar un comerciante que no recurra a la especulación para vender las mercancías que tiene en su establecimiento. Sólo Mercal tiene precios accesibles o le otorga poder adquisitivo al bolívar recién devaluado. Sin embargo, hay comercios donde se expenden mercancías de Mercal y son tan caros los precios como si fueran negocios o empresas privadas. ¿Quién le pone el cascabel al gato?

            ¿Quién es el culpable de la especulación? Los comerciantes, los productores, los banqueros, los transportistas, los dueños de clínicas y otros propietarios privados, en coro, tienen la misma respuesta: el Gobierno que no nos otorga los dólares que necesitamos. Siempre el dólar está atravesado como mojón en cañería, pero sigue siendo el rey de las monedas aunque mucho nos duela y mucho nos indigne. Hay una carrera desenfrenada de personas por comprar dólares a 6,30 en CADIVI para luego venderlos en el mercado negro quién sabe a qué precio y hacerse de su dinerito. En este momento, no es lo mismo tener un dólar en la mano que un bolívar fuerte por mucho odio que le tengamos al imperialismo estadounidense. ¡Dólar maldito… más maldito… siempre maldito!

            Dicen, también, que un día el Bolívar le dijo al Dólar lo siguiente: “Sé que has tenido muchos nombres: Adams, Mr. Clay, William Tudor, Williamson, Harrison, Monroe, Teodoro Roosevelt, Aaron Burr -que le faltó la o para ser burro-, Andrew Jackson, Jefferson, Morgan, William Walker, Reagan, Bush, Clinton, y Bush hijo, que ser peor de todos... y los que te faltan. Y has tenido también los “latinos” con mentalidad Made in Usa como: Ubico, Cargas, Porfirio Díaz, Peláez, Chamorro Emiliano, Adolfo Díaz, Muñoz Marín, Gómez y tantos otros; pero también, y no lo olvides, los que han defendido nuestras monedas latinoamericanas con mucha dignidad, como: Sandino, Martí, Lázaro Cárdenas, Jacobo Arbenz, Farabundo Martí, Emiliano Zapata, Pancho Villa, Che Guevara, Fidel Castro, Camilo Torres Restrepo, Manuel Marulanda, Nicolás Rodríguez, Ezequiel Zamora, Jacobo Arenas, Argimiro Gabaldón, Abel Santamaría, Inti Peredo, y tantos otros por no nombrarte los primeros libertadores de nuestras naciones a comienzo del siglo XIX”.

Entonces el Dólar le respondió a nuestro Bolívar lo siguiente: “Eso no interresar a mí porque yo ser muy fuerte, muy poderroso, con suficiente aval en mercado mundial y todos temer mi capacidad bélica. Yo someter por las armas al que se me oponga y no me importa parra nada lo que deba destruir y arrasar con mi ejército, con tal de garrantizar mi dominio unipolar sobre la tierra. No olvides que valgo muchísimas veces más que tú”.

El Dólar, con su prepotencia que caracteriza al soldado norteamericano cuando invade territorio ajeno, dicen, dio un viraje y se marchó haciendo señales de indiferencia ante lo que le había dicho el Bolívar. Este, a su vez, se dirigió al resto de monedas latinoamericanas y les dijo: “¿Acaso más de quinientos años de calma no bastan? ¿Qué nos importa que el Dólar quiera imponer su valor si estamos decididos a ser libres? Pongamos sin temor la piedra angular de la libertad latinoamericana y marchemos decididos a vencer como lo hicieron nuestros antepasados contra los primeros colonizadores

Y el anciano que escuchó toda la conversación entre  el Dólar y el Bolívar, buscó apresurado al joven y le dijo: “Hijo, oiga la conciencia de la patria exigiendo el deber de luchar por sus vitales intereses. Adelante jovencito, porque tú caminas más rápido que yo y tomemos las banderas de la libertad”. El joven sintió como un aletazo que le despertaba el amor por su patria, y tomando el Dólar entre sus manos, lo miró y le dijo: “Maldito Dólar que nos tienes arruinados. Vamos viejo, que estoy contigo y con el Bolívar”.

            Pero para derrotar el dólar no es suficiente predicar una doctrina, organizarse en torno a una estrategia, establecer una táctica, tener un proletariado clasista y de vanguardia, elaborar un programa sino que igualmente es imprescindible: ¡audacia… más audacia… siempre audacia!      Mientras tanto, ningún dueño de propiedad privada busca las causas de los males que padecen los pueblos en el capitalismo sino en el Gobierno del camarada Chávez. De esa manera piensan ganarse el derecho que sus almas vayan al Cielo para ser protegidos del Ser Supremo después de haber jodido tanta gente en la Tierra.



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Freddy Yépez


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