Obama: mató a la mentira

 

Un viejo camarada, el gran Tito, es de esos que por Universidad han tenido el diario acontecer de sus actividades con sus aciertos pero también con sus errores e, igualmente, siempre dispuesto a corregirlos para seguir andando en la continuidad del pensamiento revolucionario, y analizando la muerte de Osama bin Laden, llegó a la siguiente conclusión: “Obama: mató a la mentira”. Eso me llamó mucho la atención y por ello le pido prestado su síntesis para identificar el título de lo que a continuación sigue como análisis.

 El feroz anticomunista y hace décadas muerto Winston Churchill decía que “La verdad es tan valiosa que debe ir acompañada por toda una escolta de mentira”. Y uno o varios escoltas, fácilmente, pueden darle muerte al custodiado o a la custodiada. Rambo es una mentira bien custodiada por algunas verdades (capital y el actor) para producir doble ganancia a la propiedad privada: dinero y engaño. El cine es un arte que penetra en el cerebro como agua de un río desbordado en las siembras de sus alrededores. Si no se colocan muros de contención como prevención, los daños pueden ser terribles. Si esas aquellas dos cosas no las produce, entonces, las verdades matan la mentira.

 Osama bin Laden fue un personaje creado en un laboratorio donde el imperialismo forma, deformando las verdades, una mentira no para el cine sino para las realidades del mundo que garantizan la injerencia política de sus fuerzas militares en los asuntos internos de otras naciones para conquistar riquezas económicas. Los niveles de la degeneración de la ideología alcanzan ya una terrible ideología de la degeneración en perjuicio de la verdad, no importa para nada que marchen detrás las mentiras y no delante de los fetiches y de algunos acontecimientos de la historia contada o acomodada al guión que se publicita. Osama bin Laden fue la gran mentira (como medio) custodiada por las verdades secretas del imperialismo (que son su fin). Solo que modifican la lógica de Churchill para llegar a la siguiente conclusión: “La mentira es tan valiosa que debe ir acompañada por toda una escolta de medias verdades y unas poquísimas verdades”.

 Fueron verdades, por ejemplo, que lo soviéticos invadieron a Afghanistán y que eso chocaba con los intereses del imperialismo en el Medio Oriente y sus alrededores. Eso hizo necesario la creación de una mentira valiosa para el imperialismo que le permitiera luchar con éxito contra la política soviética que para ese entonces era denunciada como comunista. Esa mentira fue Osama bin Laden. Pero es, por ejemplo, una media verdad (que resulta una mentira muy peligrosa) que el imperialismo tiene por lógica la lucha contra el terrorismo para garantizarle democracia, libertad y paz al mundo.

 Pero una mentira, en determinadas circunstancias, puede convertirse en una verdad irrefutable. Los imperialistas soñaron, luego de los soviéticos abandonar el territorio afghano, con que los talibanes serían fieles a los designios de la Casa Blanca y que el califa Omar obedecería, sin chistear, a todas las órdenes emanadas del Presidente estadounidense. No fue así y la mentira de Osama bin Laden se transformó en una verdad político-religiosa ficticia en contra de los intereses del imperialismo en el Medio Oriente y otras naciones islámicas.

 El terrorismo individual o de grupo era el motivo sagrado que necesitaba el imperialismo para que su mentira valiosa (Osama bin Laden) cobrara la dimensión de requerir una escolta de verdades ficticias que justificara el deber de combatir al terrorismo prometiendo democracia, libertad y paz a otros pueblos. Volaron y derrumbaron las torres gemelas en New York y acusaron a Osama bin Laden de ser el autor del acto terrorista y de allí en adelante todo hecho de terrorismo fue achacado a la mentira valiosa que se transformó en una verdad político-religiosa como utopía para alcanzar la liberación de algunos pueblos islámicos. Por supuesto, nadie discute el valor de Osama bin Laden, pero nadie debe discutir tampoco que haya sido la mentira más mentirosa para el imperialismo justificar sus guerras de nuevas conquistas y saqueos a otras naciones.

La verdad es que el terrorismo (sea de Estado, individual o de grupo) en más de un 90%, es criminal, salvaje, atroz y no existe causa alguna y, mucho menos, religiosa que lo justifique. Pero, es otra verdad, el terrorismo individual o de grupo es consecuencia directa del terrorismo de Estado; es como una respuesta ante tantas atrocidades que acomete el Estado (especialmente invasor) contra los pueblos, Hoy más que nunca se ha desarrollado o ha crecido el terrorismo individual o de grupo frente al desarrollo o crecimiento del terrorismo de Estado. No estamos en ese tiempo en que el invasor hacia penetrar, desde el inicio, a su ejército en el territorio que se proponía conquistar y dominar. La época de las guerras napoleónicas quedó ya completamente envejecida y no existe ninguna panacea que la rejuvenezca. Estamos en la era en que el imperialismo, primero, aplica una política militar de tierra arrasada, bombardea todas las estratégicas infraestructuras del territorio invadido, le destruye lo más que pueda de su capacidad material para responder militarmente al invasor, trata de obtener una rendición inmediata del Estado y pueblo invadidos por la vía del terror. El invadido no encuentra con quién combatir, porque ninguna nación subdesarrollada está en capacidad de responder con éxito a los ataques aéreos del imperialismo. La resistencia sólo se hace efectiva una vez que penetre el ejército invasor al territorio invadido. Para un pueblo invadido, actualmente, vale mucho más un fusil y una granada que un avión de combate, un tanque o un submarino. Esa es la verdad militar. Mil fusiles hacen mucho más que toda una flota de aviones de guerra en manos de un pueblo invadido por el imperialismo. Una columna guerrillera rural o un destacamento guerrillero urbano logran golpear con mayor efectividad a fuerzas invasoras que un millón de hombres bien armados en un campo abierto o desprotegido de montañas o de bases sociales en las ciudades.

Si bombardear a mansalva a un pueblo y su territorio no es terrorismo de Estado, entonces ¿Qué o cuáles argumentos son valederos para acusar de terrorismo a una persona que hace explotar una bomba inmolándose creyendo que dejará su venganza coronada con la liberación de su pueblo? La verdad, es que ambas cosas son terrorismo. Ambos son condenables, pero si el primero no se realizara el segundo carecería de motivo y hasta de voluntad para materializarse. La única forma que acabe con toda expresión de terrorismo como de toda violencia social es la derrota del capitalismo y sobre sus escombros construir el socialismo haciendo uso, especialmente, de su tecnología altamente desarrollada y de su nivel de organización del trabajo o social acumulada.

El Presidente Obama, sosteniéndose la cabeza entre sus manos miró en vivo como los militares estadounidenses daban muerte a la mentira que el mismo imperialismo había creado en los laboratorios de la CIA y del Pentágono. Mirar es fácil, pero ver es difícil. Lo que no quieren ver los imperialistas es que sus propias políticas de injerencia en los asuntos internos de otras naciones, su terrorismo de Estado, de genocidios y torturas, de represión y saqueo, llevan en su entraña su antítesis: el terrorismo de grupo o individual. Precisamente, por no ver es que el imperialismo tiene que enfrentarse con las verdades que son creadas por su mentira muerta.



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Freddy Yépez


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