El golpe de Estado en Chile (III parte)

“En primer término, compañero, exigimos que se cumpla con el Programa de la Unidad Popular, nosotros en 1970 no votamos por un hombre, votamos por un Programa.

Curiosamente, el Capítulo primero del Programa de la Unidad Popular si titula “Poder Popular”.

Citamos: Página 14 del programa:

“….Las fuerzas populares y revolucionarias no se han unido para luchar por la simple sustitución de un Presidente de la República por otro, ni reemplazar a un partido  por otros en el Gobierno, sino para llevar a cabo los cambios de fondo que la situación nacional exige, sobre la base del traspaso del poder de los antiguos grupos dominantes a los trabajadores, al campesinado y sectores progresistas de las capas medias….” “Transformar las actuales instituciones del Estado donde los trabajadores y el pueblo tengan  el real ejercicio del poder…”

“….El Gobierno popular asentará esencialmente su fuerza y autoridad en el apoyo que le brinde el pueblo organizado…”

(Extracto de la Carta enviada por la Coordinadora de Cordones a Salvador Allende, el 5 de septiembre 1973 en donde se hacen citas del programa de la UP)

 El golpe fascista del 11S significó una derrota descomunal contra los trabajadores y revolucionarios del continente, además logró borrarle hasta ahora, la memoria histórica de luchas a la clase obrera chilena, siendo que esta ha sido uno de los movimientos obreros latinoamericanos que tenía mayor tradición de heroicas huelgas y de haber ganado muchos combates. La burguesía bajo el estandarte de la acción criminal de las Fuerzas Armada, la clase media, la iglesia y los medios de comunicación, con el apoyo político y logístico del departamento de estado, la CIA e importantes empresas norteamericana recuperó, hasta el día de hoy,  la hegemonía del gobierno que había dejado de controlar desde 1970. Control directo que después  han seguido teniendo los capitalistas y el imperialismo desde el primer gobierno de la “concertación” de Patricio Alylwin, pasando por los gobiernos   administrados por el PS o de un empresario como es Piñero  

El 11S 1973 se produce en medio de una situación de doble poder y cuando al inicio de ese año, el gobierno y los partidos de la UP todavía conservaban un considerable peso político. Es indudable que este había empezado a bajar desde  mediados del año anterior, cuando la derecha inició su ofensiva con el paro patronal y la huelga de los camioneros en octubre. Sin embargo, lo que más influyó en el bajón de la confianza al gobierno por parte de las masas populares, fueron los problemas sociales no resueltos, la inflación, la desestabilización política, el no cumplimiento con el programa de gobierno de la UP, pero en especial, por las infinidades de vacilaciones y medidas anti populares del gobierno ante la ofensiva violenta y las provocaciones de la derecha.

Los trabajadores y demás sectores populares en la medida que se arreciaba la conspiración de la derecha, los trabajadores y demás sectores populares habían demostrado su disposición para enfrentarles y para exigirle al gobierno que cesara la impunidad de que gozaban los conspiradores y se profundizaran las medidas económicas y políticas y se avanzara al programa ofrecido por la UP. Sin embrago, en esa misma medida el gobierno se veía sin iniciativas contra los empresarios y los grupos de derecha, mientras emprendía acciones para desmoralizar a las masas populares. En enero del 73, cuando se estaban desarrollando importantes huelgas, el ministro de Obras Públicas, Orlando Millas, dirigente del PC, anuncia un plan económico que entre otras cosas preveía aumentos de precios en una coyuntura en donde se había desbordado el desabastecimiento y el acaparamiento. En la Hermida se levantó una poblada calculada en más de 500 familias que reabrieron todos los supermercados que habían bajado su Santamaría alegando que no tenían mercancías. Para colmo el Plan Millas contemplaba  el retorno de 123 empresas a sus anteriores dueños, muchas de ellas pertenecientes a los Yarum, una de las familias más oligarca y odiada por los chilenos. El ministro del PC consideraba que sólo se deberían quedar con el 49% de las empresas que ya había tomado el gobierno.

Las respuestas a los anuncios de Millas no se hicieron esperar. Miles de militantes del PC hicieron acto de protesta en donde rompían su carnés del partido. El MAPU se dividió en dos toletes  porque su ministro de Economía Fernando Flores se opuso públicamente a la política anunciada por el gobierno. Él estaba a favor de que se congelara de los precios, se controlara la especulación y se garantizara una cesta básica a precio mínimo. EL MAPU se retiró del gobierno y MAPUOC como nueva organización le apoya. Los trabajadores se enardecieron enormemente. Los del Cordón de Cerrillos-Maipú paralizan la zona donde estaban ubicadas y después se van al centro de la ciudad. Las del Cordón Vicuña-Mackenna se movilizan y en asamblea en donde participan textileros, los del Cordón Panamericana Norte y otros sectores aprueban unas resoluciones que entre otros puntos exige: No devolver ninguna empresa ya intervenida sino por el contrario intervenir mucho más y rechazar el Plan Millas porque estas son medidas que detienen el “proceso revolucionario que nos conduzca al socialismo”.

La resistencia al Plan Millas se evidenció el 5 de febrero con una enorme concentración de repudio de los trabajadores, de los habitantes de los barrios pobres y el movimiento estudiantil que desbordaron el Estadio Nacional de Fútbol de Santiago. En las siguientes semanas la rabia se transformó en euforia por la participación en las elecciones parlamentarias del mes de marzo. Allí la clase obrera y las comunidades pobres hicieron un alto a la intensidad de las luchas para ir a votar, aumentando su electorado la UP a un 44%. En medio de resoluciones discutidas en asamblea, o carteles y comunicados públicos hechos por las organizaciones de izquierda y los Cordones Industriales se le exige  a los nuevos diputados a que tomen medidas que enfrente la conspiración y que aprueben leyes que ayuden al “proceso revolucionario que nos conduzca al socialismo”.

 Página 15:

“….. A través de una movilización de masas se constituirá desde las bases la nueva estructura del poder….”

“Se habla de un programa de una nueva Constitución Política, de una Cámara Única, de la Asamblea del Pueblo, de un Tribunal Supremo con miembros asignados por la Asamblea del Pueblo. En el programa se indica que se rechazará el empleo de las Fuerzas Armadas para oprimir al pueblo…. (Página 24)...”

(Extracto de la Carta enviada por la Coordinadora de Cordones a Salvador Allende, el 5 de septiembre 1973 en donde se hacen citas del programa de la UP)

El MIR por primera vez en las elecciones de marzo mandó a votar por los candidatos del PS. Con los resultados de las elecciones la derecha decide afincarse en la política de “tierra arrasada” que consistía en más saboteo económico y la no inversión, preparando el terreno del golpe. Para finales de marzo el grupo de generales que estaban en el gabinete de Allende renuncia a sus puestos. El gobierno no aplica el Plan Millas y el 6 de abril anuncian la expropiación de 45 empresas más, pero haciendo esos anuncios  en medio de un ataque feroz en contra de la izquierda y los Cordones, acusándolos de ser ellos los que habían “provocado a la burguesía” y calificándolos de “ultra izquierdistas” porque no devolvían las empresas ocupadas. Estas estaban en esas condiciones desde el mes de octubre del 72, cuando los  patronos hicieron un paro general a las pocas semanas de haber empezado en septiembre la huelga de los camioneros.

Esas 45 empresas no se terminaron de nacionalizar. Mientras Allende insistía en mantenerse con el plan gradual de cambios, la derecha utilizaba la tribuna del parlamento, las cámaras de la TV y la tinta y papel de la prensa para discutir de manera pública y abierta el fin del gobierno, anunciando  el golpe de estado. El resultado de las elecciones de marzo fue un desafío muy grande y se daba en situación de estado emergencia que puso aprueba a los partidos de la UP, a los de izquierda, a los Cordones y a los propios trabajadores. El MIR y los otros grupos de izquierda se limitaban a exigirle a la UP que actuara de manera distintas a como lo venía haciendo. Los de la UP, después de la salida del MAPU, los más de izquierda era un sector del PS que encabezaba Altamirano. Pero este no eran consecuente con sus discursos y permitían que el sector de derecha llevara la voz cantante dentro del partido y el gobierno.

Ese sector de Altamirano era quien más influía sobre los Cordones Industriales. Pero él utilizaba a estos organismos de base para presionar dentro del partido y hacerse reconocer como un dirigente de contar con mucho apoyo. La otra organización que ejercía influencia en las bases era el MIR, no obstante, su principal fuerza estaba en los barrios pobres y entre el movimiento estudiantil. El MIR era una organización que le hacía criticas al gobierno de Allende, pero en los momentos claves de la lucha de clase vacilaba y hasta se contra decía. A pesar de valorizar a la clase obrera como el sujeto social de la revolución, su orientación principal consistía en constituir  “comandos” con las organizaciones reconocidas y despreciaba las organizaciones que por iniciativas propias salían desde las bases. Junto a la CUT cuestionaban la existencia de los Cordones, diciendo que eran “organizaciones paralelas” a las organizaciones propias de los trabajadores.

 “Compañero Allende, si no le indicáramos que estas frases son citas del Programa de la Unidad Popular (refiriéndose a la citas anteriormente hechas en esta III parte del artículo). Que era un programa mínimo para la clase, en este momento se nos dirá que este es el lenguaje “ultra” de los Cordones Industriales.

Pero nosotros preguntamos, ¿dónde está el nuevo Estado? ¿La nueva Constitución Política, la Cámara Única, la Asamblea Popular, los Tribunales Supremos?

Han pasado tres años, compañero Allende y usted no se ha apoyado en las masas y ahora nosotros los trabajadores tenemos desconfianza.

Los trabajadores sentimos una honda frustración y desaliento cunado su Presidente, su Gobierno, sus partidos, sus organizaciones, les dan una y otra vez la orden de replegarse en vez de la voz de avanzar. Nosotros exigimos que no se nos informe, sino que también se nos consulte sobre las decisiones, que al fin y al cabo son definitorias para nuestro destino” (Extracto de la Carta enviada por la Coordinadora de Cordones a Salvador Allende, el 5 de septiembre 1973)



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Stalin Pérez Borges


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