Carta para el Santos de la esperanza… ¿por qué no?

 Hay un Manuel Santos que se mostró receloso, ante lo que pudiera ser el último pataleo de un saliente y nervioso Pdte. Uribe. Si le preguntasen al Pdte. entrante, Ud. le conoce, quizá respondiese: si le vi, ni me acuerdo. Como hermano le recordaría, pero quien otro pudiera recordar al hombre que arrendó su conciencia al mejor postor y que a la postre terminó aborrecido por la misma conciencia.

La desesperación es hermana del miedo, es lógico, más si nos atan pactos indecorosos.

Para consuelo de muchos, las personas que defecamos tenemos derecho a sentir miedo.

Al nacer nuestro único fiel compañero es el miedo, quien ha visto a un niño que emergiendo del útero materno se nos muestre con una sonrisa en sus tiernos labios, pánico y llanto es lo que sale de allá adentro, y se preguntaría a si mismo el recién nacido, ¿donde carrizo vine a parar?. Niño hermoso, llegaste al mundo de la eterna batalla que te dará la felicidad o la desdicha.

Sr. Pdte. Santos, acaba Ud. de nacer dentro de una nueva etapa de su vida, bien venido. Le espera un trayecto largo y con muchos obstáculos, de Ud. depende cuantos podrá salvar; allí estará la diferencia entre el coraje que produce la disposición de avanzada, para morir por la tierra que nos parió o la sumisión a las cadenas que nos perpetúan, a veces desde lejanas tierras.

La Paz, por más estrecha que sea su puerta, siempre lucirá excitante ante nuestros ojos.

Cualquier acuerdo con la FARC-EP y demás factores, que por diversas razones escenifican con o si razón la violencia en la zarandeada tierra colombiana, sea una concertación y un pacto de hombres de palabra, más que una capitulación sea la iniciativa de un consenso. Dijo José Martí: El hombre de actos solo respeta al hombre de actos. 

Sr. Pdte. Santos, cuan majestuosa es la Patria Grande, es un delicado capullo a medio abrir. Que potencial acumulado, pero a la vez desperdiciado el que poseen dos naciones herederas de una misma causa, ambas con hermosa gente e incalculables riquezas materiales, suficientes para levantar un castillo de bienestar y felicidad compartida y después quien en contra de nosotros, así otro gallo cantaría.

El codiciado Nobel de la Paz le espera con ansiedad Sr. Pdte. Manuel Santos.

Viva Colombia, viva Venezuela, viva Latinoamérica toda unida, pero sobre todo viva la Paz entre los pueblos de Bolívar, del Soldado Desconocido y de tantos otros, Bendito Dios por concederme el humilde derecho de soñar.


(*) San Joaquín estado Carabobo.

julio.cesar.carrillo@hotmail.com



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Julio César Carrillo


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