Critica a una triste cita de Chávez en el último Aló Presidente (3/8/2008). De Luis Moscardó a Elián Gonzalez

Hay cosas que sorprenden del Comandante Chávez, contradicciones muy profundas en las que cae. La última de ellas me sorprendió más que otras y fue en relación al sacrificio de los hijos en medio de problemas políticos o bélicos. Me sorprendió porque él suele ser muy sensible a ese tipo de temas. El Comandante estaba haciendo una reflexión sobre los miedos que pueden sentir los alcaldes de pueblos y con los cuales justifican sus ineficiencias, nombró miedo a linchamientos mediáticos, a amenazas a sus integridades físicas y sus familias; estaba regañándolos y el regaño estaba bien dado, no se pueden frenar las acciones propias de una revolución por la cobardía, los revolucionarios han de ser siempre valientes, dignos y hasta temerarios, la idea de lograr la justicia social debe ser mayor a cualquier miedo, a cualquier dolor y a cualquier afecto personal. Ciertamente en esto coincido con el Comandante, pero sentí un desagrado muy desde adentro por el ejemplo que puso: la muerte de los hijos.

Nos contó, ya casi terminando el Aló, sobre un supuesto general republicano en la Guerra Civil Española, no especificó el nombre, ni el momento exacto, ni la batalla, ni el lugar; absolutamente descontextualizada la historia versaba sobre ese general al que el enemigo fascista le agarra preso un hijo y amenaza con matarlo si el padre no rinde sus tropas. El general pide comunicación con su hijo, y al tenerlo al otro lado de la linea le dice: !!hijo, muere como un hombre!!! Así nos lo contó el Comandante en Aló Presidente en medio de los conocidos y automáticos aplausos del tren ministerial.

Al comienzo, dentro del desagrado que ya dije que me estaba causando el ejemplo, pensé: ese no fue un general republicano, ese fue Stalin, y no eran los fascistas sino los nazis los que hicieron esa horrible técnica de presión y chantaje. En principio pensé en rebatir el horrible ejemplo hablando de la muy diferente situación que viven nuestros perezosos alcaldes en comparación a la Segunda Guerra Mundial. Pero luego me puse a investigar, saqué viejos libros sobre la guerra civil, una miradita a wikipedia, una relectura a la biografía de Stalin, etc. Una muy somera investigación de alguien que ni por asomo es experto en la guerra civil española.

La cosa ocurrió durante 1936, al comienzo de la demencia, un reflejo del futuro que apenas cuatro años después acaba con la vida de 70 millones de europeos. La terrible guerra, con sus horrores, su torrente de sangre y muerte. Mi papá, un viejo vasco de 83 años me cuenta que durante ese año, cuando apenas tenia 11 años de edad jugaba una especie de "metras" con los botones que conseguían en los patíbulos y que saltaban de la ropa de los fusilados, los mas valiosos tenían trazas de sangre. En ese contexto es que ocurre el hecho al que se refiere el Comandante Chávez, del supuesto general republicano que logró hablar con su hijo antes del fusilamiento.

Pero el Comandante se equivocó, tristemente la historia está narrada al revés. A través del detalle de la conversación telefónica podemos saber con precisión a cual hecho (histórico o inventado en laboratorios de propaganda) se refiere: al sitio del Alcázar de Toledo en 1936, el general es José Moscardó, leal a Franco, y los que fusilan al muchacho, Luis Moscardó, de 23 años, son los republicanos.

Dejemos que sea la narración del propio general franquista la que nos ilustre sobre el suceso:

"[...] María de mi alma, hijos de mi alma: Os escribo en son de despedida por si esta situación no tuviera solución favorable (...) No te quiero decir la amargura que tengo sabiendo que nuestro Luis está en poder de esa gente. Ya sabrás que el jefe me llamó por teléfono el día 23 y me dijo que si en el término de diez minutos no nos rendíamos, lo mandaba fusilar, y por si yo dudaba, le hizo venir al teléfono y hablar conmigo para convencerme de que era él. Excuso decirte, mi hijo de mi alma, me habló con voz tranquila, y yo no hice más que decirle que encomendara su alma a Dios si llegara el caso y diera un Viva España muy fuerte. Yo espero que no sean tan crueles que quieran vengarse en la persona de mi hijo, completamente inocente en esta causa, y no pase de una amenaza, pero no obstante no puedo estar confiado."

Es un extracto de una carta de José Moscardó a su esposa e hijos, fechada el 25 de julio de 1936, poco importa saber si fue verdad o mentira, evidentemente saber la verdad de lo ocurrido es importante para la reconstrucción de la memoria histórica del pueblo español, pero no para la reflexión que me interesa desarrollar en este breve escrito.

El otro caso que me vino a la memoria ocurrió unos pocos años después, pero en otro frente de guerra, como ya dije es el de Josef Stalin y su primogénito Yakov Djugashvilii. El muchacho en ese momento era teniente de artillería al mando de una batería del 14 Regimiento de Obuses, 14 División de Tanques. Fue capturado el 16 de julio de 1941 cerca de Vitebsk (Bielorusia). Murió el 14 de abril de 1943 al intentar fugarse del campo de concentración de Sachenhausen. Durante su prisión es delatado y reconocido como hijo de Stalin, el enemigo nazi intenta sacar partido al prisionero, se comunican con el gobierno soviético y ofrecen un canje: Yakov por el Mariscal de Campo Friedrich Von Paulus, a lo cual el patriarca soviético se niega. Según la leyenda Stalin dijo que no cambiaba a un mariscal por un soldado.

Mil inventos, patrañas, oscuridades y medias verdades se escriben sobre este caso, al igual que con todo lo referido a Stalin y a su periodo de gobierno. De todos modos es un caso histórico donde un padre sobrepone la vida de sus hijos al compromiso histórico adquirido, pero vaya qué compromiso histórico, la Segunda Guerra Mundial, o la Gran Guerra Patria como la llamaron los soviéticos, un pueblo que dejó la horrorosa cifra de 20 millones de compatriotas en el campo de batalla. De haber salido libre Yakov lo sería para volver al frente, donde la vida de un soldado soviético se calculaba en unas pocas horas. La suerte de Yakov y la de su pueblo entero había sido echada desde que la URSS decidió no doblegarse ante toda la Europa que aspiraba a que la negra peste nazi fuera capaz de frenar el impulso y el avance del comunismo. Stalin decide, sabe el tamaño de su compromiso, y vence.

Pero volvamos al domingo 3 de agosto de un 2008 ya muy lejano a aquella Europa de la guerra, en nuestra querida y amada patria bolivariana; y a Chávez mal citando a un general de Franco en medio de un justo regaño.

El comandante continuó y puso como ejemplo a sus propios hijos, y a los miedos que pasaron como familia durante los años de la conspiración contra el oprobio de la IV República. "El que tiene un hijo tiene todos los miedos del mundo" así matizó lo dicho, francamente creo que recogía sus palabras e intentaba echar para atrás. Nos contó de la adolescencia, de los miedos de los padres en ese momento del crecimiento de los hijos, y como esos miedos en él mismo fueron terribles por sus propias acciones de conspirador y de líder de un movimiento popular que desencadenó este huracán llamado la Revolución Bolivariana.

Lo dicho dicho está y lo hecho lo podemos ver y palpar, llevamos 10 años en el gobierno y cada vez más Venezuela va convirtiéndose en un lugar "indesestabilizable" como bien lo dice el líder, así lo vamos sintiendo también en la calle. No es la España de 1936 ni la URSS de 1943, es Venezuela décimo año de la revolución. El gobierno no enfrenta una rebelión militar de extrema derecha, no hemos sido invadidos con apoyo extranjero por las tropas de la legión, ni un frente de guerra de millones de soldados intenta someternos a punta de acero ardiente, esa no es nuestra situación actual.

La IV Flota merodea y la IV república sabotea, la justicia social encuentra frenos y trabas en las alienadas mentes de burócratas, corruptos y obstaculizadores de oficio, el neoliberalismo pretende volver por sus fueros, los sicarios cruzan fronteras y el petróleo tienta a los tiburones. Pero mantenemos el poder y cada día que pasa la organización popular y la consciencia del trabajo se van fortaleciendo. En medio de nuestra dialéctica vamos buscando un camino propio que nos lleve a la justicia social, a veces encontramos el camino y otras veces los esfuerzos por la articulación terminan empantanados. Podríamos hacer una lectura profunda y calmada de la situación actual, ver las amenazas, los problemas y los peligros, pero......¿nuestros hijos, qué pasa con ellos en nuestra coyuntura actual? Sencillo, los protegemos. Para eso somos el poder.

Definitivamente se tiene el poder para ejercerlo, el no ejercerlo es una mezquindad, ser jefe para no serlo es dejar en el desamparo a aquellos que necesitan ese poder para su defensa frente a las desigualdades fácticas de la sociedad, esa idea es eje central del pensamiento bolivariano. La naturaleza nos hace desiguales, la política y la ley son las herramientas para la superación de esas desigualdades. Es difícil pensar que un alcalde en un pueblo es el sujeto débil al cual la ley y el estado deben auxiliar, en principio porque el mismo alcalde ES EL ESTADO, pero en Venezuela esos casos aún se dan, e incluso en las grandes ciudades, poderes fácticos de la economía que pueden dar demostraciones brutales de control de la situación por encima del poder político de la democracia: los medios, los bancos, los casinos, las mafias del transporte, los ganaderos, los pocos industriales que quedan, y el agavillamiento de todos juntos. En algunos casos ciertamente los alcaldes pueden sentir miedo de sus vidas y la de los suyos....pero ¿qué ha de hacer ese alcalde en el momento actual? ¿llamar a capitulo a la familia y pedirles que mueran como hombres o gritando Viva Venezuela? No, por más que lo medito no veo justificación para que eso tenga que ser así. Lo sensato seria: actuar como gobierno y accionar el poder desde el poder.

El alcalde debe analizar la situación, de ser conveniente actuar con la policía local, y llevar presos a los chantajeadores. Si la situación fuera verdaderamente peligrosa debe levantar el teléfono y llamar al Ministro Ramón Rodríguez Chacín, el cual debe implementar los planes policiales, militares y judiciales pertinentes. Primero se ha de preservar la vida de la familia del alcalde de pueblo y posteriormente llevar ante la justicia a los criminales, de no ser posible por falta de pruebas o otras legalidades exigidas por el estado de derecho, pues se ha de resguardar la vida del alcalde, igual si es corrupto, o ineficiente, o un necio sin criterio. La ley no condena a los cobardes, ni a los necios, por suerte para algunos alcaldes. Y aquellos que son alcaldes eficientes tampoco quedan condenados a tener que ver la muerte de los hijos. Eso es tonto pensarlo, cualquier alcalde puede ejercer el poder por lo menos para sacar la familia del país un rato a Cuba, Iran, Bielorusia, Brasil o Ecuador, así poder luchar contra los poderes que lo amenazan.

Los que no pueden hacer eso son los pobres. Y aquí entramos al verdadero meollo de la reflexión que quiero hacer. No recuerdo un solo caso en toda la revolución bolivariana de un alcalde que haya visto perecer a sus familiares bajo el artero brazo del sicariato, pero sí continúan doliendo las historias de yukpas, baris, campesinos, líderes sociales, fotógrafos, fiscales, etc. Ellos también fueron hijos de padres y madres, o son padres de hijos e hijas. Nadie debe gritar en Venezuela actualmente "Hijo, muere como un hombre!!" porque sobran duelos esperando por una justicia que parece no llegar. Me da horror pensar en lo que pudo haber sentido la familia de Engels y Douglas Pérez Heredia, recientemente asesinados por la policía del Estado Lara, cuando escucharon semejante frase mal atribuida a un general republicano. Esos familiares no deben ver nada gallardo en la muerte violenta de sus hijos y sí mucho dolor e impotencia. Escindir del discurso la situación precaria de las comunidades verdaderamente amenazadas, obviarlas, y hablarle a unos funcionarios poderosos sobre la supuesta muerte de los hijos me recuerda al cuento bíblico en que ese mal padre llamado Jehova que le pide a Abraham que le rinda un sacrificio: el de su propio hijo Isaac, justo antes de que el padre asesine al hijo dios manda un ángel a que le diga que todo fue una prueba, que no mate al niño y que sacrifique a un becerro, igual pasa con nuestros alcaldes, en vez de un becerro serán guardaespaldas pagados por la alcaldía los que vayan a la piedra del sacrificio. En el caso de los pobres ni becerros tienen para trocarlos en la suerte de los hijos, ni esos rambos motorizados ya tan comunes en alcaldes, gobernadores, diputados, gerentes de plantas, y todo aquel que se cree "primo inter pares", o como deberíamos decir ahora "primo in camionetatus" (un día escribiré largo sobre el tema de las camionetotas de los funcionarios). El llamado a la defensa de la vida de los hijos debe pasar primero por el el uso de los recursos del estado y del poder en defensa de los hijos de los pobres, de los padres de los pobres, pero sin olvidar también defender la vida de los hijos de los funcionarios, incluso de los malos funcionarios, incluso de ellos mismos y sus propias torpezas, o sea la defensa de todos para todos, sin exclusiones. Da rabia e indignación que algunos alcaldes tengan 17 escoltas, y cada hijo un escolta y un chofer, pero incluso dentro de esa indignación no veo razones para que sufran el destino del hijo del General Moscardó.

No quiero darle vueltas a la tuerca hasta descontextualizar al Comandante, pero sí recalcar que el ideal bolivariano nos invita a decir "hijo, vive como un igual" y no citar al fascismo con su culto a la muerte heroica, no es la historia de Moscardó la que ahora nos alecciona, y que luego se convierte en el "Viva la muerte" del fascista Millan-Astray, a quien Unamuno espeta ese digno y celebrable "Viva la vida".

Y por sobre todos los ejemplos del mundo el mejor para recordarlo aquí: ejemplo de la Revolución Cubana que en este siglo nos enseño como se alza un país, un pueblo y una revolución en defensa de Elián Gonzalez, o sea: de un hijo cuyo destino se convierte en el destino de la patria, o Elián regresa a su padre, o no hay patria posible. Conducta muy humana del Comandante Fidel, y que ya se hace presente cuando se detienen completamente las operaciones de desembarco del Gramma para realizar el rescate de Roberto Roque, expedicionario caído al agua accidentalmente. No solo en la historia hay quien ha sacrificado a un hijo por la sobrevivencia del proyecto, sino proyectos que se han entregado enteros por la sobrevivencia de un solo individuo, somos todos o no somos ninguno, y el nuestro debería estar signado por esa ética, sobretodo tomando en cuenta que ya pasamos la etapa de la toma del poder.

Ojalá le diéramos el mismo valor a la defensa de hijos e hijas, como se lo damos a una Copa América, a un Plan Carnaval o a unas elecciones regionales. Ojalá el Comandante use su poderoso verbo para llamar al cuido de la familia, al no abandono de los hijos, al uso racional de las policías en darle protección a los campesinos y luchadores amenazados, en increpar a los jueces por permitir tanto padre y madre en duelo y en recordar aquella buena costumbre de usar el poder cuando se está en él y no pasarnos diez años pensando aún como si estuviéramos conspirando.


ivancho25@gmail.com


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Iván Maiza


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