Carta a los asistentes al funeral del CAP

Quisiera dedicarle este breve texto a aquellos, que sin ser militantes rancios de Acción Democrática y sus derivados, se hagan presentes o sigan por los medios el funeral de CAP. No directamente a los deudos, o en este caso, a los cómplices, sino a los otros, a los que creen que hay algo de “lucha” o “reivindicación” en la figura de ese señor, aquellos que han dejado de lado todo limite ético simplemente por adversar a la Revolución Bolivariana, esos que piensan que la táctica para salir de Hugo Chávez justifica sumar a todos los sectores, sin importar su historia, ni su calaña.

 Mi adolescencia incluyó, como parte del aprendizaje que me daba la sociedad, la tortura, la recluta, la prisión preventiva, la amenaza, las huidas épicas, el miedo y la rebeldía como única manera de sobrevivir sin por ello tener que renunciar a ser adolescente. En mi memoria hay imágenes que nunca se me podrán borrar de la cabeza, muchas de ellas con aquel cuerpo armado de la infamia que se llamó la Policía Metropolitana, y que en tiempos de CAP usaban un uniforme azul o gris ceñido al cuerpo, con botas de campaña, y un casco blanco con dos rayas amarillas y que se convirtió en símbolo del horror. En una de esas imágenes, me acuerdo que tenía yo 15 años, a las 10 de la noche en el Boulevar de Sabana Grande, y ver venir a 4 de esos policías, caminando por la oscuridad, con las peinillas fuera de la funda, raspando con ellas el piso y sacando chispas, ante ellos corrían varios niños de la calle, yo también corrí. Son escenas de una Venezuela que era torturante.

 Recuerdo también aquel concierto de Sentimiento Muerto, en pleno gobierno de CAP, en la plaza Brión de Chacaito, el lanzamiento de “Sin sombra no hay luz”, recuerdo que ser joven era ser constantemente criminalizado, vejado y reprimido, era ser el blanco favorito de las perversiones grotescas de la Guardia Nacional (mi generación aún espera una disculpa oficial de la GN por su conducta aquellos años), de aquellos DISIP de negro en carros amarillos, de los pantaneros y demás. No hablo de la enorme represión política, de la tortura a los miles de presos políticos, ni de las grandes masacres, ni de La Peste, ni de nada de eso, hablo de un día a día cotidiano donde la represión era parte oficial de la política de Estado. Hablo simplemente de un concierto, de una de las mejores bandas, con mayor proyección internacional, hablo de 300 policías corriendo con palos, bates, tablas, rolos, peinillas, con rabia, sintiendo que con aquella paliza estaban evitando un acto que ponía en duda la base social de su poderío. Recuerdo también una vez, que estando en el Rajatabla, llego un comando armado, eran petejotas o disips, y se llevaban a todo el mundo, apilados unos sobre otros, serían apenas las 6 de la tarde, era domingo. Recuerdo bajar del liceo, y que una mano me sujetara por el cuello sin mediar palabra, al siguiente momento estaba en una jaula y a patadas me hacían entrar entre decenas de personas que ya habían sido detenidas, recuerdo la cámara de televisión que luego nos filmaba como parte de los logros de los cuerpos represivos del estado.

 Y es que el poder ejercido por CAP era absolutamente inestable, completamente anti-popular, únicamente sostenido en el régimen más horroroso del terror, aquel terror que se expresaba en las jefaturas, los pequeños módulos, las cárceles móviles a las que llamaban jaulas, el régimen de CAP era un régimen policial y asesino. Todo era objeto de represión, todo era motivo de miedo, el régimen actuaba ante lo más mínimo, ya fuera porque eras joven, o pobre, o negro, o pelúo, siempre tenías que andar bajándote del autobús para la requisa, siempre podias ser apuntado con una HK, o puesto contra la pared para ser humillado incluso sexualmente. Así fuera algo tan inofensivo como Sentimiento Muerto, a esos perros todo les olía a revuelta, y la respuesta frente a cualquier impulso social era siempre la misma, policías, miedo, horror.

 Detrás siempre estuvieron los medios, la misma Radio Rochela no hacía sino estimular la creación de estigmas sociales que garantizaban diversión en las miles del prisiones que la Ley de Vagos y Maleantes creaba, cada oficina pública podía servir para que un PM o un GN o un DISIP tuviera a alguien amarrado, cada expresión, así fuera el turismo, recibía lo peor de lo peor que la sociedad venezolana tenía para ofertar, como aquella pareja de franceses que fueron violados en la Jefatura de El Recreo, una de las peores y más corruptas, esa donde vi, junto a los panas, cómo molían a palos a un hampón juvenil, aquella donde los policías andaban de lentes negros y cadenas de oro, tal cual el uniforme que López Sisco mostraba en sus apariciones públicas, tal cual Ítalo del Valle, tal cual se vestían los adecos en aquellos tiempos. Y es que era necesario ser crueles, era necesario matar estudiantes por cualquier cosa, era necesario meterse como una jauria de lobos en los edificios del 23 de Enero, era necesario golpear a diestra y siniestra, aplicar todo tipo de torturas, era necesario parar a un grupo de muchachos frente a la patrulla y simular que los fusilaban, era necesario meterse en los autobuses pidiendo carnet laboral o papeles militares….porque detrás de eso danzaban los millones del saqueo a un país rico convertido en prisión de los pobres.

 En esos días al petróleo venezolano le llamaban Orimulsión y lo vendían como si fuera asfalto de mala calidad, la jefa de las FFAA era una barragana, había una oficina del U.S.Army en Fuerte Tiuna, eran los tiempos de mayor pobreza, y del primer país al que le aplicaban lo que todavía hoy usan como arma política en Grecia, la UCV era un candelero, los liceos otro, las caras de hambre y miseria recorrían las calles, pero no en formato de indigente, sino de trabajadores, de estudiantes, profesores, niños, niñas, ancianos, eran los tiempos de la ballena contra los viejitos, y de la HK contra los barrios. Giusti, Carmelo Lauria, Miguelito Rodriguez, Moisés Naim, Piñerúa, el Bufalo, y todos aquellos que simplemente robaban y robaban, sometían a los demás a peinilla, tiro, terror, muerte y represión.

 No solo era lo físico y lo material, aquella realidad tan jodida de la economía, y aquel secuestro policial al que sometían a la población, lo peor, lo más abyecto, era el nivel terrible de mediocridad con el que un grupito de adecos y de oligarcas pretendían sostener el régimen, eran los militares robando nintendos en las aduanas, aquellos mismos que el 27 de febrero mataron a miles, esos mismos que lo único que conseguían era un televisor, un radio, un walkman, no daba para más la situación, el país de la novela basura no podía pensar en otra cosa que no fueran estupideces e imbecilidades, eran los años del nacimiento de la imbecilidad como forma de vida, fueron los años que precedieron a aquella matazón que se armó por zapatos de básquet, los años en que aprendimos que se puede ser rico por robar el vaso de leche escolar, los años en que aprendimos que parte del oficio del político puede ser el de ejecutar un plan de ahogar un hospital infantil para justificar su privatización, los años en que deja de importar la vida humana para buscar espacios donde todo fuera privado, nada fuera público y todo tratado como negocio. Fueron los años de presidencia de CAP aquellos en los que una partida de enanos del espíritu lograron controlar un país a punta de pistola para obligarlo a ser triste testigo de su propia humillación.

 Ustedes, esos que hoy saludan al cadáver insepulto de Carlos Andres Pérez, ustedes jamás podrán hacer llamados a la justicia o la unidad nacional, porque esa unidad comenzaría por la justicia de reconocer que durante esos años, de la mano de ese señor, se cometieron todo tipo de hechos deleznables, nunca justificables. AD fingió por unos años que había expulsado a CAP para hoy hacer creer que es un héroe, eso es simplemente cagarse en las historias de los que eramos adolescentes en esos días, es cagarse en los niños desnutridos y que hoy ellos son adultos que merecen ser reconocidos históricamente como victimas, es negar que existieron estafas que fueron como una bomba nuclear en la moral del país, borrar de la historia que esa clase dirigente superó todos los límites de la conducta humana, que la recluta y la ley de Vagos y Maleantes eran usadas como TERRORISMO DE ESTADO, que la PM usó sistemáticamente métodos fascistas y criminales de control social, deben reconocer que por las escaleras de los barrios los primeros asesinos y los que enseñaron el oficio de sicario fueron los pacos de la IV, aquellos del casco blanco con amarillo, aquellos de los pantaneros que imponían el toque de queda so pena de muerte, es engañar al país haciéndole creer no existió una camarilla de jueces y abogados de AD y COPEY que llevaron la justicia a la ruina que todavía hoy se expresa. Ustedes deben reconocer que la primera condición necesaria para que exista el pacto social es aceptar que para nosotros es un punto de honor que esos que gobernaron esos días: NO VOLVERAN.

 De este lado, en esta acera de los que sí tenemos memoria, a ustedes que están olvidándolo todo, que piensan que el horror se justifica solo por el miedo de ver un pueblo que baja del cerro a asumir su posición de dueño del país, a ustedes que prefieren ver a la mayoría subsumida en la ignominia de las cárceles, que son capaces de honrar a los creadores de la Ley de Vagos y Maleantes, a ustedes que piensan y llegan a escribir tesis de por qué es necesario que la alimentación, la salud y la vida estén en manos privadas, a ustedes que hoy se arrodillan ante el cadáver insepulto de CAP, solo les puedo decir:

VIVA LA REVOLUCION BOLIVARIANA

VIVA EL COMANDANTE CHÁVEZ

VIVA BOLÍVAR

ivancho25@gmail.com

http://bitacoradeivan.wordpress.com



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Iván Maiza


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