¡Hacia un Congreso Mundial Anticapitalista!

 
 Crítica al Socialismo en Venezuela
La concepción mundial del Socialismo emerge como salida a la crisis global del capitalismo

 

Si algo debe rigurosamente ordenar el proceso revolucionario venezolano es su inserción en la lucha por el Socialismo del Siglo XXI. Una tarea estratégica de direccionalidad política cuya corresponsabilidad recae, con mayor peso, en el liderazgo delegado por el Pueblo Bolivariano al compañero Chávez.

La discusión urgente pasa por resolver el problema de sí el carácter socialista de la Revolución Bolivariana implica la construcción nacional del Socialismo en Venezuela o si “somos parte adelantada y consecuencia de una crisis internacional de la expresión neoliberal del capitalismo que no ha tenido aún su pico más importante y que nuestro proceso esté encaminado hacia una experiencia de sociedad transitoria revolucionaria, cuya irreversibilidad depende de nuestra lucha a muerte por restarle espacio al capital nacional y extranjero mientras empalmemos con otra crisis cíclica en la economía mundial. Crisis que empieza a manifestarse, que podría abrir procesos revolucionarios en el mundo capaces de neutralizar el reacomodo histórico del capitalismo a través de la guerra y a su vez abrir las compuertas del Socialismo del Siglo XXI” (http://www.aporrea.org/imprime/a51171.html).

Cada vez más la realidad de este mundo archiconectado por relaciones sociales, financieras y de producción de carácter capitalista destrozan la estéril concepción nacional de nuestro proceso revolucionario. La lógica del capital y todas sus instituciones mundiales, como formas de dominio de los estados nacionales, se convierten en camisa de fuerza de un proceso revolucionario, que como todos, pujan por desplegarse de manera natural mucho más allá de sus fronteras locales. Esto es lo que viene ocurriendo, afortunadamente, con la dinámica revolucionaria venezolana y es lo que debemos ordenar rigurosamente como concepción estratégica de nuestro proceso. Nuestra posición privilegiada como país productor de hidrocarburos, en proceso revolucionario, nos coloca en una situación excepcional y peligrosa en el actual marco mundial de la crisis que hoy, como en ningún otro momento histórico, atraviesa el modelo capitalista en su agotada propuesta “civilizatoria”. Hoy los ritmos y los tiempos que vertiginosamente transcurren en el mundo capitalista, hacen brotar las abismales desigualdades inherentes a un modelo que reproduce exponencialmente la miseria y el hambre frente a la grosera riqueza concentrada en los pocos dueños del capital mundial. Convencidos estamos, que no existe otra propuesta estratégica distinta al Socialismo como salida para la Humanidad en este Siglo XXI, pero lo inmediato o mediato pareciera colocar a la orden del día lo que Trotsky, estudioso y actor de primera fila en procesos revolucionarios, advirtió como consecuencia de situaciones de crisis de gobernabilidad, hoy propensa a generalizarse debido a los efectos de una crisis mundial de pronósticos reservados: “Las masas no van a la revolución con un plan preconcebido de la nueva sociedad, sino con un sentimiento claro de la imposibilidad de seguir soportando la vieja sociedad”.

Por supuesto, lo viejo se descompone ante hechos que son irrefutables y se combinan en una mezcla incendiaria que pone en cuestión esa máxima del “quiebre del eslabón más débil” en la crisis del imperialismo:

  • Agotamiento de las reservas mundiales de hidrocarburos, disminución en la capacidad de producción y proyecciones de aumento que rebasan los 150 dólares por barril.
  • Caída del dólar, desborde de la especulación financiera con centro en la burbuja inmobiliaria, quiebra de bancos internacionales, agudas caídas bursátiles y pronósticos inflacionarios y recesivos mundiales con epicentro en EEUU.
  • Crisis alimentaria y alza desbordada de los precios.
  • Agudización de los conflictos geopolíticos en regiones estratégicas con reservas de hidrocarburos.

Se trata de la punta de un iceberg de todo un acumulado de factores conectados y en crisis que se convierten en la espoleta “a punto de saltar” y que tiene en alerta a las tres más grandes economías del mundo: EEUU, Europa y China.

La gravedad de una crisis económica en curso y sus picos de inminentes estallidos (¿mañana, en un año, un lustro… una década?) obligan a nuestro proceso revolucionario a repensar nuestra propuesta estratégica y a legislar cada vez mas con una política claramente anticapitalista, no solo a lo interno del espacio nacional, sino sustancialmente en el ámbito regional e internacional. Si algo puede fortalecer nuestra propuesta de Socialismo del Siglo XXI, como parte de un proceso revolucionario no limitado a las estrechas fronteras nacionales, es el consecuente carácter anticapitalista con que debe estar impregnada toda nuestra acción transformadora. Un planteamiento de este tipo nada tiene que ver con la construcción del “Socialismo en Venezuela”, una receta nacional superada que seria un contrasentido a la luz de las experiencias pasadas. Se trata, contrariamente, de interiorizar nuestra inserción política y económica en lo internacional, dentro de una realidad que nos impone actuar en contra de los ataques de los dueños del capital mundial, quienes hoy, por ejemplo, intencionalmente manejan una matriz de opinión para hacernos responsables, junto a los países exportadores de petróleo, de la crisis alimentaria en curso derivada del alza de los precios de los hidrocarburos.

Todo parece indicar, producto de la crisis global, que los sectores explotados del mundo marchan hacia condiciones excepcionales, independientes de su voluntad, que los colocan en la ineludible tarea de romper con las cadenas que por décadas lo han atado al conservadurismo. Una revolución como la nuestra, en un país geopolíticamente importante dentro del esquema mundial imperante y con inmensa simpatías en los pueblos del mundo, requiere direccionar políticamente hacia lo internacional: con propuestas ante la crisis económica, pero también en el terreno de la unidad de las luchas y, fundamentalmente, en cuanto a lo organizativo. Para ello, y de la manera más amplia, nuestra revolución tiene que convertirse en factor de concurrencia de todos los revolucionarios del mundo que se inscriben en la búsqueda de “un mundo mejor”. Venezuela necesita y está obligada moralmente a asumir la tarea de convocar a un inédito Congreso Mundial Anticapitalista que permita, conscientemente, reunir a los luchadores y pensadores más comprometidos con los explotados en el viejo objetivo de “tomar el cielo por asalto”. No se trata de una propuesta delirante basada en un optimismo iluso, la nueva realidad le impone a nuestra revolución contribuir a construir el núcleo síntesis de rearme teórico mundial para orientar a los pueblos explotados en los objetivos que se desprenden de la actual crisis global, una crisis que presiona hacia la izquierda, hacia salidas anticapitalistas de carácter inmediato y donde cobra pleno sentido la propuesta del Socialismo del Siglo XXI y la muerte definitiva de toda concepción socialista nacional. Un Congreso Mundial Anticapitalista donde surjan propuestas de lucha que vayan dirigidas a perforar el andamiaje estructural de las relaciones económicas internacionales capitalistas hoy en crisis recurrente. ¿Será posible sacar de la lógica del capital, sin bancos y empresas transnacionales intermediarias, el intercambio petrolero sobre la base de un comercio solidario que tenga como norte la preservación del planeta? ¿Será que la disposición de lucha de los pueblos explotados del mundo puede unificarse, en medio de la actual crisis alimentaria en curso, para hacer lo mismo con los rublos alimenticios y con el agua? 

Puedo ver la brillante franja de césped verde
que se extiende tras el muro, arriba el cielo

claro y azul, y el sol brilla en todas partes. La

vida es hermosa. Que las futuras generaciones

la libren de todo mal, opresión y violencia y

la disfruten plenamente.

L.T. 1940

 

juanafonso2002@yahoo.es



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Juan Afonso


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