De aquel a este abril (II)

A seis años de aquel abril en el cual la pugna que revuelve las entrañas de nuestra sociedad (unas veces gradual y sordamente, otras con sacudimientos impactantes) alcanzó un nudo crítico y terminó situando en un plano superior la marcha de la revolución --bolivariana, cristiano-originaria, humanista, antimperialista, socialista, pacífica, democrática, constitucional y legítima--, ésta prosigue indetenible edificando la victoria, sobreponiéndose a las arremetidas de unos adversarios que eligieron ser enemigos abiertos, pese a gozar de absolutas garantías, y derrotándolos sin falta en cada confrontación. Ciertamente, ha sufrido un tropiezo, pero su fuerza viene recuperándose y subiendo.

La oposición irracional, que ha subsumido en una orgía de violencia cualquier remanente de comportamiento democrático y lanzó en aquella ocasión el grueso de sus recursos legales e ilegales para destruir el hecho transformador y a su líder fundamental, estaba segura de su triunfo, pues se trataba de un tipo de maquinación probado en los “laboratorios” del imperio y refrendado por la CIA. En los cálculos de aquellas gentes obcecadas no cabía la consideración del pueblo humilde, de las multitudes a las que subestimaban y calificaban con epítetos despreciativos, ni de los cambios que se operaban en las mentes castrenses dando origen a una crecientemente sólida unidad cívico-militar, por lo cual se hallaban lejos de imaginar el efecto bumerán de su acción. Se lanzaron, y la respuesta fue el arrollador movimiento que signó el trece de abril como una de las fechas más sorprendentes y gloriosas en la historia de las luchas populares. Los buscadores de lana salieron trasquilados y el ascenso de conciencia que se produjo en la inmensa mayoría de los venezolanos, junto con la pérdida por la oposición de efectivos políticos y militares en posiciones claves, constituyó para el proceso bolivariano un avance en calidad y profundidad, un salto revolucionario, desgraciadamente con un saldo de sangre prefabricado que los maquinadores deben todavía. Cuando insistieron con el artero golpe-sabotaje de diciembre-febrero, perdieron la carta grande que les quedaba y una PDVSA recuperada se transformó en la principal palanca financiera para el desarrollo revolucionario de Venezuela y para impulsar la política trazada por Bolívar de unidad continental como bastión de la soberanía de nuestros pueblos.

Acostumbrados a ser dueños del país y sus riquezas, imperialistas y vasallos no admitieron la permanencia de un gobierno, por muy legítimo que fuera --y éste con mayores y mejores títulos que sus antecesores--, empeñado en hacer verdaderas sus promesas y en dar al pueblo el poder que le corresponde y que el más simple criterio democrático le asigna, pero que le había sido confiscado por las oligarquías y los imperios. Como escribí en otra ocasión, apenas se les rozaron los privilegios, sobre todo después de los primeros decretos-leyes, desconocieron las reglas del juego y se lanzaron a la descomposición del Estado, de la Fuerza Armada y las instituciones, de la integridad nacional. Durante décadas alardearon con la democracia (aunque sus gobiernos fueron siempre una feroz negación de la misma), pero cuando ella dejó de ser formal para empezar a convertirse en real, del centro de sus intereses de clase emergió el rostro del fascismo, que se encontraba apenas bajo la piel. Sus medios intensificaron la satanización del Presidente y del “régimen” y emprendieron una gigantesca campaña destructiva, que no cesa, mediante la cual mienten, desvirtúan, desinforman, dan instrucciones y realizan una guerra psicológica que enseña a odiar, a borrar cualquier sentimiento de amor al prójimo en el alma de sus seguidores, a violar derechos humanos, a manosear tentaciones homicidas. Sus corrientes democráticas, o que una vez lo fueron, prisioneras del fascismo, a veces muestran intentos de liberarse, pero enseguida vuelven asustadas al redil.

Hoy, cuando la revolución avanza cumpliendo las tareas de la liberación nacional y echando las bases del socialismo bolivariano, el bloque imperialista-oligárquico sigue en su brecha y se apresta a descargar otro zarpazo, bajo el signo desesperado del Bush que se está yendo. ¿Procurará de nuevo la desestabilización, el golpe, el magnicidio? La jauría bufa y truena, pero cualquiera sea el precio, el pueblo la derrotará de nuevo, y ahora sin indulgencias.

freddyjmelo@yahoo.es


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Freddy J. Melo


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