Elección Presidencial Continuada: Respondiendo a Javier Biardeau

Para iniciar mí repuesta a la crítica del Sr. Javier Biardeau R. a mi artículo con el mismo título con el cual distingo este (Ver www.aporrea.org/actualidad/a39185.html), debo reconocer que su contenido es reduccionista. Simplifica una realidad que el actual paradigma científico, en el cual sustento mis opiniones, reconoce como compleja. No hay relaciones lineales de causalidad que permitan explicar los fenómenos que se presentan en la materialidad. Sin embargo, para quienes hemos tomado como ocupación la publicación de artículos de opinión (doxas), no tenemos otra alternativa que reducir nuestras ideas a mensajes casi telegráficos, buscando la inteligibilidad de su contenido a través del uso de términos que son de utilización casi coloquial por nuestro pueblo. No obstante, al leer cuidadosamente su crítica no encuentro ninguna observación que resalte esta vulnerabilidad cognoscitiva de mi trabajo. Ella sería totalmente aceptable y daría pie para abrir un debate constructivo. De igual manera no encuentro señalamientos sobre los errores más frecuentes en los análisis que se hacen sobre la materialidad. No se me señala el error de la confusión en el sistema causal que utilizo en su relación con el fenómeno observado de la proposición de modificar la constitución para permitir la elección continuada o continua, como Ud. prefiere denominarla. No señala el error de la causalidad falsa, ni él de las causas imaginarias. Por el contrario, y si le encuentro a sus comentarios el error de la voluntad libre. Es decir, Ud, de manera discrecional encuadra el contenido de mi artículo dentro del pensamiento sociológico positivista, descalificándolo de paso, pues siendo tal vez la primera aproximación materialista a la observación de los fenómenos sociales, es sin dudas un antecedente al materialismo histórico, como se puede deducir de “La Tesis sobre Feuerbach” de C.Marx. El pensamiento marxista en esencialmente científico y nadie se atreve a negar el carácter de ciencia que adquiere la sociología justamente con el aporte de Augusto Compte.

Siendo su crítica una expresión de su voluntad libre no puedo usar como base para la discusión los marcos conceptuales de carácter científico dentro de los cuales normalmente encuadro mis opiniones. Lo cual no quiere decir que ellas tengan un carecer científico. Son simples apreciaciones. Ellas podrían ser usadas perfectamente para la elaboración de ensayos – actividades que realizo frecuentemente y que generalmente se editan en publicaciones científicas nacionales e internacionales- o como hipótesis para el desarrollo de tesis que conduzcan a la formulación de conocimientos, lo cual no hago por ser una actividad a tiempo completo. Pero tengo que admitir que sus comentarios no carecen de lógica. Es observable que ellos se encuadran en marcos éticos, especialmente dentro de la línea de esta disciplina filosófica que cultiva la sabiduría no el conocimiento. Su escrito revela su posesión de la virtud que determina lo que es bueno o malo para los hombres. El expresa la conducta racional propia de la actividad humana, o sea la posibilidad de dirigirla de la mejor manera posible. Pero dentro de ese esquema, es obvio que Ud. realizó su opinión dentro del marco de la llamada ética de las virtudes, que es dicotómica. O sea, que las acciones humanas o son buenas, o son malas. No dentro del marco de la corriente que examina esta racionalidad desde la perspectiva de los motivos, mucho más armónica con el conocimiento científico. El uso de una técnica de comprobación (el método científico) que haga posible la descripción, el cálculo o la previsión controlable de un fenómeno que se observa en la materialidad.

Dentro de su sabiduría las cosas y los hechos, o son buenas, o son malas. Por ejemplo, en su escrito es evidente que considera como malas las autocracias –el poder de decisión y conducción política en manos de un individuo- calificándolas automáticamente de tiranías. Esto no se considera así dentro de una ética de los motivos. Dentro de semejante corriente, si los motivos se orientan a la conservación de la vida, como forma de manifestación de la energía que implica la existencia de la materia orgánica y metaorgánica (los conjuntos homogéneos de seres vivos), la conducta de un individuo que por diversas circunstancias llega a controlar el poder social –como lo hizo por ejemplo el Gral. Charles De Gaulle en Francia)- motivado por el proceso de desorganización social presente en ese país que amenazaba la existencia de un pueblo que había contribuido con su existencia y la cultura desarrollada, al mantenimiento de la vida en el planeta, no se puede considerar como una tiranía. Se trataría de una tiranía, un caso como el de Rafael Leonidas Trujillo, en la República Dominicana, donde sus motivos se relacionaban con el enriquecimiento personal y familiar, sin importar el daño ecológico –incluyendo la ecología social- que perjudica la vida en su conjunto. Desde luego esta corriente ética se ajusta más a la ciencia por permitir descripciones más precisas y facilitar el cálculo o la previsión controlable de un fenómeno. Dentro de esa concepción se puede medir la efectividad de la acción humana, que hoy es objeto de una nueva ciencia denominada praxeología, lo cual no se puede hacer dentro de la ética de las virtudes. Más aun, aunque es probable, más prácticamente casi un imposible por la ley de la entropía, se puede pensar en un fenómeno (objeto u acción) que posea en grado absoluto una virtud, por ejemplo, un hombre casto, pero si todos los hombres lo fueran, ello ocasionaría un daño a la vida humana. Se impediría su reproducción, desapareciendo la especie con lo cual se afectaría gravemente el sistema ecológico.


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Alberto Müller Rojas


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