Rupturas y secuencias

Cuando se desencadenen las fuerzas creadoras del pueblo

El proceso bolivariano venezolano ha venido jalonando, ciertamente, espacios y dimensiones que no fueron previstos, ni remotamente, por sus primeros dirigentes, en tanto el pueblo se ha mostrado más radicalizado y dispuesto a secundar todo lo concerniente a la creación de las bases de una sociedad realmente revolucionaria y socialista. Esta circunstancia pone a prueba la factibilidad de que este país produzca una revolución de contenido y característicos auténticamente populares, al darse las condiciones para que se construya un nuevo orden social, económico y político con participación directa de las masas, en una experiencia única, tan solo comparable a los primeros días de vida de la extinta Unión Soviética.

Esta realidad que sacude al Continente, fundamentalmente, ha supuesto un combate frontal, apenas contenido, con el neo-imperialismo yanqui, combate que se da en casi todas las esferas, faltando tan sólo la intervención armada, cuestión que el régimen estadounidense no descarta del todo, esperando -quizás- un mayor nivel de desestabilización interna, tal como lo pretenden los grupos minoritarios oposicionistas, ahora con el apoyo descarado de la alta jerarquía católica. Esto, a pesar de los lazos comerciales y económicos que aún se mantienen con la potencia del norte, sobre todo, en materia energética, lo que no es obstáculo para el gobierno de Bush a la hora de apoyar, asesorar, financiar y coordinar cualquier tentativa desestabilizadora en la Patria chica de Bolívar; lo que contradice el carácter antiimperialista del proceso revolucionario bolivariano. En todo caso, lo que vale es la percepción que tienen de ello las bases populares, de manera que puedan asimilar debidamente lo que ocurre y así apreciar todo lo que se está poniendo en riesgo, si todo se deja al azar. En este asunto es poco lo que ha hecho la dirigencia chavista, afanada -básicamente- en ocupar cargos de gobierno, pero escasamente preocupada por contribuir a una adecuada formación revolucionaria del pueblo, lo que explica los grandes contrastes y retrocesos que se visualizan en el proceso revolucionario actual.

Para suprimir la amenaza latente del neo-imperialismo yanqui -cosa difícil, pero no imposible, conocida la historia de tensiones, bloqueo económico y diversidad de agresiones contra Cuba- se requiere la formación de una conciencia revolucionaria, con mayor énfasis en los sectores populares, que se manifieste en la claridad de objetivos por los cuales se esté luchando a diario y, además, en la organización subversiva necesaria para alcanzarlos. Esta no es una tarea que se decrete por vía ejecutiva y transcurre en un solo día. Ella exige mucha dedicación, sacrificio y coraje personal, puesto que debe cumplirse en cada rincón del país de un modo autónomo y constante, confrontando contradicciones y posibles desviaciones desde el gobierno mismo. Ello redundará, sin duda, en el diseño y la ejecución de estrategias de construcción del poder popular, siendo éste una expresión genuina y permanente del poder constituyente del pueblo, de una forma articulada, coherente, sistemática y dinámica, apuntando primordialmente a la destrucción del viejo estado burgués y a la activación de la gestión directa e independiente de los trabajadores (rurales y urbanos) en las empresas y en el nuevo Estado por construirse. Al respecto, hay muchísimo todavía por hacer, pero no es tarde. En este sentido, existen experiencias y debates que tratan de explicar y superar la fase de transición en que se encuentra el proceso bolivariano, lo cual es positivo e interesante, dadas las múltiples implicaciones que tendrían en el futuro. Desafortunadamente, existe también cierto recelo e incomprensión de parte, principalmente, de quienes ostentan cargos gubernamentales, impidiendo a propósito su posible expansión y consolidación. Aún así, se destacan significativos avances dentro del proceso revolucionario que trascienden todo esto, incluso la tradición electoralista, haciendo más optimistas sus perspectivas.

Cuando las fuerzas creadoras del pueblo se desencadenen, delineando lo que sería la sociedad socialista del futuro, todavía se precisará deslegitimar por completo el sistema capitalista imperante y resolver el dilema respecto al carácter social de la producción económica frente a la apropiación privada de la riqueza, cuestión que no se puede obviar si se le dan visos socialistas, anticapitalistas y antiimperialistas al proceso revolucionario bolivariano. Lo otro sería dinamizarlo realmente desde abajo y de modo consciente, invirtiendo por siempre la estructura ancestral del poder en favor del pueblo que la sufre.-

HOMAR GARCÉS
¡¡¡REBELDE Y REVOLUCIONARIO!!!

¡¡Hasta la Victoria siempre!!
¡¡Luchar hasta vencer!!

mandingacaribe@yahoo.es


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