El Arado y el Mar

El dilema militar

El estamento político falló en la empresa de estabilizar la dominación capitalista, resolver la crisis creada por la traición al ensayo Socialista de Chávez y configurar un nuevo pacto político capitalista que le diera continuidad tranquila a la dominación.

Hoy el país vive en una borrasca de incertidumbre. Las elecciones fracasaron como mecanismo de alivio de las tensiones propias del capitalismo, al contrario, amenazan con convertirse en detonante de la explosiva crisis. No cumplieron su papel de dormidera y válvula de escape, al revés, agudizaron la crisis, pusieron en evidencia sus grandes contradicciones. La incapacidad del lumpen-sindical para dirigir, construir, quedó patente.

En el paisaje del campo civil se detectan con facilidad varias tendencias. Encontramos al capitalismo franco y salvaje, tipo milei, el argentino de oro pirita, son los de mariacorina; más allá se ven los oportunistas de siempre que harán comparsa a cualquier triunfador; no faltan los cándidos que hacen política dentro de las reglas del madurismo; y, al fin, despertando de lutos y confusiones, concurren a nuestro paisaje los chavistas auténticos, que intentan agruparse conscientes de la gravedad de la crisis, del papel que en ella deben jugar. Por supuesto, en un rincón, agazapados, cansados, marchitos, está el madurismo, ya sin nada qué decir, ocupado en disimular su falta de apoyo y de mensaje, más preocupados en huir que en permanecer, en las noches arreglan sus maletas y queman papeles, esperan el corneta que toque a estampida.

Este cuadro, estas tendencias, necesaria e inevitablemente, se reflejan sobre el estamento militar, siempre ha sido así, y ahora, con la agudización de la crisis política, ésta se refleja con fuerza sobre el campo militar. No olvidemos que Clausewitz dijo que la política era la guerra por otros medios. También vale decir que la guerra, lo militar, es lo político por otros medios. Es así, lo militar y lo político son dos alas de la misma ave, la Patria.

Es fácil deducir que el campo militar está en tensión. Toda persona con dos dedos de frente, como decía mi abuela, se da cuenta que la crisis total que vivimos camina hacia un estallido violento, y siente, sabe, que la palabra, ya fracasados los políticos, la tienen los militares. Estos enfrentan un dilema, o actúan en frío, con orden, o esperan el estallido social que los obligue a actuar después del desastre. Ellos pueden escoger, lo que sí es seguro es que el momento es del fusil, su palabra es inevitable.

Lo que queda por dilucidar, la incógnita, es el signo que tendrá la participación militar. Puede ser de derecha franca, reflejo de la tendencia capitalista. O puede ser un reverdecer del sentimiento chavista, tendencia que permanecía dormida, perpleja por el inevitable duelo y la confusión de la traición desde dentro, tendencia patriota, que en esta encrucijada renace con brío a cumplir su papel histórico. Esta tendencia tiene la fuerza de ser parte del viento huracanado de sentimiento patriótico que viene desde Bolívar, el sentimiento de dignidad que nació con Espartaco y se consolidó con el Comandante Chávez, su mensaje claro, su ejemplo, su ejecutoria. Los verdaderos hijos de Chávez, que están allá adentro, tomarán la palabra y junto a los civiles, verdaderamente leales, volverán al camino de Chávez. Esa es la esperanza, en estos momentos en que la Patria, la Humanidad, se bate entre Socialismo o Barbarie.

¡CHÁVEZ CAMINO!



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Toby Valderrama Antonio Aponte

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