¿Qué es la propiedad? (I)

¡La propiedad es el robo!...

En consecuencia, un propietario es un ladrón.

Y, por lo tanto: es necesaria la abolición de la propiedad.

Así, tajantemente, lo afirmó Pierre-Joseph Proudhon, a los señores miembros de la Academia de Besancon en Paris, el 30 de junio de 1840, al hacerles una sucinta y razonada exposición de las investigaciones que realizó, a través de un método novedoso y riguroso, con el propósito de “estudiar los medios de mejorar la condición física, moral e intelectual de la clase más pobre y más numerosa”.

Como señala Mirko Roberti, en la Revista “A”, publicada en Milán, en 1974, que luego sirvió de prólogo al libro: Qu`est que la propreté?, editado en español, en 1983, por Ediciones Orbis, Proudhon, su autor, ha sido vilipendiado por los marxistas como un pequeño burgués, visto por la derecha francesa como teórico de la autoridad familiar, reconocido por los “socialistas liberales” como su precursor, considerado por el sindicalismo revolucionario como padre tutelar e intelectual de Sorel, redescubierto por el “socialismo consiliario” como iniciador de la autogestión obrera, en fin, como dice Roberti: “criticado, discutido y respetado como uno de los fundadores del pensamiento anarquista”. Y, el anarquismo, nos guste o no, lo compartamos o no, también, debe tener su espacio de lectura y análisis, en la reflexión teórica e ideológica que hoy hacemos, en colectivo, acerca del original, vernáculo y revolucionario concepto y sobre la praxis del socialismo: bolivariano, cristiano, humanista, ambientalista, zamorano, robinsoniano, indo americano y libertario, que deseamos construir en el siglo XXI.

El libro de Proudhon, sobre la propiedad, comienza así:

“Si tuviera que contestar a la siguiente pregunta: ¿Qué es la esclavitud?, y respondiese en pocas palabras es el asesinato, mi pensamiento sería comprendido de inmediato. No necesitaría, ciertamente, grandes razonamientos para demostrar que la facultad de quitar al hombre el pensamiento, la voluntad, la personalidad, es un derecho de vida y muerte, y que hacer esclavo a un hombre es asesinarlo ¿Por qué razón, sin embargo, no puedo contestar a la pregunta ¿Qué es la propiedad?, diciendo concretamente es el robo, sin tener la certeza de no ser comprendido, aun cuando esta segunda respuesta no sea más que una simple transformación de la primera”

De este modo, Proudhon, sin andar con medias tintas coloca, al comienzo de su libro, la conclusión a la que llegó después de años de investigación de la realidad europea de la época y de estudiar filología, gramática, metafísica, moral, política y economía, llegando así al estudio de la herencia por partes iguales que le obligó a formularse estas preguntas: ¿podrá convertirse el principio de sucesión en un principio de igualdad? ¿Cuál es el principio de la herencia? ¿Qué fundamento reconoce la desigualdad? Para terminar preguntándose: ¿Qué es la propiedad? Y culminar descubriendo su verdad: ¡es el robo!

Debemos decir que la Academia, de ese entonces, no fue favorable a la tesis de Proudhon, en especial “por haberla publicado sin su consentimiento”, sin embargo, uno de sus detractores en la Academia, Mr. Blaqui, al dirigirse al autor, el 01 de mayo de 1841, agradecido por la segunda versión de la “Memoria” que le dedicó Proudhon y que él consideró más suavizada, señala: “En un solo punto estoy conforme con usted: en los frecuentes abusos que toda clase de propiedad origina. Pero yo no salto del abuso a la abolición, remedio heroico muy semejante a la muerte que cura todos los males. Iría más lejos: confesaría que, de todos los abusos, los más odiosos, a mi juicio, son los de la propiedad; más insisto en el mal tiene remedio sin violarla y, sobre todo, sin destruirla: Si las leyes actuales regulan mal su uso, podemos reformarlas” Y remata diciéndole a Proudhon: “Nuestro Código civil no es el Corán…Reforme, por tanto, las leyes que regulan el uso de la propiedad; pero sea parco en anatemas; porque, pensando con lógica ¿Quién es el hombre que está limpio de toda culpa? Además, ¿cree usted que se puede ser ladrón sin saberlo, sin quererlo, sin sospecharlo siquiera? ¿Desconoce usted que la sociedad actual tiene en su constitución toda clase de virtudes y de vicios heredados de nuestros abuelos?” Hechas estas reflexiones y a pesar de sus críticas y dudas, concluye. Mr. Blaqui: “…creo que ha hecho usted con la propiedad lo que Rousseau hizo ochenta años con las cartas: un hermoso y poético derroche de ciencia e ingenio…Ambos tenemos el mérito de la sinceridad; yo necesito además, el mérito de la prudencia (reconociendo limitaciones para decir en voz alta la verdad que comparte) Conoce usted el profundo malestar que aqueja a la clase obrera; yo sé que corazones tan nobles laten bajo sus pobres camisas, y siento una simpatía fraternal irresistible hacia esos millares de valientes que madrugan tanto para trabajar, para pagar los impuestos, para ser la fuerza de nuestro país”

Estas reflexiones de Proudhon y de uno de sus detractores en la Academia francesa, Mr. Blanqui, leídas y analizadas, en su contexto y completas, y por supuesto, consideradas 166 años después y en un entorno mundial y nacional distinto, quizás, pudieran servir para orientarnos constitucionalmente, con leyes habilitantes o no, y, sobre todo, a través de la lucha ideológica y las ideas-fuerza, sobre un tema esencial y clave, del nuevo socialismo. Un nudo gordiano que abra que desatar o cortar de una vez por todas y entre todos.

¿Es el Estado un ladrón al apropiarse de los medios de producción, en especial los de la industria energética del país? ¿Son los propietarios privados unos ladrones al robarles la plusvalía a los trabajadores, al especular con los precios, al extraer una renta y al apropiarse los latifundistas de unos frutos que no les pertenecen? ¿Qué vamos a heredar o a dejar como herencia a nuestros descendientes? ¿Qué tipo de propiedad vamos a permitirle al Estado, a las comunidades organizadas, a los privados y a la sociedad en su conjunto? ¿Vamos a seguir siendo ladrones al apropiarnos de bienes que en realidad no nos pertenecen aunque los hayamos ganado con nuestro esfuerzo y trabajo honrado y digno? ¿Y qué nos pertenece realmente? ¿Nuestros hijos son realmente nuestros? ¿María de Rapiña, en verdad, le pertenece a José Rapiña? ¿Dios nos pertenece o le pertenecemos a Él?

Son interrogantes para el debate y la reflexión, porque, en definitiva: ¿Qué es la propiedad?

articulohugomoyer@cantv.net


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Hugo Moyer Agostini

Ing. Químico (1975). Postgraduado en Macroeconomía, Planificación y Creatividad Aplicada Total. Profesor Titular jubilado de LUZ (1997). Presidente Honorario de la Escuela Latinoamericana y Caribeña de Ciencias y Técnicas de Gobierno (ESCOLAG). Ha sido el primer Director del Instituto Zuliano de Estudios Políticos, Económicos y Sociales (IZEPES) y del Centro Latinoamericano de Altos Estudios de Gobierno (CELAEG) Ha sido asesor de Rectores de varias universidades, Alcaldes y Gobernadores, así como de la Presidencia de PDVSA y PEQUIVEN. Vive para la POLÏTICA y se resiste a vivir de la política.

 escolagzulia@gmail.com

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