El "Marxismo-Leninismo como falacia "Revolucionaria" (I)

En una coyuntura política como la que vive el país, en la cuál resurgen lo síntomas del desconcierto teórico y la ausencia de memoria histórica en el campo de la izquierda revolucionaria, hay que apuntar directamente al blanco del problema: cualquier invocación de la vigencia del “marxismo-leninismo es una falacia seudo-revolucionaria, que conduce directamente a las experiencias despóticas del colectivismo oligárquico.

Para afirmar con consistencia lo anterior se requieren definiciones precisas: el “marxismo-leninismo” es el marxismo soviético posterior a la muerte de Lenin (1924), aunque los elementos autoritarios están presentes en la coyuntura política donde se decreta la prohibición del pluralismo de tendencias en el seno del partido bolchevique, hasta llegar a la liquidación de la dirección bolchevique por parte de Stalin y sus acólitos. El marxismo-leninismo es la cobertura y el cemento ideológico, el “complemento solemne de justificación” del “Socialismo Burocrático”.

Ciertamente, la monstruosa historia del marxismo-leninismo muestra lo que no puede ni debe ser un movimiento de emancipación socialista. Esta historia no permite concluir en absoluto que el capitalismo global y la oligarquía neoliberal en los que vivimos encarnen el secreto por fin resuelto de la historia humana. Todo lo contrario, somos nosotros quienes hacemos nuestras leyes e instituciones, quienes garantizamos nuestra autonomía personal y colectiva. Sin embargo, no podemos olvidar que no hay libertad política sin igualdad y justicia social, y que a la vez la riqueza humana depende enteramente del reconocimiento de la diversidad social, y que todo esto es imposible cuando existen y se acentúan enormes desigualdades de poder económico, traducido directamente en poder político.

Utilizaré la acepción precisa de “falacia” que aparece en el DRAE: “engaño, fraude o mentira con que se intenta dañar a alguien.” ¿Cuál es el daño? La historia conocida evidencia la liquidación de por lo menos 40 millones de seres humanos bajo el yugo de Stalin, del GULAG y la Nomenklatura. Pero además de violentar abiertamente el derecho a la vida, el estalinismo se caracterizó por censurar y reprimir violentamente la reflexión crítica y la praxis revolucionaria en el terreno de la construcción del socialismo a escala humana. En nombre de un Estado Socialista se liquidaron los derechos de la propia clase trabajadora, y el pueblo fue una entelequia manipulada por el aparato para reproducir su lógica de dominio. ¿Cual es el fraude? Hacerle propaganda a la codificación estalinista del marxismo y del leninismo (que no es equivalente al marxismo, por cierto), como si fuese el “verdadero marxismo” y el “verdadero leninismo”.  ¿Cuál es la mentira? Suponer que la renovación de los planteamientos de Marx y de Lenin, dependían de Stalin y exclusivamente de Stalin. ¿Cual es el engaño? Mantener un sistema de creencias cuya validez se soporta en la apelación infalible a la autoridad del aparato, cultivando la sumisión y la dependencia hacia un canon infalible de interpretación histórica.

Significa todo esto, que el Socialismo del siglo XXI debe hacer explícito su cuestionamiento radical al imaginario estalinista-burocrático. El estalinismo-burocrático y su ideología, el marxismo-leninismo, impiden la creación de un socialismo democrático revolucionario. Allí donde el marxismo-leninismo se ha instalado en el poder, la respuesta puede parecer sencilla: la sed de poder y el interés para unos, el terror para todos.

Al parecer, un sector de la izquierda venezolana que apoya la revolución bolivariana no ha vivenciado el "deshielo ideológico" que años después de la muerte de Stalin, permitió desmontar mitos, creencias, mentiras colectivas y falacias que vulgarizaron al pensamiento de Marx y el legado revolucionario de su obra teórica. Aunque se invoque el XX Congreso del PCUS en 1956 y su crítica al culto de la personalidad, la falacia del marxismo-leninismo al parecer quedó incólume en ciertos espíritus. La pulverización de la nebulosa del «marxismo-leninismo» implica el desmontaje de una subjetividad despótica. Es en el marxismo-leninismo donde puede apreciarse la capacidad de los seres humanos de engañarse a sí mismos, de convertir en su contrario las ideas más liberadoras, de hacer de ellas instrumentos de una mistificación ilimitada.

Aun hoy, la solidaridad profunda entre la construcción de estructuras burocrático-estadales y el marxismo-leninismo no ha sido suficientemente cuestionada. Y sin el desmontaje de esta falacia, poco se puede esperar para la articulación de un proyecto socialista, democrático y revolucionario. Finalmente, es absurdo imputar al marxismo -y aún más al propio Marx-haber engendrado el totalitarismo, como se ha hecho cómoda y demagógicamente en los últimos sesenta años. Del marxismo se prolonga la socialdemocracia revolucionaria, entre cuyas voceras está Rosa Luxemburgo, política liquidada por una dirección reformista Alemana apoyada en las teorías de Bernstein (1905) y en el nacionalismo más ramplón.

Por tanto, se equivoca también la Conferencia Episcopal Venezolana cuando en sus documentos hace equivalentes a Marx y al marxismo-leninismo. Marx es heredero del movimiento emancipatorio y democrático -de ahí su fascinación, hasta el final de su vida, por la Revolución Francesa e incluso, en su juventud, por la pólis y el dêmos griegos. Movimiento de emancipación, proyecto de autonomía, en marcha durante muchos siglos antes en Europa y que halla su culminación en la Gran Revolución Francesa.

Paradójico error cometen los aparentes opositores irreconciliables: la burocracia eclesiástica y el partido-aparato. Mientras existe una radical diferencia entre lo planteado por Marx y la vulgarización de su obra por los marxistas leninistas, el partido-iglesia y la  jerarquía católica llegan a acuerdos interpretativos presos de la más absurda simplificación. La monstruosa historia del marxismo-leninismo muestra lo que no puede ni debe ser un movimiento de emancipación socialista. Marx tiene mucho que decirle al Socialismo del siglo XXI mientras el marxismo-leninismo solo puede decirle lo que no debe repetir, los dictados despóticos de Stalin y sus herederos.

jbiardeau@yahoo.com.mx

 

 



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Javier Biardeau R.

Articulista de Opinión. Promotor del Pensamiento Crítico Socialista. Profesor de Estudios Latinoamericanos-Sociología UCV.

 jbiardeau@gmail.com      @jbiardeau

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