El día de la rebelión indígena

De los primeros años de la década de los 90, recuerdo que aún estaba fresca la sangre derramada de nuestros hermanos, vilmente asesinados por los aparatos represivos del estado durante los sucesos que hoy conocemos como "el caracazo", que ocurrió en un contexto histórico caracterizado por la caída del muro de Berlín, la disolución de la URSS que los analistas calificaron como el fin de la guerra fría y el triunfo del pensamiento único, los teóricos del neoliberalismo como el tristemente célebre, Francisco Fukuyama, dijo que "había llegado el fin de la historia.

El hecho curioso es que fue Venezuela quien dio el primer grito de guerra contra esa pretensión de los dueños del poder económico.

Para esos días contradictorios, yo estaba en el ejército, anhelaba formarme en una carrera profesional que se vio truncada por una serie de eventos donde tuve que participar.

En una oportunidad, el para ese entonces, Teniente Coronel, Rafael José Oropeza, era el Comandante del batallón al que yo pertenecía y un día como hoy, 12 de octubre, esa vez cayó día domingo, el Comandante me ordenó dictar una conferencia a todo el personal de tropa alistada, tropa profesional, oficiales y suboficiales sobré "el día de la raza".

Esa orden me cayó como un misil en mis neuronas, porque tenía y tengo una opinión crítica sobre el tema, así que anduve por todos los comandos de Compañía buscando libros, revistas, alguna referencia bibliográfica que me permitiera construir un discurso que, sin contradecir mis ideas, le dejara un mensaje al auditorio sin el riesgo de ser juzgado y condenado, era un soldado del ejército.

El asunto es que lo poco que encontré no me convenció, esos cuentos de camino donde se rinde culto a la pinta, la niña y la santa María no lo podía digerir y cuando solo la trompeta de formación, me dirigí al patio de honor como quien va por la propia a pararse al frente del pelotón de fusilamiento, estaba decido a improvisar lo que diría y asumir las consecuencias que por mis palabras me haría merecedor.

El asunto es que el Comandante me presentó ante el personal y parece que habían traído gente de otros batallones.

Comencé la reflexión que se prolongó por algo así, como 45 minutos, diciendo que:

"El 12 de octubre de 1492 se había cometido el primer acto de corrupción en América Latina y que ese día, nuestros antepasados aborígenes conocieron al diablo a través del adoctrinamiento porque ese personaje no existía aquí antes de la llegada de los depredadores europeos".

Entorno a lo anterior hice una reflexión sobre todas las grandes y pequeñas rebeliones de las que tengo conocimiento y concluí dando las gracias por la atención en un auditorio que se me había olvidado que eran todos militares.

El Comandante me felicitó y verga, me sentí muy bien, hasta me invitó a sentarme en su mesa porque luego vendría el almuerzo.

El hombre me tomó la palabra y manifestó su simpatía con las ideas expuestas y le lanzó una serie de preguntas al auditorio que nadie se atrevió a responder por temor a no quedar "marcados", yo tenía fama de insurrecto.

El asunto es que por no responder, el Comandante los fue sancionando uno a uno mientras yo comencé a sudar frío por lo que me esperaba, esa gente me iba a buscar "hasta por debajo de las piedras", yo era el culpable de que los sancionarán y lógicamente, vendrían por mi para sancionar me.

Mientras almorzamos, ellos estaban parados firme con vista a la izquierda, el Comandante me hablaba de otras vainas que no le entendí porque estaba pensando cómo evadir a tanta gente castigada por mi discurso.

Al terminar no tuve más alternativa que ir al consultorio médico, había una Odontólogo amiga, ella me dio "asilo político" en el consultorio después que le expliqué lo sucedido.

El asunto es que en aquel momento histórico como en la actualidad hay gente como la ultraderecha franquista española que con su arrogancia no toleran nuestra justa reclamación de justicia, ellos deberían pedir perdón a los pueblos de América y con su arrogancia evaden la responsabilidad argumentando que nosotros le debemos nuestros apellidos, la religión, por no decir, el traslado del diablo a nuestro Continente pero en el fondo ocultan aquello que Galeano describió en Las Venas Abiertas de América Latina.

Ellos evaden asumir la responsabilidad por el holocausto indígena que es superior al holocausto judío, ellos evaden asumir responsabilidad por el saqueo de más de 500 años y la conspiración permanente para tener gobiernos lacayos que les rindan adoración.

La rebelión continúa, nos supera en tiempo y espacio, más temprano que tarde los pueblos de América Latina serán un solo pueblo con un solo gobierno que hará justicia por la memoria de nuestro antepasados aborígenes, nuestros libertadores y nuestra gente.

Que viva la rebelión indígena!

Que viva la rebelión de los pueblos!



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Edwin Martinez Espinoza

Secretario General PPT Cabimas, Zulia.

 edwinmartinezespinoza@gmail.com      @juanparao

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