La ética socialista y el despertar de los pueblos

Se hace necesario generar los cambios definitivos desde lo ético, aun con lo difícil que es cuando estamos inmersos en el sistema capitalista, ametrallado por medios hegemónicos y recargados de antivalores que dejan a un lado toda posibilidad de prepararnos y avanzar hacia la construcción de un mundo necesario, de un mundo posible.

El ser humano nace limpio y puro y en el camino se va contaminando de su entorno, vamos cargándonos de todo lo que pasa a nuestro lado de todo lo que nos rodea, aprendiendo solo lo que nos permite esta sociedad injusta.

Ya adultos y en plena conciencia de lo bueno y lo malo nos sigue arrastrando un sistema hegemónico, creado para dominar sin importar para nada cuánto daño puedan hacer a una sociedad, así anda el mundo desde hace rato.

En este transitar nos vamos encontrando con gente plena de los saberes ancestrales, esos saberes que van de generación en generación, esos saberes que transmiten los que creen ciertamente que otro mundo es posible, que otra sociedad es posible, que otra ética es posible.

Esos valores que vienen del hogar mismo, de un campesino que por falta de recursos le tocó abandonar el campo para venir a la ciudad en busca de un mundo mejor, dejando atrás la esencia de la vida, y aun echando raíces en estas selvas de concreto nunca olvidan sus orígenes, esos que saben que para una buena siembra y cosecha solo basta estar alineado con la naturaleza para hacerlos en los momentos precisos, también a una buena tierra, un buen riego y un buen cuidado, sin falsos temores inculcados de malas hierbas para hacernos dependientes de sistemas y aditivos químicos fertilizantes industriales que solo hacen más ricos a los dueños del capital.

El sistema capitalista ha venido desde siempre haciéndonos dependientes de necesidades creadas, para mantenernos embelesados y sumisos ante el, necesidades basadas en el modismo, donde hasta la forma de caminar nos ha querido cambiar y quien trata de alzar la mano y la voz ante tamaña ilógica es vilipendiado, señalado, ofendido, maltratado, satanizado y expuesto ante la sociedad como un ser despreciable y lo peor del caso es cuando parte de esa sociedad sumisa sin posibilidad de estudios que vive el día a día en una carrera para conseguir el pan y hasta adaptarse a la apariencia, ignorante y cómplice de quienes en el barrio se creen más que los demás termina idolatrando este sistema.

Pero aún existe el hombre humilde y de alta conciencia, ese que se vino del campo hace más de 50 años para vivir en un rancho en las cercanías de la capital pero que mantiene viva la esperanza y que ha sembrado en sus generaciones la necesidad de un mundo mejor, ese campesino que aun viviendo ya en casa o apartamento, busca siempre un espacio donde sembrar, ese campesino que se convierte en artista dibujando hermosos paisajes andinos que reflejan su idiosincrasia y que muestran lo bonito del campo, ese campesino cultor que hace hablar algún instrumento como la mandolina o la bandola llanera entonando temas musicales como "Brisas del Torbes", "Conticinio", caballo viejo entre otras y que va dejando ese legado en su entorno familiar y vecinal, ese campesino que aun en estas selvas de concreto madruga para colar el café y desayuna con yuca sancochada o batata, ¡si aún los hay y me consta!

Es hora que despertemos y no dejemos morir esa chispa que encendió un líder como Hugo Chávez, aun en estos tiempos de "revolución" debemos avanzar con fuerzas hacia el reimpulso o construcción de una nueva ética basada en la necesidad de las mayorías, las estructuras de bases no pueden ni deben ser contaminadas con intereses de factores dominantes que solo sirven para detener nuestro avance, ahora la lucha es doble, contra el capitalismo y su ética y contra quienes escudados en la vestimenta y el verbo socialista, luchan desde lo interno para que no se terminen de dar los procesos que nos liberen.



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Edgar Carmona


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