Insumos para el debate, la autocrítica y los correctivos


El proceso electoral recientemente concluido –en el que se eligieron los diputados de la Asamblea Nacional (AN) que se instalará el 5 de enero–, ha dado para análisis, comidillas y ridículos de todo tipo y color.

En el caso de los comunistas, algunos hemos planteado que: «Sin temor al debate ni a las críticas en un sentido u otro, los resultados electorales nos darán luces para el análisis acerca de lo oportuno o tardío, lo superficial o profundo, del deslinde asumido»[1].

A sectores del PPT, Tupamaros y UPV –desplazados judicialmente de la dirección de sus partidos naturales– y a bases del chavismo descontento con Maduro, se les llamó a votar en la tarjeta del PCV junto a la militancia comunista y a los amigos consecuentes del Gallo Rojo, como expresión de la denominada «Alternativa Popular Revolucionaria» (APR).

Hay diversas valoraciones sobre la votación obtenida. Algunos consideran una gran victoria que los 170.227 votos del pasado 6D significan 48,9% más que los 114.305 de 2015; aunque sólo sean 4,5% más que los 162.919 votos de las parlamentarias de 2010.

También corresponderá interpretar el significado de que, por ejemplo, de las elecciones de 2015 a las de 2020, la votación en las tarjetas oficiales de Tupamaros y PPT no se redujo sino que aumentó, de 82.173 a 99.699 (+21,3%) y de 56.190 a 87.968 (+56,6%), respectivamente.

De igual manera, es cierto que con el 2,73% de los votos, la APR sólo obtuvo el 0,36% de los 277 diputados de la AN; pero también es verdad que esa única curul –tomando en cuenta la legislación electoral y las tendencias históricas– salió de chiripita, facilitado por la alta abstención (sobre todo de la oposición) y la disminución en la votación del PSUV.

Unos cuantos lo dijimos abiertamente: «No es verdad que la próxima AN tendrá “una representación proporcional”, y menos de “las minorías”! La versión del método d’Hondt que se usa en Venezuela para adjudicación de curules, favorece a los partidos grandes en perjuicio de los partidos medianos y pequeños!»[2]. Por eso votamos en la tarjeta del Gallo Rojo sin ilusiones triunfalistas ni falsas expectativas, y –al menos quien suscribe– por la historia de luchas, principios fundacionales y objetivos estratégicos del PCV.

Otros –y no son pocos–, estimularon y/o se creyeron el cuento de la «Revolución por Twitter, Facebook y WhatsApp», aquello de ser «tendencia», y que lograríamos 10%, 20%, «ganar» o incluso «arrasar» en las votaciones de la AN, y que saldrían decenas de diputados de la APR. Esos son los que ahora se devanan los sesos y elucubran acerca de «confabulaciones», «cifras poco creíbles», «situaciones irregulares» y «alteración de verdaderos resultados», pretendiendo justificar y esconder una deficiente votación electoral y rehuyendo el análisis autocrítico.

Asimismo, un aspecto medular es el referido a la insistencia de autolimitarnos dentro de la polarización «chavismo-antichavismo», dejándonos embaucar por la acomodaticia disyuntiva de «traidores» o «leales», y facilitando que siga creciendo la concepción de que el PCV debe ser «el Partido del chavismo consecuente».

El vigente Programa del PCV[3] se propone que sea «para todos aquellos que compartan la idea de la necesidad urgente de emprender transformaciones antiimperialistas, liberadoras y democráticas», puntualizando que los enemigos de la revolución de carácter «patriótico y antiimperialista […] son el imperialismo y la burguesía monopólica, asociada en condiciones de dependencia al capital extranjero»; y que, más allá, «La construcción de la sociedad socialista sólo es posible a través de un proceso de luchas en las cuales se enfrentan la clase obrera y demás explotados (la mayoría), a sus explotadores, (la burguesía)».

El «chavismo de base, antimadurista y revolucionario» –además de carecer de un nítido perfil clasista– es tan solo una fracción del chavismo, el cual a su vez es una fracción del cada vez más reducido sector de la población que continúa en la polarización «chavismo-antichavismo», y este sector es una fracción del conjunto de la sociedad.

Por eso hemos planteado que deberíamos «decir sin temores que los referentes o modelos para el futuro luminoso de Venezuela no están en la reedición de gestiones gubernamentales del pasado lejano o reciente –y menos en lo relativo a políticas económicas y laborales–, y que el análisis crítico y desapasionado de esas experiencias permitirá extraer importantes lecciones para construir la necesaria alternativa popular revolucionaria de la clase obrera y el pueblo trabajador.»[4]

Este es un muy necesario y postergado debate, que amerita hacerse de manera descarnada, sin privilegiar la imagen pública de ficticias unanimidades monolíticas, y sopesando la cuota de responsabilidad de los organismos regulares de dirección en los últimos más de 20 años.

La magnitud de esta discusión y el alcance de los correctivos exceden por mucho las atribuciones de una Conferencia Nacional del PCV, la cual sólo puede definir aspectos «del trabajo organizativo y de masas», «por frentes de trabajo» y «Otras que acuerde el Comité Central y que no sean de la exclusiva competencia del Congreso»[5]; mientras que entre las atribuciones del Congreso están «modificar el Programa, la Línea Política, los Estatutos y cualquier otro documento fundamental del Partido» y «Elegir al Comité Central»[6].

Además, «El Congreso debe convocarse cada 4 años», que se cumplen en junio de 2021, por lo que la necesidad político-ideológica y organizativa coincide con los lapsos estatutarios, y únicamente se podría «prorrogar su realización por un año más con una votación de 2/3 partes de sus Miembros principales»[7].

UNA MIRADA RETROSPECTIVA

De hecho, el propio análisis del reciente proceso electoral no puede circunscribirse exclusivamente al año 2020, sino que debería incorporar diversos antecedentes propios, de sectores «aliados» y del conjunto de la sociedad. Recordando que ya previamente habíamos advertido: «No puede negarse que la izquierda venezolana, desde hace dos décadas, se encuentra en un laberinto, del que naturalmente no podrá salir sin que sus organizaciones hagamos una profunda y desapasionada autocrítica.»[8]

Por ejemplo, en 2010, para las elecciones parlamentarias de ese año, el Comité Central (CC) del PCV definió la campaña electoral «como una batalla ideológica, política y de masas», en la cual «debe fortalecerse el proceso de acumulación y de construcción de una nueva correlación de fuerzas popular-revolucionaria, que apuntale el camino de la construcción socialista»[9].

Y así, el CC puntualizó los «dos fundamentales caudales de votos en los que debemos trabajar»: «quienes se mantienen activos, esperanzados y creyendo sinceramente en el proceso revolucionario venezolano […]; y, quienes han acumulado […] un nivel de descontento, frustración y desánimo que los ha llevado a la desmovilización y a la incredulidad hacia el liderazgo del proceso y la organización formalmente más representativa»[10].

En 2015, para los siguientes comicios de la AN, el CC estableció que «este proceso electoral se concibe como una batalla política, ideológica y de masas, que debe rendir saldos políticos y orgánicos concretos –vistos más allá de las curules que se logren–, […] y avanzar en la acumulación de fuerza obrero-popular revolucionaria con centralidad de clase», y que «nuestros esfuerzos deben orientarse, en lo inmediato, hacia el objetivo de lograr el cambio en la actual correlación de fuerzas mediante un sólido y poderoso bloque obrero-popular revolucionario»[11].

Además, en ese contexto, se resaltó la importancia de «avanzar en la defensa, consolidación y profundización de las conquistas populares alcanzadas» y de la «articulación con las diferentes organizaciones políticas y sociales, especialmente con las que comparten la visión estratégica del triunfo de la Revolución Socialista»[12].

Para la elección parlamentaria de este 2020, se insistió en aprovechar la campaña «para profundizar la lucha de clases y desenmascarar el régimen capitalista de explotación, ampliar el trabajo con las masas populares, en particular con la clase trabajadora de la ciudad y el campo, desarrollar el combate ideológico, político y de masas e impulsar el crecimiento organizativo del PCV, la JCV»[13].

Asimismo, se decidió «impulsar la construcción de una Alianza Alternativa Popular Revolucionaria, de carácter amplio, unitario, no excluyente, patriótica y antiimperialista, que asuma un Programa de Lucha para la salida revolucionaria a la crisis del capitalismo dependiente y rentista venezolano, que trascienda el hecho electoral y exprese la unidad revolucionaria obrero-campesina, comunera y popular y la amplia alianza patriótica y antiimperialista […], en el marco del desarrollo de nuestra política de “confrontar, deslindar, reagrupar y acumular fuerzas para avanzar y triunfar frente al imperialismo y al reformismo entreguista”[14]»[15].

Para ello, se debían «identificar las contradicciones y correlaciones de fuerzas, así como los sectores, movimientos u organizaciones sociales, políticas, culturales, sindicales y gremiales, económicas e individualidades o personalidades que coinciden o pueden llegar a coincidir con nuestra propuesta política»[16].

Y se asumió que «se están produciendo cambios en el sistema electoral venezolano que, entre otras mejoras, recupera la representación proporcionalidad [sic] como un valor sustantivo del proceso, así como la correspondencia que debe existir entre la cantidad de votos obtenidos y la asignación de cargos de elección popular que debe obtener un partido político, propiciando el carácter plural del parlamento nacional y la representación de las minorías»[17].

A los pocos días, algunos nos expresamos orgánicamente «de acuerdo con el concepto de “Alianza alternativa popular-revolucionaria”, pero en desacuerdo en que se plantee que los cambios hechos por el CNE generan un “escenario favorable” o con “buenas condiciones” para tomar esa decisión ahora, ya que debía ser una política asumida con mucha antelación», alertando tempranamente que «los cambios hechos por el CNE hacen muy improbable que logre entrar al menos un (1) diputado del PCV»[18].

PONER EL CASCABEL AL GATO

Poco después, el CC –según reza el informe dado a conocer–, enfatizó con entusiasta optimismo: «participaremos en las próximas elecciones a la Asamblea Nacional para conquistar una combativa presencia del PCV y demás organizaciones y corrientes sociales y políticas de la APR»[19]. Pero, además, se dice que «el incumplimiento por parte del gobierno nacional y la dirección del PSUV del “Acuerdo Unitario Marco PSUV-PCV” […] configura un cuadro de ruptura del gobierno y la dirección nacional del PSUV con los compromisos que asumió el comandante Chávez con el pueblo venezolano», y que las prácticas del gobierno de Maduro son «contrarias al proyecto político histórico levantado por Chávez», que parecen «suficientes para producir procesos de confrontación y deslindes»[20].

Estos enfoques, seguramente, sirvieron de base para definir «la población electoral objetivo: bases obreras, campesinas, comuneras, indígenas, pescadoras, de jóvenes y mujeres, de la intelectualidad progresista y, en general, de las bases populares chavistas. […] debiendo tener claro que nuestro discurso no es […] para las corrientes opositoras, porque no es de esa franja que captaremos el voto para la APR en la tarjeta del PCV»[21], lo cual pareciera que contradice y limita lo previamente manifestado acerca del «carácter amplio, unitario, no excluyente, patriótica y antiimperialista, […] y exprese la unidad revolucionaria obrero-campesina, comunera y popular y la amplia alianza patriótica y antiimperialista».

No es de extrañar que, por ejemplo, como se informó oficialmente: «el Movimiento Popular Alternativo […] expresó que habían decidido retirarse de la APR. Precisaron que no podían ser parte de una iniciativa política donde se reivindique a Chávez, […] dado que dicha posición conlleva una línea discursiva que no comparten. Además, indican, ese enfoque restringe el campo del universo electoral objetivo, que, según su apreciación, no es la población “chavista” sino esa amplia franja del 60% de la población que no está con la oposición ni con el chavismo.»[22]

Ya con anterioridad uno mismo expresó sin ambages que «en la oposición a este Gobierno conozco a mucha gente honesta, valiosa y patriota como el que más, cuya defensa irrestricta del país no está subordinada a su afinidad con el chavismo o el madurismo»[23].

Y que, en cualquier caso, «todos deben tener claro que la gestión gubernamental (sobre todo en política económica) de Chávez no es el referente o modelo para el futuro de Venezuela; tuvo cosas positivas que se suman al acumulado histórico del más que centenario proceso revolucionario venezolano, y el análisis crítico y desapasionado de este periodo también permitirá extraer otras importantes lecciones»[24].

Además, como se mostró incluso con datos estadísticos y se ha evidenciado en los resultados electorales, «ninguno de los bloques de la polarización “chavismo-oposición” es mayor que quienes no se identifican con alguno de ellos»[25].

Por eso, sin medias tintas se puede ratificar que: «Frente al silencio cómplice de unos, el seguidismo acomodaticio de algunos, y el diversionismo ideológico de otros… ¡Callar es subordinarse! ¡No actuar es un delito! ¡Rebelarse es un deber!»[26].



[1] @caquino1959, 6 de diciembre de 2020.

[2] @caquino1959, 10 de septiembre de 2020.

[3] 6º Congreso del PCV, agosto de 1980.

[4] «Para construir la necesaria alternativa popular revolucionaria», 25 de agosto de 2020.

[5] 15º Congreso del PCV, junio de 2017, «Estatutos del PCV», Capítulo VII «De la Conferencia Nacional», Artículo 53.

[6] Idem, Capítulo VIII «Del Congreso Nacional del PCV», Artículo 57.

[7] Idem, Artículo 54.

[8] «Para ir zanjando lo de “el legado”», 1 de junio de 2020.

[9] 38º Pleno del CC, 16 de junio de 2010, «Lineamientos de trabajo político-electoral del PCV», en Tribuna Popular, Nº 178 (XI Época), Primera quincena de Julio 2010.

[10] Ibidem.

[11] 25º Pleno del CC, 5 de marzo de 2015, «Consideraciones políticas del PCV sobre las elecciones parlamentarias 2015».

[12] Tribuna Popular, Nº 2.948, 6 al 26 de agosto de 2015.

[13] 17º Pleno del CC, 2 y 3 de julio de 2020.

[14] Ampliada continua y paulatinamente durante casi cinco años, desde la original: «Confrontar, deslindar y acumular para avanzar», del 30º Pleno del CC, 30 de enero de 2016. Ver Tribuna Popular, Nº 2.956, 4 al 24 de febrero de 2016.

[15] www.Solidnet.org/, Intervención de Oscar Figuera en teleconferencia con partidos comunistas y obreros de la Revista Comunista Internacional (RCI), 9 de octubre de 2020.

[16] 17º Pleno del CC, 2 y 3 de julio de 2020.

[17] Ibidem.

[18] Acta de reunión de Célula POD, 21 de julio de 2020.

[19] 18º Pleno del CC, 1 de agosto de 2020, «Boletín Nº XV-018».

[20] Ibidem. Aunque, como miembro del CC asistí a este Pleno, y no registré que se planteara o aprobara ninguno de estos términos que menciona el boletín redactado posteriormente.

[21] Buró Político del CC del PCV, 22 de septiembre de 2020, «La urgente tarea política de la agitación, la comunicación y la propaganda»

[22] 8 de agosto de 2020.

[23] @caquino1959, 6 de abril de 2020.

[24] «Vindicación de Jerónimo, desmitificando supuestos paradigmas», 30 de abril de 2020.

[25] @caquino1959, 1 de septiembre de 2020.

[26] @caquino1959, 30 de abril de 2020.

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Carlos Aquino G.

Dirigente del Partido Comunista de Venezuela PCV. Analista político. Periodista de investigación.

 caquino1959@gmail.com

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