La Democracia Protagónica Revolucionaria. El Poder del Pueblo como Màximo Poder (III)

Existe la necesidad de impulsar la conformación de las instancias de Planificación y Participación previstas en el marco constitucional y legal, a fines de lograr que las comunidades organizadas asuman de forma activa y protagónica su rol decisorio en los asuntos públicos.

La certeza del poder popular es una condición preexistente, inherente a los grupos organizados, cohesionados por intereses comunes, esto nos conduce a proponer acciones que generen y/o fortalezcan HABILIDADES, CONOCIMIENTOS Y VALORES de Participación Ciudadana, que eleven las capacidades personales y comunitarias de los pobladores.

Para lograr esto, las intervenciones en el plano comunitario se desarrollarán paralelamente con asesorías técnicas dirigidas a los entes responsables de fomentar dicha participación, así como la ejecución de políticas dirigidas al desarrollo político, social y económico de las comunidades.

Debe propiciarse la articulación entre los diversos agentes sociales, y los diferentes niveles de gobierno e identificar los mecanismos que logren la sinergia necesaria para un mayor impacto social.

En principio la cristalización del poder popular es el producto de un proceso y no puede ser decretado, un proceso de abajo hacia arriba. Una vez creado el marco normativo actual, insuficiente en sí mismo pero suficiente para permitir el desarrollo de la participación protagónica, este marco normativo (forma de un proceso real) debe ser transformado nuevamente hacia estadios superiores, correlativos al grado de profundización de la revolución, es decir, de la democracia participativa o lo que llama Heinz Dieterich "el socialismo del siglo XXI". Las iniciativas del poder deben partir del pueblo y la dirigencia que ejerce el poder formal (especialmente el poder ejecutivo y legislativo) deben aceptarlas, compartir con estas formas del poder popular el poder del Estado, que en definitiva es la concreción de influir de manera determinante en decisiones trascendentales como el gasto público, las relaciones exteriores, el control de las instituciones. Así nace y se construye el nuevo Estado.

Esto es lo que se denomina la socialización de la política.

"No puede crearse una forma (organización) mientras no haya un contenido; el principio formal no puede existir sin el principio material que (dialécticamente) es su razón de ser y le da vida."( Heinz Dieterich Steffan).

Las mediaciones mediatizan

El proceso bolivariano ha significado un avance importante en téminos de las relaciones sociales, políticas y económicas. Hasta ahora, con ciertas dificultades, se han podido crear escenarios formales y normativos para propiciar la participación directa en las decisiones (aún no cristalizada del todo), la democratización del capital y la revalorización del factor trabajo, el reconocimiento de la pluriculturalidad existente, los derechos de los indígenas y los derechos ambientales; pero esta fase evidencia cierta fatiga que amerita una reoxigenación y pasar por ende a una fase nueva. Existen todavía demasiados intermediarios entre el pueblo y el poder, lo cual permite al viejo modelo pretender sobrevivir. El Estado y sus estructuras tienen mucha materia vieja, mucho tejido senil, y la posibilidad de superarlo está en la socialización de la política.

No se trata de negar los avances, lo que importa es darles el valor correspondiente al grado de desarrollo que la revolución ha alcanzado y no pretender cerrar el círculo y llegar a un momento estático, lo cual negaría el carácter revolucionario del proceso. En ese orden de ideas no pretendemos desestimar las instancias planteadas hasta ahora: mesas de diálogo, consejos regionales y locales de planificación, comités de tierra urbana, saraos, saraítos y otras. De lo que se trata es de confiar más en el poder popular, minimizar las intermediaciones y aceptar el co-gobierno con la gente.

Reivindicamos la estrategia de construir poder popular y socialismo porque rechaza la neutralidad política -y ética- en una sociedad dividida en clases, denuncia el orden de dominación que esta actitud sustenta, y asume una neta opción por los oprimidos. Ser socialista es tomar partido por los "humillados y ofendidos" como un modo de tomar partido por la vida. No sólo porque no aceptamos aquella condición de existencia, sino porque los oprimidos son portadores del mayor potencial de negatividad -potencial liberador- con relación al orden vigente, potencial directamente proporcional a su grado de organización y conciencia. Concebimos nuestra estrategia de construcción de poder popular como desarrollo consciente y autónomo del potencial libertario de los oprimidos, asumiendo:
1. Que el poder popular surge de la capacidad de actuar colectivamente, pues la acción colectiva es fuente de poder.

2. Que el número de los oprimidos se traduce en poder popular sólo cuando estos coordinan entre sí, actúan colectivamente y rechazan la lógica del poder-dominación que tiende al centralismo; de otro modo, por más ultra que sea nuestra acción sólo volverá a reinstaurar la lógica de la dominación.

3. Que el poder se sustenta y reproduce en todas las esferas y niveles de la acción, tanto individual como colectiva.

4. Que las relaciones horizontales socializan y multiplican el poder popular.

5. Que la autonomía -autodecisión- consolida el poder popular.

No creemos en la visión del poder como objeto al cual hay que tomar por asalto, en lenguaje de la izquierda de los 70, creemos que es fundamentalmente una relación social, es una realidad propia del ámbito de las relaciones humanas que, de una u otra manera, siempre son sociales y políticas. No existe, no es igual que los sujetos. Se hace, se construye de la misma manera en que se construyen los sujetos. Crear nuevo poder, crear poder popular, significa entonces crear nuevas relaciones sociales. Socializar el poder en todos sus ámbitos. Y eso simplemente se llama socialismo.

Reivindicamos, entonces, el socialismo en tanto constituye una opción por la democratización radical de las relaciones sociales, desde abajo y en todo terreno. Por que buscamos profundizar la democracia, convencidos de que la democracia burguesa no puede ir más allá de ciertos límites: aquellos que impone la manutención de un orden basado en la dominación. Radicalizar la democracia supone hoy construir mecanismos efectivos de participación y control ciudadano en todas las esferas de la actividad pública: desde la asignación y uso de recursos, hasta el acceso a las fuentes y mecanismos de información; y ello parece exigir la descentralización de las decisiones y el fortalecimiento de las pequeñas y medianas comunidades, comunicándolas mediante redes de apoyo solidario, pero también construyendo sus elementos de autodefensa.

PODER POPULAR Y PENSAMIENTO BOLIVARIANO

Así como reivindicamos, dentro de nuestra estrategia de construcción de poder popular, la socialización del poder en todas sus esferas, también con la misma convicción asumimos el pensamiento bolivariano; el cual creemos significa un gran aporte a la teoría y práctica revolucionaria mundial desde nuestra propia especificidad como pueblo latinoamericano.

La fuentes ideológicas de la revolución Bolivariana se nutren de las ideas patrióticas y democráticas en el contexto histórico y en las condiciones peculiares de nuestro país. Tomamos lo peculiar y concreto de la realidad Venezolana como base de nuestra política, ideas y acción.

Las leyes para ser respetadas deben beneficiar a los pueblos, los gobiernos para ser acatados deben ser justos. El sistema de gobierno debe fundamentarse en la democracia popular y participativa, la justicia social, la erradicación de la corrupción y la anarquía; el imperio de los principios humanitarios la paz, la ley, la igualdad y la libertad.

El trabajo productivo y el conocimiento tecnológico y científico son las fuerzas matrices del desarrollo.
Las bases de la Revolución y la Republica Bolivariana la constituyen una elevada conciencia social, el dominio del conocimiento y la guía de los valores patrióticos.

El poder popular se sustenta en la soberanía del pueblo, la igualdad, la libertad y la abolición de toda opresión y privilegios. Se reivindica el principio de autodeterminación de los pueblos y la integración de América Latina en un solo bloque.

Este pensamiento de Bolívar se ha enriquecido con la practica revolucionaria de nuestro pueblo en el transcurso de más de un siglo de lucha por la libertad, la igualdad y la democracia.
Es en el rescate de nuestra propia historia y pensamiento que forjaremos nuestra identidad como pueblos y revolucionarios. Nos alejamos entonces de todo tipo de modelos de revolución a los cuales imitar, criticamos la visión euro centrista de la revolución y el pensamiento revolucionario. La estrategia de construcción del poder popular en Venezuela si bien se alimenta y nutre de todas las luchas humanistas, revolucionarias, étnico y libertarias que se han dado en el planeta, se enraíza en lo mas profundo de nuestra historia como nación y continente. La revolución, que queremos, no será ni calco ni copia sino creación heroica. Por eso es que rescatamos y asumimos a Bolívar y con él decimos: todo el poder para el pueblo.(Continuará...)


*Abogado y Analista Político.
jmartoranoster@gmail.com
juan_martoranocastillo@yahoo.com.ar
j_martorano@hotmail.com.




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Juan Martorano

Abogado, Activista por los Derechos Humanos, Militante Revolucionario y de la Red Nacional de Tuiter@s Socialistas (RENTSOC).

 jmartoranoster@gmail.com      @juanmartorano

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