Daniel y Diosdado entre el odio y la alegría

"El odio es la furia de los débiles"

Alphonse Daudet

"La alegría, cuanto más se gasta más queda"

Ralph Waldo Emerson

 

A raíz de la lamentable muerte del negrito "fullero" Daniel Alvarado, y el positivo detectado al COVID–19– del conductor del programa (CON EL MAZO DANDO) Diosdado Cabello, han aparecido un rosario de mensajes cargados de odio, que solamente sirven para terminar de conocer la clase de personas, y de lo que son capaces de llegar al poder por cualquier vía, porque precisamente se encuentran tan infectados de un sentimiento tan dañino, que parecen unos gatos en la media noche.

El escritor Julio Cortázar, en su conocida novela (Rayuela) dejó un pensamiento para identificar los procesos de cambio: "Es inconcebible una revolución que no desemboque en la alegría". Esto lo podíamos comprobar en meses recientes, cuando las calles y avenidas de la Gran Caracas se convirtieron en los escenarios para arrojar, unos la alegría, y otros el odio incontenible, capaz de quemarse entre ellos mismos.

Las grandes mareas rojas se paseaban al son de los ritmos de tambores, los mismos que le sonaron los patriotas resteados y comprometidos por la patria al escuálido grupo de mercenarios al tratar de pisotear la tierra de Bolívar, por las playas de Chuao; marcando una enorme diferencia a las convocatorias de la oposición a través del autoproclamado; la mayoría de los marchistas andaban tan decepcionados, cabizbajos y gruñones, que terminaban descargando sus renovadas arrecheras con el Gauidó, por las mismas vías de las convocatorias.

Un amigo, quien toda la vida ha vivido en Caracas, opositor sin llegar al extremo de odiar, pero en cada conversación termina repitiendo su desenfrenado deseo de salir de Nicolás Maduro, y mi respuesta la misma: ¡Tú eres opositor desde el vientre de tu querida madre! la mamá adeca, de esas que llamaban romulera –tenía a Rómulo Betancourt con su inseparable pipa, en la sala de la casa– sin embargo, apenas pasaban las marchas de la oposición me llamaba para hacerme algún comentario, y casi siempre repetida la misma acotación: ¡Así, no vamos a salir de Maduro; está gente van armado, pero de odio, tristeza, desanimo y las banderas parecen pesarle tanto, como si estuvieran viéndose en el espejo, después de una soberana pea! Ahí está la explicación entre los que odian, y los que aman y trasmiten entusiasmo en la vida. Daniel, se marchó con la alegría que lo alimentaba. Diosdado se enfrenta al COVID–19– con la sonrisa que trasmite en el programa, y eso lo va ayudar a salir sano y fuerte para continuar la batalla por la patria. Por mi parte, solamente le pido a mi gran amigo Jesús de Nazaret, por el cuidado y protección de los autores de los mensajes, porque el odio no conduce a ninguna parte.



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Narciso Torrealba


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