¿Hay Maduro para rato? El tercer elemento que le falta a Luis Vicente León

Es verdad que Luis Vicente León, el de datanálisis, trabaja en un territorio difícil, el de la vida, el pronóstico. Allí las matemáticas, las encuestas, las estadísticas, entran en terreno resbaladizo donde dos más dos pueden ser cuatro, y también cinco. Y si el pronóstico es en la política, en tal caso, el análisis es una cruenta lucha cuerpo a cuerpo entre la matemática y la incertidumbre.

Luis Vicente León nos dice ayer que "hay maduro para rato", habla de las debilidades de la oposición de guaidó, aunque conocedor del terreno que pisa se cura en salud y precisa "aunque maduro corre muchos riesgos". Luis Vicente analiza el escenario político con dos actores, el gobierno de maduro y guaidó, esos son los visibles, los medibles; deja de considerar un factor que no es medible, que no sale en las encuestas, que no acepta matemáticas, pero que tiene importante peso. Veamos.

Es el factor subjetivo, el alma, el espíritu, la idealidad. Aquí en Venezuela podríamos parafrasear a aquel célebre Manifiesto y decir: un fantasma recorre al país, es el fantasma del bolivarianismo, que, como dijo el poeta, "regresa cada cien años cuando los pueblos despiertan". El espíritu de Bolívar regresó con Chávez y a pesar de la nueva traición de los Páez y Santander todavía tiene mucho que hacer, que decir, muchas cuentas que ajustar.

El espíritu del chavismo, que es el mismo espíritu del bolivarianismo, recorre al país, y es una fuerza telúrica capaz de romper cualquier pronóstico, de cambiar lo que se creía en rumbo predecible de la historia. Ya lo hizo una vez, cuando aquellos cuatro del Samán de Güere se convirtieron en millones y el país rompió el cepo del puntofijismo y tomó el camino de fundar un nuevo mundo. Ahora, luego de la traición "paecista" y "santanderiana", del madurismo, resurge intacto, vive en los corazones de muchos: exiliados, presos, preteridos, pero irreductibles en las creencias que un día hicieron de este país el asombro del mundo.

Los traidores le temen, su angustia es evitar que la fuerza espiritual del bolivarianismo-chavismo se encuentre con su fuerza material, con su vanguardia, su pueblo, entonces será invencible. La idea del chavismo auténtico recorre los cuarteles, toca los corazones de los militares, ¿Pocos?, ¿muchos? que recuerdan al Comandante y saben que su pensamiento fue deformado, convertido en su contrario. El madurismo tiembla al saber que el espíritu de Chávez, su recuerdo genuino, está presente y se transmite de generación en generación, tiembla y sabe que ese espíritu no se elimina con represión, con persecuciones, exilio, cárceles.

El espíritu del Comandante está presente en la calle, se siente en la nostalgia de un pueblo hoy maltratado, estafado, pero que recuerda los días gloriosos cuando se reconoció poderoso, capaz de grandes hazañas, digno hijo de sus próceres; ese recuerdo hecho poesía, cuento, contado por quienes lo conocieron está allí, es una fuerza que amenaza y que se resiste a ser derrotada.

No es verdad que hay maduro para rato. Un día el espíritu bolivariano, chavista, se reencontrará con sus dirigentes, con su pueblo, y la historia dará un vuelco, ese día inevitable se tomará el cielo por asalto. Esa creencia nos anima, como al niño que corre tras una mariposa amarilla; no importa si la atrapa, en el intento nace el humano.

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Toby Valderrama


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