Simón Rodríguez: el arte de escribir

La palabra escrita ocupa un papel preponderante en la obra de Simón Rodríguez. Éste concibe el libro y el periódico como instrumentos para la emancipación y como escudos culturales contra todo tipo de agresión. Por eso pide que libros y prensa no sean meras hojas compuestas de frases, sino que contengan "¡Ideas!…. ¡Ideas!, primero que Letras". Porque solamente con ideas es posible emprender el reto de comunicarnos, tarea fundamental en el proceso de formación de republicanos, que es condición para crear las nuevas repúblicas. De él dice Ángel Rama, ideólogo y fundador de la Biblioteca Ayacucho, "Simón Rodríguez propuso no un arte de escribir, sino un arte de pensar".

Los libros que escribió Simón Rodríguez son artillería del pensamiento. En sus páginas militantes hay arengas, lecciones, investigación, estudios comparados, humor, sarcasmo, crítica. Sobre el arte de escribir, explica que éste "se divide en dos partes: pintar las palabras con signos que representen la boca y pintar los pensamientos bajo la forma en que se conciben". De este modo la palabra escrita se contagia del vigor de la palabra oral, del temperamento que está presente en el acto personal de comunicarnos. Todo esto sin perder el rigor del texto y "dar a cada expresión su propio valor".

Y es que para Rodríguez "comunicar es hacer común, y común es lo que no pertenece a uno solo, lo que pasa de uno a otro, por un medio o de un modo cualquiera". Así, lo común, lo colectivo, el interés social pasa a ser el propósito primordial de la comunicación, porque a su vez la comunicación sirve para apalancar la idea de que la sociedad debe orientarse en función del bien común. Entre este patrimonio común que debe cuidarse está la historia, la memoria de los pueblos.

Para este visionario americano pedagogía y comunicación van de la mano: "los medios de comunicación que se dan en la escuela son calcular, hablar, raciocinar, escribir y leer porque sin cálculo no se raciocina, se habla para raciocinar, se raciocina para persuadirse y convencerse y para persuadir y convencer a otro. Y porque la escritura sirve para calcular, para acordarse, para comunicar a distancia, para instruir y para salvar del olvido los hechos interesantes". Por todo esto para Rodríguez es importante "destruir errores en la infancia; pronunciar, articular y acentuar las palabras; fijar su significación; ordenarlas en frases; darles el énfasis que pide el sentido; dar a las ideas su expresión propia; notar la cantidad, el tono y las figuras de construcción". Rodríguez escribe sus libros para construir ciudadanía. Está consciente de que una mayoría de la población es analfabeta. Por esto hace de la ortografía, la logografía y la tipografía su didáctica. Con esta ortografía fonética logra que se escriba como se habla. Esto explica que cuando oímos a un buen lector leer en voz alta sus textos sentimos el mensaje de una manera más efectiva, hay una identidad entre sonido y letra puesta al servicio de la política, es decir, del hacer el bien. Sobre esto explica Jorge Marcone en su lectura de La ciudad letrada de Ángel Rama, "la ortografía no sólo no debe domesticar el lenguaje hablado sino que ésta tiene que corresponder con este lenguaje de una manera tal que la ortografía misma es el ejemplo de cómo constituir el gobierno apropiado a las naciones hispanoamericanas".

El 19 de mayo de 1794 escribe su primera obra. Se trata de las "Reflexiones sobre los defectos que vician la Escuela de Primeras Letras de Caracas y medio de lograr su reforma por un nuevo establecimiento", en el cual Simón Rodríguez, además de abogar por el derecho de pardos y morenos a recibir enseñanza en igualdad de condiciones que los blancos y la creación de una escuela en cada parroquia, aborda la importancia del libro de texto en su propuesta de educación laica: "Apuren enhorabuena los unos toscamente las letras, y entiendan regularmente un libro para seguir las ciencias". Sobre la lectura religiosa es categórico: "Se entiende regularmente que los libros de meditaciones, o discursos espirituales, son los que necesitan un niño en la Escuela, y sin otro examen se procede a ponerlos en sus manos. Santos fines sin duda se proponen en esto: pero no es este sólo el asunto que se trata en el mundo. Es necesario saber leer en todos sentidos y dar a cada expresión su propio valor". Dada las limitaciones que existían en la época colonial para la adquisición de libros, Rodríguez propone que se envíe a Madrid "un sujeto inteligente que remitiéndole de tiempo en tiempo el dinero suficiente cumpla las notas que le acompañe, y le comunique igualmente noticia de las nuevas ediciones que se hagan, y del aumento de aquellas escuelas para su gobierno".

Su segunda obra la escribe treinta y cuatro años después. Se trata de "Sociedades americanas en 1828. Cómo serán y cómo podrían ser en los siglos venideros. En esto han de pensar los americanos, no en pelear unos con otros". Allí hace un preclaro estado del arte de índole cultural: "No esperen de los colegios lo que no pueden dar. Están haciendo letrados. No esperen ciudadanos. Persuádanse que, con sus libros y sus compases bajo el brazo, saldrán los estudiantes a recibir, con vivas, a cualquiera que crean dispuesto a darles los empleos en que hayan puesto los ojos. . . ellos o sus padres".

En el Galeato a "Luces y virtudes sociales", libro publicado en Concepción de Chile en 1834 nos dice: "leer es resucitar ideas". En esta obra dirige una lección a los más jóvenes: "La juventud americana necesita abrir los ojos sobre su situación política, y los niños tienen que aprender a leer: los jóvenes que han de remplazar a los padres de hoy, deben pensar y escribir mejor que sus abuelos, si quieren que en América haya patria y lengua".

En enero de 1830 publica en Arequipa "El Libertador del Mediodía de América y sus compañeros de armas defendidos por un amigo de la causa social. La causa del General Bolívar es la de los Pueblos Americanos en ella se interesan los Jefes de las nuevas Repúblicas. Instruyamos al Pueblo con nuestros debates". Gran parte de esta Defensa de Bolívar fue publicada en Bolivia en 1828. Allí nos dice: "Todos los militares de talento envainan la espada para abrir los libros, desde el momento en que el enemigo les abandona el campo". Para Rodríguez: "Hay hombres, aunque pocos, que nacieron para educar, y estos empiezan por sí mismos: el mundo es su colegio — su curiosidad les da libros — y su discernimiento les sirve de maestro. El General Bolívar es de esta especie de hombres — más quiere pensar que leer, porque en sus sentidos tiene autores — lee para criticar, y no cita sino lo que la razón aprueba — tiene ideas adquiridas y es capaz de combinarlas. . . por consiguiente puede formar planes: por gusto se aplica a este trabajo — tiene ideas propias. . . luego sus planes pueden ser originales: en su conducta se observan unas diferencias que, en general, se estudian poco: imitar y adoptar, adaptar y crear".

Los libros se constituyen así en estímulo para conocer el mundo y para conocernos, de modo que "el solo deseo de saber, hace abrir libros"; pero no sólo para conocer más a fondo la inicua realidad de Hispanoamérica después del triunfo de las armas patriotas, sino para transformar esta injusta realidad en una sociedad donde inventemos un modelo político social más justo, donde lo fundamental sea el bien común, en palabras del Libertador, "la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma de estabilidad política". Para ello es indispensable respaldar a los escritores, artesanos de la palabra y emisarios de nuevas ideas. Sin ellos las nuevas repúblicas perecen, porque "sin autores no hay libros—sin libros no hay ciencias— y sin amor propio nadie escribe". ¡Rodríguez vive!

 

 

 

 

 

 

 



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Alí Ramón Rojas Olaya

Músico. Promotor cultural. Docente.

 elrectordelpueblo@gmail.com      @rojasolaya

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