Diosdado, Delcy, Iris, Jorge ¿Intolerantes fanáticos o fanáticos intolerantes? (I)

"Eres lo que eres, un preservativo usado"

Jorge Rodríguez

"El 23 F solo mostramos la punta del iceberg...del tic tac pasaremos al tun tun"

Diosdado Cabello

.I. Introducción

Es humilde el que es capaz de reconocer que la verdad es mucho más que su percepción de la misma, y que su propia percepción está necesariamente condicionada por un marco de comprensión, que suele ser más inconsciente de lo que nos parece a primera vista.

El fanático es aquél que se halla identificado con su propio paradigma, hasta el punto de atribuirle el carácter de verdad absoluta..., ¡sin ser consciente de la trampa en que ha caído! Una vez cometido ese equívoco, actuará en la creencia de ser "heraldo de la verdad" y, en el peor de los casos, no dudará en extender la "verdad", aunque sea a la fuerza, convencido de estar haciendo un bien. Porque, desde la arrogante pretensión de la verdad absoluta, estará listo para proclamar que "la mentira no tiene derechos"; identificando como "mentira" todo aquello que discrepe de su convicción.No es extraño que, desde esta actitud, se haya hecho tanto daño a lo largo de la historia.

La ideología de la verdad absoluta es fuente de sufrimiento y de exclusión, y llega a límites monstruosos cuando se alía con aquella otra ideología del poder absoluto puesto a su servicio.

II.Fanatismo y tolerancia

El fanatismo se opone radicalmente a la tolerancia. El fanatismo no sabe nada de razones, no argumenta sus afirmaciones, impone visceralmente sus tesis sin avenirse a ninguna explicación. El fanático es incapaz de ver ninguna objeción en sus propias ideas, ideas que, por otra parte, han recibido de una forma acrítica de los demás.

El fanático no sabe valorar posiciones distintas a la suya. Se cree en posesión absoluta de la verdad, por eso es intolerante. El hombre tolerante respeta las posturas que son distintas a la suya, el fanático, en cambio, sólo ve en su posición la sede de la verdad, y para demostrarlo, como no cuenta con razones, acude a la autoridad como garante de sus ideas.

El fanatismo nos debería servir para ser autocríticos con nuestros planteamientos. Tener una posesión absoluta y pacífica de lo que se piensa aunque aparentemente parezca una conquista positiva, no lo es porque fácilmente desemboca en fanatismo. Esta actitud —la del fanático— puede ser disculpable, o al menos explicable, en personas de poca formación, pero lo que ya no es admisible es que el fanatismo se presente en personas que se supone que tienen una cultura.

Los fanáticos siempre han estado presentes en la historia de las civilizaciones. También en nuestra época asistimos al nacimiento de posturas ideológicas fanáticas que nada saben de la prudencia de la razón.

La historia de la humanidad está cruzada por movimientos fanáticos, que no están tampoco ausentes en nuestros días. El fanático termina distorsionando la visión de la realidad. Todo lo ve desde su prisma, y de esta mañera las cosas quedan deformadas, y el mundo dividido en dos: nosotros (los fanáticos) que somos los buenos, los que estamos en la verdad, y los otros, que están equivocados y que obran mal. El que cristaliza en una situación fanática difícilmente tiene solución. Su misma enfermedad le impide desear la salud. Se siente criterio de verdad de los demás y también el punto de referencia de todas las cosas.

Se considera un sector del mundo, destinado a dar directrices a quien se le ponga por delante. Las argumentaciones, los razonamientos, no son su fuerte. Desconfían del uso de la razón, no vaya a ser que le traicionen sus ideales. El fanático no ama el progreso, porque está instalado en una verdad inamovible que no admite ningún tipo de mejoras. Al fanatismo se le combate con el espíritu crítico y con el ejercicio de la razón, con el estudio serio y profundo de los problemas, sin miedo a la verdad, porque la verdad lejos de encadenarnos nos deja libres.

Breve Bibliografía

  • Manuel Cruz, "La tolerancia o las mil caras de la democracia". En Tolerancia o barbarie, pags. 77-96. Barcelona: Gedisa.

  • Amos Oz, Contra el fanatismo



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Luis Antonio Azócar Bates

Matemático y filósofo

 medida713@gmail.com

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