Notas críticas sobre las líneas de recuperación económica

Venezuela. Muuucho gobierno y poco Estado

El conjunto de medidas acordadas recientemente por el gobierno bolivariano, enunciadas como: "Líneas para la recuperación económica de Venezuela" a través de las cuales busca …"retomar el rumbo de la revolución económica socialista"…, amenazan desde sus inicios con tropezar con la suerte ocurrida por esas otras tantas disposiciones gubernamentales que en distintos géneros y momentos ha venido anunciando el actual mandatario nacional.

En ningún momento procuramos con las notas que siguen jugar al "aguafiestas automático" o ser cultores de ese manifiesto pesimismo y negatividad extrema que suelen tener muchos compatriotas, generalmente situados en la arena ideopolítica opositora, declarados rabiosamente "antichavistas-anticomunistas", "chavistas arrepentidos" o "chavistas sin Maduro", respecto a cualquier iniciativa que tome el gobierno bolivariano, sin más argumentación que lo informado por la bilis emanada de sus singulares hígados, por lo cual la sospecha arriba levantada procuramos sostenerla en la tesitura limpia que reza así: En Venezuela tenemos mucho gobierno pero poco, muy poco, Estado, lo cual impone consecuencias sociales terribles.

Establecer el equilibrio fiscal, aumentar sueldos y salarios para los trabajadores, a niveles medianamente dignos, concertar (no imponer) precios a las mercancías y servicios que se producen y circulan a nivel del país, con el fin de estabilizar sus valores reales, aumentar las divisas nacionales, estimular la producción y la productividad, etc., son apuestas con sentido que cualquier mentalidad escasamente mezquina, por ende algo sensata (de oposición, de gobierno), ha de acompañar, pues de ser posible sus logros, los beneficiarios seriamos los inmensos continentes de paisanos y paisanas que ahora vivimos y sufrimos verdaderas horas menguadas.

El asunto no está en querer de ipso facto que tales medidas naufraguen desde el vamos, en consecuencia, advertimos que en nuestra sociedad falta mucho más que mera fe, el tener puros deseos, para olfatear la posibilidad real de ver a dichas pretensiones cumplirse efectivamente.

Bien sabemos que los enunciados, (cualesquiera sean ellos) exigen una suerte de "bisagras" o "correajes" para procurar finalmente asentarse en cualquier superficie, ello es, sin mediaciones culturales resulta negada la posibilidad cierta para que lo expuesto por una determinada voluntad de poder llegue finalmente a su destino social. Epitafio: Sin cultura alguna no habrá jamás revolución ni contra-revolución, si más.

Es deber y potestad de un gobernante querer ejecutar su acción de gobierno mediante la figura de leyes, decretos, ordenanzas o similares, no obstante, hacen falta tanto instituciones como una musculosa cultura institucional para que lo dispuesto por el gobierno/gobernante cumpla meridianamente su inicial apuesta de sentido.

Teóricamente, las instituciones tanto informan, promocionan como buscan hacer cumplir en las poblaciones sociales objeto de su alcance político la voluntad manifiesta del gobernante, so pena de desconocerlo o resistirlo, máximo en las modernas repúblicas democráticas, en las cuales la división de los poderes públicos está exigida (por ley) de su complementariedad, nunca de su oposición o desconocimiento, a riesgo de ocasionar la crisis de gobernabilidad y consecuencias que ello impone.

La suerte corrida por las no menos celebres tablas, dictadas en la Roma antigua por aquel Rey ya en decadencia, popularizadas en la máxima del "Decrétese, pero no se cumple", ilustran perfectamente el camino último que le esperaba a aquellas reiteradas leyes y decretos que el malogrado gobernante ansiaba ver inmediatamente cumplidos.

Ciertamente los venezolanos no somos ahora romanos, ni tenemos un verdadero tirano en Miraflores (los precios acordados lo atestiguan), sin embargo, carecemos de efectivas instituciones públicas como de una potente cultura institucional, tanto dentro de dichos agenciamientos como en las mentalidades de la población en general, tales que puedan entregar buenas noticias en torno a la esperanza de ver medianamente cumplidas las últimas medidas anunciadas por el presidente Maduro.

En la república bolivariana de Venezuela la figura del Estado resulta formalmente copiosa, pues tenemos ministerios (de casi todo), fiscalías, órganos contralores, Asamblea Nacional Constituyente, Congreso, tribunales, cuerpos de orden y seguridad, establecimientos escolares, cárceles, gobernaciones, alcaldías, defensorías del pueblo y demás clase de instituciones administrativas, no obstante, tales entidades (y su regio funcionariato) parecieran vivir en unas vacaciones permanentes, justo allí, al momento que la sociedad más les necesitan.

Apenas han transcurrido pocos días desde que el mandatario nacional informara, entre otros, de los "precios acordados" y ya la mayor parte de quienes producen o comercian los mismos, incluye hasta las bodegas más minúsculas, han hecho caso omiso de dicho acuerdo, continuando con su voraz acaparamiento y especulación, sin que el fantasma del Estado les aparezca por algún lado, al menos para recordarles que la sociedad venezolana no es una espesa jungla.

No desconocemos los reiterados llamado que el gobierno hace diariamente a la población para que ésta denuncie acaparamientos y/o especulaciones en pleno desarrollo. En la pantalla mediática éste vive colocando números telefónicos y organismos a dónde llamar o acudir, más sabemos de lo inútil que tales estrategias resultan finalmente, pues, la mayor de las veces los funcionarios se vacilan las denuncias, no acuden a los lugares y los famosos teléfonos anunciados se cansan de repicar.

A la fecha de hoy el gobierno reporta algunas denuncias y detenciones de unos cuantos grandes y chicos pillos localizados en los campos de la producción y el comercio, sin embargo, la gran mayoría de ellos y ellas persisten en retener y remarcar precios, a plena luz del día, contestándole a los consumidores que les reclaman con aquel single que dice: "Dile a Maduro que te lo venda a precio acordado".

Cuando el gobierno es poderoso y el Estado precario lo que sigue es una sociedad columpiándose entre la ley de la selva, la viveza criolla y un sufrimiento social plural que francamente ya amenaza con volvérsenos enteramente calamitoso.

¿Qué explica la anomalía sociopolítica de un país lustrado con mucho gobierno y poco estado? Clase de pregunta que seguramente nuestros amigos lectores querrán responder. Qué así sea!

 


 

[i] Docente universitario jubilado. edbalaguera@gmail.com

 

 



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Edgar Balaguera

Antropólogo, Sociólogo, Magister en Ciencias Políticas, Doctor en Ciencias para el Desarrollo. Docente.

 edbalaguera@gmail.com

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