Cuando cerebro y estómago se ponen de acuerdo, se fugan y razones les sobran

La fuga y hasta extracción de cerebros es más vieja que "María Castaña". Mujer que debió ser muy longeva porque siempre la aludían para referirse a algo del pasado y muy atrás. Creo que antes prevaleció de distintas maneras aquello de la extracción. Las grandes empresas y hasta universidades, se han llevado de nuestros países los mejores cerebros. Basta con una oferta salarial muy encima de la que aquí percibían, nada difícil para ellas, para que los ofertados cogiesen sus corotos y se iban. Además, eso ampliaba el currículo, el de sentarse y hasta satisfacía la vanidad. Era y es una aspiración muy humana que uno debe reconocer sin duda, para que nadie vaya a razonar, no sin razón, que uno es un envidioso. Pero es bueno recordar que ha habido centenares, miles de compatriotas llenos de méritos que nunca sucumbieron ante esas peticiones. Incluso, como ya hemos comentado antes, el zuliano Humberto Fernández Morán, se fue porque los adecos le corrieron por haber sido ministro de educación de Pérez Jiménez - en una excelente etapa del proceso educativo - pese sus enormes méritos científicos. Los gringos le acogieron, le contrataron las mejores universidades de ellos, con todo y ser muy amigos de Betancourt y hasta le ofrecieron gestionarle el Premio Nobel si asumía la ciudadanía estadounidense, condición que el "Brujo de Pipe", como se le decía, no aceptó. Pero también ha habido quienes se han ido porque sus horizontes se le achican. Como el caso del científico que en su medio venezolano no halla como desarrollar sus investigaciones o quien mejorar su arte. Gesto este último que pudiera terminar en un gran bien para la humanidad. Hoy, bien lo sé, los bailarines clásicos, no tienen otra opción que dejarse de eso o irse del país.

Otra forma de extracción, aunque pareciera distinta a la tradicional, que llamaría más bien secuestro, es la de aquellos que han salido del país, hasta con becas del Plan Gran Mariscal de Ayacucho y habiéndose graduado en áreas de enorme interés y demanda y con altos honores, empresas y universidades les conquistan con jugosas ofertas para que se queden pese el enorme compromiso moral al que debían sentirse atados. Pero a esos tampoco pudiéramos objetar sino media una oferta mejor y aquí vendrían a pasar penurias.

En el pasado, sin motivaciones económicas, porque aquí se vivía mejor que allá, pintores e intelectuales por montones se iban. Prevalecía la idea entre los escritores, para escoger esa área, según la cual hablar desde un banco, a la orilla de un río venezolano, en la costa, bajo alguna palmera o desde una de nuestras innumerables plazas, no tenía valor. Como sí hablar o escribir desde la orilla del Sena o un barrio cualquiera de Paris, como Montmartre, Madrid o Berna, sólo eso le daba valor a lo escrito. El llamado Boom latinoamericano y antes que eso, escritores como Alejo Carpentier, demostraron que eso no era verdad sino una utopía de quienes carecían de brújula. Después todo cambio y sobre todo el escenario.

Entonces esos escritores no fueron unos secuestrados sino fugados de su propia realidad por no saber entenderse con ella. Hasta les podríamos llamar auto secuestrados.

Pero en la Venezuela de ahora la cosa se nos ha vuelto tan difícil que el grito de aquel depauperado de Brecht, quien dijo "lo primero es el comer", reclamando a quienes le negaban el derecho a la subsistencia digna, plantea dos alternativas, luchas para cambiar la realidad o te evades y te vas en busca de donde pudieras hallar tu problema resuelto de una vez. Y esto no tiene nada de objetable e indigno. Pareciera no le dejan otra alternativa. Pues se trata que cerebro y estómago que se ponen de acuerdo, siendo este último de muchos en una misma familia. El gobierno parece un barco sin brújula, timón y capitán capaz de vencer esas dificultades. La oficialidad anda perdida, decepcionada, loca y una parte de ella agarrando lo que puede. La marinería, desorientada, vive de la ilusión que el capitán que habla con palabras que lo definen como buen intencionado, que en algún momento, pudiera ser a partir del 21-5, despertará y empezará como esas hadas madrinas a agitar su varita de virtud para poner todo en orden y hacer volver el bienestar. En estos casos no se puede hablar de sublevación sino de un "sálvese quien pueda".

La oportunidad de luchar para cambiar el panorama pareciera no estar definida ni clara. Quienes pudieran ser la vanguardia verdadera por un cambio justo y equilibrado, no se otean, porque ni siquiera se reconocen. Hasta la dirigencia de quienes desde la derecha pugnan por deshacerse del gobierno y entregar el país, dejaron el pelero; se fueron al exterior a una vida mejor y esperar que nosotros, quienes aquí quedamos, nos entrematemos para regresar como vencedores y a recibir los premios, detrás de un una fuerza invasora que entre a "poner el orden". Esos no se fueron por hambre o persiguiendo la utopía de los artistas, sino por cómodos e incompetentes.

   


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Armando Lafragua


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