La pasión Revolucionaria

Sin duda alguna, Kart Marx (1818-1883) no solo fue un filósofo alemán creador del socialismo científico, junto con Friedrich Engels, sino que también fue (o quizás todavía lo es) uno de los pensadores más influyentes de la historia.

Fue él un excepcional testigo del tiempo que le tocó vivir. Así encontramos que participó como observador y como actor en las conmociones políticas del siglo XIX ocurridas en Europa. Por el mismo hecho de venir bañado en los recuerdos de ese gran proceso social y político acaecido en Francia entre 1789 y 1799, conocido como la Revolución Francesa, Kart Marx tuvo una intervención activa en el movimiento revolucionario iniciado en Alemania en 1848 y además vio con mucha admiración el desarrollo de la Comuna de París en 1871.

Cada una de esas experiencias acumuladas le nutrieron el espíritu y le despertaron una gran pasión revolucionaria que la fue plasmando en ideas, en escritos y teorías, que hoy en día constituyen referencias obligadas y sumamente importantes que, necesariamente hay que volver a leer o releer para no quedarnos eternamente encadenados en la parte más profunda el “mito de las cavernas” de Platón, y tampoco ser mordidos por la venenosa serpiente neoliberal de los tiempos modernos. Si muchas voces gritan “abajo la democracia, viva la tiranía neoliberal”, los revolucionarios debemos entonar el canto de nuestras conciencias cuya letra pide no desmayar y seguir luchando todos los días y en todos los espacios para evitar que el imperio imponga sus garras sobre la piel de las democracias revolucionarias de nuevo tipo, nacidas en el cruce de caminos que marca el fin de un siglo y el comienzo de otro.

En 1998, los venezolanos salimos del “mito de las cavernas”, ese mundo de sombras que era el puntofijismo, hora andamos en un espacio de luz, de sentimiento y pasión revolucionaria. Marchamos en el tiempo de la revolución sin temor alguno, venciendo las iras y los odios de los enemigos. Precisamente, son esas victorias consumadas del chavismo las que han desatado la furia opositora en Venezuela. Los enemigos de la revolución, sin querer o tal vez queriendo, se han vuelto ciegos y sordos ante su propia tragedia. Cada vez más flotan en los espacios siderales de la imaginación, negándose a pisar firmemente el suelo de la realidad política, quizás porque allí precisamente es donde han mordido el polvo de la derrota, tal como la volverán a morder este próximo 3 de diciembre.

Como lo señalamos en nuestro análisis anterior (ver Sancocho de Candidatos), mientras el discurso de Hugo Chávez está impregnado de una profunda pasión revolucionaria, lleno de amor y alegría, que invita a la paz interna y a la solidaridad con los pueblos y sociedades oprimidas del mundo; al de Rosales le falta entusiasmo, le falta sentimiento, se apaga con cada chispazo que le impulsan desde el candelero de William Ojeda. Y por más que Borges y Teodoro soplen, ese tizón no enciende la llama de los tiempos. Solo humo negro se ve a lo lejos, en señal de que es una brasa que se consume ante las enormes pisadas del mamut colmilludo venido del norte.

**Politólogo

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Eduardo Marapacuto*


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