A propósito de ser ciego

Maduro y su “constituyente” bazofian Venezuela

La bazofiación la podemos definir como toda podredumbre moral y ética practicada por la cúpula política y militar de un país en relación con sus decisiones administrativas y jurídicas,  las cuales influyen sobre un perverso tutelaje contra la población, con el único propósito de perpetuarse en el poder no en favor del pueblo, sino en beneficio de quienes, precisamente, detentan el control desde el gobierno.
 
En tal sentido, la bazofiación que obviamente deriva del sustantivo bazofia, también podemos emplearla como verbo de su conjugación infinitiva como bazofiar (término de praxis que sólo existe, por ahora, en idioma portugués), o sea, aquellos que bazofian en el plano político, son los responsables en destruir la constitucionalidad y sus instituciones en el contexto de un Estado y la sociedad. ¿Y por qué hablamos de bazofiación y bazofiar? ¡Simple! Quienes bazofian saben perfectamente que sus actos además de ilegales e ilegítimos rompen contra cualquier espacio de convivencia democrática. Sus acciones sólo se orientan desde una seudolegalidad amparada por una perversa cúpula política que ordena a sus huestes jurídicas para que destruyan con decisiones o sentencias,  cualquier vestigio emanado de la Constitución o la jurisprudencia que se haya asentado por razones procedimentales en un momento determinado.
 
En el caso venezolano, cuando los “magistrados” del Tribunal Supremo de “Justicia” avalaron la convocatoria de una “constituyente” evadiendo un referendo consultivo al pueblo, tal y como se hizo en la convocatoria para ese proceso en 1999, es obvio que independientemente de los artilugios, subterfugios o elucubraciones que se hicieron para “justificar” tal exabrupto jurídico, no sólo se violentó la propia Constitución en sus artículos 347, 348 y 349, sino que se alteró significativamente un proceso de normalidad institucional, o sea, se apuñaló el corazón democrático del país. 
 
En consecuencia, todos los actos que se han originado,  tanto por la convocatoria, la “elección”, así como los mal llamados actos “constituyentes” tomados por decisiones de quienes se autoproclamaron “constituyentitas” deben ser conjugados con la palabra bazofiar como verbo, porque en ellos además que se han violentado todos los principios y doctrinas universalmente aceptadas, también ha generado una confluencia de acciones que los ha convertido en una especie de “dioses” en el contexto de la política venezolana, porque ellos no tienen ningún tipo de control administrativo y jurídico sobre los hechos que se deriven de tal “constituyente”.
 
Por ello, entre tanta práctica de bazofiar originada por sus distintos miembros, y cuyos hechos, para colmo son ordenados u avalados por algunos de los poderes “constituidos”, colocan al país en una visión de máxima minusvalía institucional. Así tenemos que la incertidumbre de conocer el tiempo de duración de tal “constituyente”; verbigracia,  que la misma dependa la finalización de sus “actos” por una autodisolución, y no porque el pueblo en mandato de una bases comiciales definidas le haya ordenado el principio y el final de sus funciones constitucionales, revelan que estamos en presencia de una forma neototalitaria en el ejercicio del poder. 
 
O sea, estamos en presencia de un nuevo jerarca del poder, quien a su vez está acompañado por un conjunto de palaciegos, que a su vez intentan con su bazofiar crear adarves donde puedan depositar todos sus muladares, con los cuales pretenden infestar al resto de la sociedad, es decir, contaminar la bazofiación en todos sus sentidos, y para colmo que terminemos comiendo de esos excrementos políticos.
 
En Venezuela, ya no es posible hablar de anomia, porque ésta cuando menos tiene la esperanza de ser curada por la intención que manifiestan sus autoridades y sociedad de manera conjunta en tratar de resolver los múltiples problemas que se originen en el transcurso de su historia, pero esa posibilidad esta negada en nuestro país, porque el gobierno sólo emplea aquella máxima de Lenin donde afirmaba: “La guerra es el centro de la política no su continuación violenta”, razón por la cual, en la medida que exista una cúpula política que sólo encuentra en la confrontación de la sociedad, su único mecanismo de supervivencia, llegando al extremo de derogar de facto la propia Constitución, que fue herencia de quien supuestamente era su “líder”, es evidente que debemos emplear la palabra bazofiar para sus acciones, y ésta a su vez, deriva en la bazofiación de todo su andamiaje político y jurídico con severas rupturas en el plano social, sin importar si éstas desembocan en la pobreza, la miseria, el hambre y la muerte de sus ciudadanos.
 
Vamos a presentar un artículo ante diversas publicaciones arbitradas donde propondremos el verbo bazofiar y el adverbio bazofiación como las más putrefactas acciones y decisiones políticas y jurídicas  que se originan por zascandiles y panegíricos individuos,  a quienes jamás les ha importado el bienestar de su pueblo y sociedad, y peor, emplean el poder que en algún momento recibieron desde el voto para destruir los principios democráticos de lo que una vez fueron sus orígenes, y convertirse en vulgares anatemas de la historia. 
 
La bazofiación de la política madurista: Maduro y su “constituyente” bazofian toda Venezuela. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.
 


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Javier Antonio Vivas Santana

Lic. en Educación en las menciones de Ciencias Sociales y Lengua (UNA) Maestría en Educación mención Enseñanza del Castellano (UDO) Dr. en Educación (UPEL) Profesor de la Misión Sucre (2003 -2012)

 jvivassantana@gmail.com      @jvivassantana

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