¿Hay democracia en Venezuela?

La pregunta del título está mal formulada. Deja por sentado demasiadas cosas discutibles. Supone, por ejemplo, que existe un modelo de democracia de validez universal, contra el cual debe contrastarse la realidad observable. También asume sin discusión que la democracia es algo puro y contrario a "dictadura", por ejemplo, a la cual se opondría de manera absoluta. Generalmente, ambos supuestos resultan en dos métodos para "verificar" y contestar la pregunta de marras. O bien, en un camino inductivo, se parte de algunos indicadores (usted habla mal del gobierno y no va preso, hay oposición organizada, hay elecciones), para llegar a una conclusión fácil; o bien, deductivamente, se parte del famoso modelo ideal que, generalmente, es el de los Estados Unidos o los países de Europa, o es la construcción teórica de unas premisas generales del tipo "todos los hombres son iguales" o cosas parecidas.

Por otra parte, la pregunta tiene consecuencias políticas que van desde la condenación del "régimen" hasta la solicitud de la intervención extranjera para imponer un modelo político que se supone de validez universal y obligatorio ante la "comunidad internacional", eufemismo apologético para referirse a los Estados, Europa y los gobiernos más o menos de derecha.

Pero hay que elaborar mucho más la pregunta. Debiéramos preguntarnos cuál es la correlación dialéctica, contradictoria, entre dictadura y democracia. En otro lugar (mi artículo "La dictadura" en Aporrea), hemos explicado que en realidad el concepto de "democracia", en el marco de la filosofía política clásica, no se opone semánticamente a la "dictadura", sino a la monarquía y a la oligarquía o aristocracia, como tipo de estado. La dictadura en Roma, por ejemplo, era un gobierno provisional, el cual incluso era elegible, que concentraba todos los poderes institucionales y actuaba por encima de todas las leyes, para afrontar situaciones de emergencia como catástrofes o guerras.

Esa contraposición democracia/dictadura pertenece a una ideología específica, la de la propaganda norteamericana de la Guerra Fría del siglo XX que, por lo demás, se hacía la vista gorda de que las dictaduras militares eran impuestas, por la fuerza, precisamente por los "defensores de la libertad y la democracia". Esto ocurría porque "dictadura" la colocaban como sinónimo de comunismo, por lo que los regímenes dictatoriales que enfrentaban al comunismo se convertían, automáticamente, en "democráticos". Lo peor era que los mismos comunistas asumían que luchaban por una dictadura.

El asunto es que, para Marx, todo estado impone por la fuerza el dominio de una clase en su conjunto sobre el resto de la sociedad. En otras palabras, las de Weber, todo estado es el monopolio legítimo de la fuerza. Por eso, en algunos pasajes de Marx podemos leer planteamientos que nos suenan paradójicos como ese de que la dictadura del proletariado era una amplia democracia, un estado "en extinción", que implicaba la remoción de todos los funcionarios en cualquier momento, la rotación de los cargos eran rotativos entre todos los ciudadanos, y apenas con la remuneración de un obrero calificado, en un proceso provisional que llevaría a una sociedad sin clases, sin dominación y sin explotación.

El asunto se torna interesante cuando conocemos que, incluso los sociólogos y economistas de derecha, funcionalistas y liberales, han analizado, por ejemplo, que todos los partidos políticos tienden a convertirse en oligarquías, por lo que democracias supuestamente modélicas como la norteamericana, son en realidad "poliarquías". Esto empeora cuando se establece el poder de facto de grupos de poder económico, mediáticos, gremiales, mafiosos, etc., que determinan las decisiones a través de una burocracia que tampoco es democrática en cualquier sentido que de esta palabra se use. Por lo demás, cuestiones como el rol determinante de las corporaciones del complejo militar- industrial, el capital financiero e instituciones de dudoso carácter democrático, como las elecciones de segundo y tercer grado como los colegios electorales de EEUU, ponen en duda la democracia en los supuestos modelos ideales. Para complicar más el asunto, hoy día existen democracias islámicas, por ejemplo, que pone sobre la mesa la consideración de las tradiciones culturales de cada país.

De modo, que hay que deconstruir esa oposición semántica democracia/dictadura. En Venezuela, por ejemplo, se ha convertido una supuesta Asamblea Constituyente, electa en condiciones sólo aceptadas por el partido de gobierno y los militares, en un gobierno "plenipotenciario" (hasta se le ha dicho "soberanísima"), ante la cual, no sólo se han sometido los poderes constituidos, sino que éstos han sido reconfirmados por un organismo delegado que, según la Constitución vigente hasta nuevo aviso, únicamente para redactar una nueva Constitución, con lo cual ha usurpado la soberanía única del pueblo, de acuerdo a la ideología democrática y republicana que nos viene, a través de Bolívar, desde Rousseau y demás ideólogos de la Ilustración.

Y ese poder prácticamente absoluto es ejercido por una cúpula burocrática y militar, que se ha fundido en un solo Partido. De allí la incertidumbre institucional, y la indefensión del ciudadano. Por supuesto que la elección de la ANC paró una dinámica autogenerada, retroalimentada, por el enfrentamiento violento, en las calles, entre manifestantes y fuerzas del orden público, que podía devenir en una guerra civil o en una situación de desintegración como en Ruanda.

Otro elemento se suma a la situación: ese poder absoluto, burocrático-militar, está viendo como única opción para enfrentar la amenaza del imperialismo norteamericano, manifestada en las recientes medidas económicas que impiden, prácticamente, el refinanciamiento de la brutal deuda externa con el capital transnacional. Convertir al país entero en un simple peón del juego geopolítico de la nueva Guerra Fría entre Eurasia (China y Rusia) y EEUU y sus aliados europeos. Por supuesto, cualquiera sabe, a menos que se ciegue con una ingenuidad mezclada con fanatismo, que el "apoyo" que se busca en la banca del poder geopolítico "emergente" chino ruso no tiene nada que ver con la solidaridad socialista que prestaba la URSS a Cuba, por ejemplo, entre los 1960 y 1990.

Como remate, ya la Constituyente, no sólo desengaña a los que se ilusionaron con soluciones a la grave situación económica, ocasionada por desatinos de políticas que alimentaron presuntas agresiones extranjeras. La ANC está mostrando que es un gobierno por encima de las instituciones, plenipotenciaria, que incluso, como dijo el Presidente Maduro, "protegerá" al Partido burocrático-militar en las circunstancias de las elecciones que se hagan, como lo evidencia el suspenso respecto a la elección de los Consejos Legislativos de los estados.

En ese contexto, ¿cómo preguntarse por la democracia en Venezuela? Claro que, por imperativos morales y políticos, criticamos al gobierno (y a la oposición de la MUD, que recurre a solicitar la intervención extranjera), pero también es verdad que el cerco a los medios se estrecha y que la represión, aunque selectiva y acompañada de grandes shows propagandísticos, no se ha detenido. Es mejor afirmar que democracia y dictadura se solapan, coexisten, se implican dialécticamente, donde subsisten y aparecen rendijas democráticas que se oponen a la tendencia a un creciente autoritarismo.



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Jesús Puerta


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