A propósito de ser ciego

Venezuela nos lee su inexpugnable acta de defunción

Pueblo amado, cuando quizás estoy atravesando mis últimas horas como país y como República, porque quienes tenían la responsabilidad fundamental de cuidarme, de preservar en los más altos niveles de conservación ambiental mi maravillosa y espectacular geografía, pero sobre todo de administrar pulcramente la riqueza de mis recursos naturales, entre ellos el petróleo, el gas natural, el oro, las piedras preciosas para haber alcanzado con ello, una tierra que fuera próspera y pudiera autoabastecer todas nuestras necesidades, lamentablemente, un grupo de bradifrénicos, pero con muchas ansias de poder, destruyeron todo lo que tenía, y con ello los sumieron a ustedes en una vida sin esperanzas, y cargadas de frustración, llanto y tristeza.

Atrás, muy atrás quedaron los tiempos, en que a pesar que tenían problemas económicos, podían con sus salarios e ingresos como trabajadores independientes, adquirir los alimentos necesarios para la familia. Hasta era común en las zonas populares ver aquellos suculentos almuerzos o "sancochos" que se hacían los fines de semana para pasarla entre familiares y amigos. Siempre era agradable escuchar en cualquier barrio o pueblo de mi geografía: "Aquí podremos ser pobres, pero gracias a Dios, comida no nos falta". Hoy, me duele mucho tener que ver a niños, adultos y "viejitos" pasar hambre. La alimentación se nos convirtió en un lujo porque los precios de esa comida se volvieron inalcanzables, o peor, ver a miles de personas comer de la basura para tratar de sobrevivir. ¡Claro! Ya dirán los justificadores de la barbarie, que estamos pasando hambre porque "Dios nos abandonó".

Era muy bonito ver el cómo la mayoría de las familias, aunque fuese por una vez al año, pintaban y adornaban sus casas en tiempos de navidad. Verlos hacer las hallacas, en donde siempre la vecina sanamente se disputaba con su otra vecina, quien hacia la mejor de las multisápidas. Que expresión de orgullo venezolano en todos los hogares cuando decían: "La mejor hallaca la hace mi mamá". Saber que llegabas a ese hogar en esas fechas y te ofrecían ese manjar venezolano, acompañado de ensalada de gallina y un trozo de pan de jamón. También era común que cuando menos los niños, pudieran vestirse con ropa y calzados nuevos, sin faltar el regalo del "niño Jesús".

Ahora, ¡Cuánto me duele ver otra realidad! Aquellos momentos en donde con los aguinaldos o utilidades de nuestro trabajo comprábamos una nueva nevera, cocina, televisor o hasta el equipo de sonido para que entre gaitas, villancicos, música de Billo`s y Los Melódicos, y porque no decirlo, con una cervecita, un vino o hasta un whisky, marcaban la velada decembrina y de año nuevo en todos mis estados y ciudades, para planificar en el medio de charlas amenas, las metas que se planteaban para el próximo año: comprar o ampliar la casa con esfuerzo propio o con el crédito hipotecario, adquirir el carrito para la familia, montar un negocio sobre la base de sus capacidades, o simplemente tener la esperanza que ese año iba a ser mejor. Hoy nuestra navidad se convirtió en tiempos de incertidumbre y, la principal "esperanza", si podemos llamarla así, es preguntarse: ¿Cuándo terminará esta infame realidad convertida en pesadilla?

Siempre habíamos tenido problemas con la delincuencia, como producto muchas veces, porque debo reconocerlo, de una modernidad desaforada y que también existían problemas de exclusión, pero nunca tuvimos grupos armados, llamados paraestatales o "colectivos" que actuaran con el apoyo del gobierno. Una descomposición semejante terminó por desintegrar y anular a la sociedad como centro del desarrollo integral. Y es que en cualquier parte de mi malogrado territorio, roban, secuestran, violan y hasta asesinan. La "matraca", el denominado "cobro de peaje" o la conocida "vacuna" están ejecutándose sobre trabajadores, profesionales, comerciantes, agricultores, pescadores, industriales y cualquiera que realice una actividad económica decente y productiva, sin que exista autoridad que pueda detenerla, porque lo más grave, es que los llamados cuerpos de "seguridad del estado" se convirtieron en parte de las mafias y los grupos de antisociales. Las leyes sobre lo que soy como país son reductos para la impunidad y la corrupción judicial.

Los niños y adultos ruegan por no enfermarse. Los primeros, hace mucho tiempo dejaron de ser vacunados en escuelas y hospitales. Los segundos, sufren para encontrar los medicamentos propios o de familiares. Es lamentable ver que millones de venezolanos no encuentran sus tratamientos para la tensión arterial, la diabetes o convulsiones, lo cual ha originado que algunos hayan fallecido por tan negligente y criminal acción derivada de nefastas políticas públicas.

La salud "pública" es tan desastrosa que hasta los más altos personeros del gobierno sólo se tratan en clínicas privadas o en el exterior. Lo que una vez se llamó "Barrio Adentro" y Centro de Diagnóstico Integral (CDI), junto con grandes hospitales y ambulatorios, son monumentos a la desidia y la humillación humana. Entrar en ellos, por cualquier razón, sólo nos conduce a agravar nuestros males. No sólo es que carecen de medicamentos y materiales médicos-quirúrgicos, sino que los quirófanos no funcionan, lo que una vez fueron equipos de tecnología asistencial son chatarra anti-higiénica y los baños son una podredumbre sanitaria. Para qué hablar de la "alimentación" que reciben los hospitalizados. Lo único plausible que existe es la mística y entrega vocacional con la que médicos, enfermeras y trabajadores de estos centros realizan su trabajo. Lo demás es miseria.

La educación se convirtió en entelequia. Un 30% de la población de niños entre 0 y 6 años no asiste a la escuela, y casi un 40% deserta de la educación media por razones de pobreza. Los pocos egresados universitarios que tenemos se están marchando del país, ante las nulas posibilidades de desarrollo que como país puedo brindarles. Las escuelas y liceos están abandonados en sus infraestructuras. El mobiliario ha sido desmantelado por los malandros. Los maestros y profesores prácticamente viven en la indigencia, por los pésimos salarios que perciben como cualquier trabajador venezolano. Lo que en un tiempo fue el programa de alimentación escolar, es decir, el desayuno, el almuerzo y la merienda que se impartía en los espacios educativos para los niños y adolescentes quedó restringido para cuando haya algo qué comer, y en el mejor de los casos, una cucharada de arroz y carne molida de pésima calidad. Hasta en un programa de televisión, una estudiante le dijo al presidente de la República: "Mis compañeros de clase se desmayan del hambre".

¿Para qué vamos a hablar sobre la corrupción administrativa? Tenemos un "contralor" que tiene a toda su familia trabajando en su despacho, pero justifica tal acción diciendo que eso es "nepotismo positivo" para diferenciarse de otros tiempos, cuando el nepotismo sólo empleaba barraganas. Lo inmoral es que este contralor utiliza sus "facultades" para inhabilitar en funciones públicas hasta por 15 años a quienes se oponen al madurismo, sin contar que mientras eso ocurre, existen denuncian serias de grupos organizados que hablan de un desfalco a mis riquezas de hasta 300 mil millones de dólares, sin que se haya pronunciado sobre esos hechos.

La moneda que me representa, es decir, el Bolívar, ha quedado pulverizado como signo monetario, al punto que estos últimos días la devaluación ha sido brutal, razón por la cual, a este paso, será inevitable que todos ustedes vean el cómo se hunden en la desesperación económica.

Pero la estocada final a mi agonía, será dada por una "constituyente" quien actuando sobre el bien y el mal; verbigracia, jugando a ser Dios, creará una "comisión de la verdad", no sólo con la finalidad de destituir a la fiscal general de la República, o allanar la inmunidad parlamentaria de diputados a la Asamblea Nacional, o encarcelar a todos aquellos que disientan del gobierno, para lo cual, bastará acusarlos de "traidores a la patria", cuando existen individuos quienes hasta entregaron mis riquezas con la mayor biodiversidad posible a grupos capitalistas, que en el pasado habían sido expulsados por explotar irracionalmente mis fuentes naturales y atropellar a mis ancestros y grupos indígenas.

¡Pueblo mío! Parafraseando al Libertador: "Si mi muerte contribuye para que cese la neodictadura, el neototalitarismo, la opresión y la miseria humana, yo bajaré con dignidad al sepulcro". Venezuela les ha leído y entregado su inexpugnable acta de defunción. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.



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Javier Antonio Vivas Santana

Lic. en Educación en las menciones de Ciencias Sociales y Lengua (UNA) Maestría en Educación mención Enseñanza del Castellano (UDO) Dr. en Educación (UPEL) Profesor de la Misión Sucre (2003 -2012)

 jvivassantana@gmail.com      @jvivassantana

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