El arado y el mar

El papá de los corruptos anda suelto y el gobierno es su cómplice

Los socialdemócratas de todos los pelajes, desde honestos creyentes en pajaritos preñados hasta las mafias sindicaleras, tienen un tope en sus luchas contra el imperio, contra el capitalismo, o mejor, tienen una cortina de humo: perseguir la corrupción, hasta allí les llega la pasión. 

La corrupción es un fenómeno relativo que va desde un sobreprecio o un cambio de partida presupuestaria hasta el soborno descarado. Es un asunto personal, el corrupto es individual, y el sistema se salva de cualquier juzgamiento. La persecución de la corrupción la aceptan los capitalistas, no los ofende, al contrario, distrae del verdadero problema.  El corrupto individual es tan fácil de detectar como difícil es enjuiciarlo, la alharaca de la persecución es ruidosa pero de allí no pasa, a menos que sea un chinito de recadi, o alguna conveniencia política, es que a los corruptos no les beneficia hacer olas en la piscina. 

Como todo lo de la socialdemocracia, perseguir la corrupción tiene como última razón la defensa del sistema capitalista, la cacería de corruptos distrae como el circo romano, da la sensación de eficacia, es buen material para los discursos rimbombantes e ineficaces, engatusa a la masa con una falsa impresión de lucha. Y nadie se atreve a desenmascarar la patraña.

El asunto es de fácil comprensión, se trata de culpar a los individuos para salvar al sistema capitalista. Veamos

La corrupción tiene como medio de cultivo los valores del capitalismo, allí el humano vale por lo que tiene, o más concreto, por el dinero que tiene, por el poder de compra; recordemos que en el capitalismo todo está en venta, lo espiritual y lo material, y el dinero no tiene mancha de origen, es lavable. Se desprende que mientras existan los valores del capitalismo, mientras el hombre sea una mercancía, existirá corrupción. Entonces, la lucha contra la corrupción debe partir, si es verdadera, de la lucha contra el sistema capitalista, contra sus valores. Esto lo comprendió el Comandante verdadero y nos llamó a luchar contra la “lógica del capital”.

La socialdemocracia evade lo anterior y persigue a los individuos, para ella un sobornado es corrupto, debe ser perseguido, pero la contaminación que produce el capitalismo que pone en peligro la vida planetaria no es corrupción; la apropiación del trabajo ajeno, la desertización del planeta, las enfermedades respiratorias, el cáncer de sus alimentos alterados, todo eso no es corrupción; la vida azarosa de los desempleados, el hambre de millones, las amenazas de guerra, los muros que mantienen confinados a seres humanos, eso no es corrupción, eso no va a la prensa, a la televisión, van los individuos, no el sistema. 

Este gobiernito socialdemócrata y la oposición que le es funcional luchan, denuncian la corrupción a conveniencia, pero se cuidan de no tocar ni con el pétalo de una rosa a la dama capitalista. El plan de gobierno de estos socialtraidores se reduce a tres tópicos: intrigar a la oposición, perseguir a unos chivos expiatorios corruptos y al cuento de la productividad, que siendo capitalista más que producir bienes produce la ética de la guerra de todos contra todos.

Sólo el Socialismo, el verdadero, puede acabar con la corrupción mayor y de esta manera desaparecer la corrupción menor…



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Toby Valderrama y Antonio Aponte

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