En toda la linea

Con el mes de agosto se inicia oficialmente la campaña electoral y se abre para los partidarios de la Revolución Bolivariana la hora de avanzar en toda la línea, rumbo a la gran victoria que ha de forjarse en fino acero de corazón y conciencia y cuya marca será un himalaya (ya lo he dicho así) de diez millones de votos. Victoria que requiere de aquella calidad para garantizar el salto adelante al cual convoca el presidente-candidato en el nuevo sexenio; que necesita de esa contundencia para desmontar la política desestabilizadora del enemigo, desinflar sus alegatos de fraude y desbaratar sus pretensiones de atribuirse como propias las cifras de la abstención, y que es preciso labrar con igual disposición y entrega, tanto si hubiere candidato de oposición como si no. Considero propicio el momento para recapitular aseveraciones e ideas que han sido expuestas y reiterar algunas advertencias, no por presunciones de sabiduría que no caben, sino porque alguna experiencia manejo y una consistente pasión por el proceso revolucionario profeso. Primero, hay que tener una visión muy precisa del enemigo, el cual, en una satánica metáfora de la concepción católica de la divinidad, son tres personas y un solo dios verdadero: el enemigo externo transnacional, el enemigo externo “nacional” y el enemigo interno o quinta columna. El verdadero “dios” que encierra a las tres “personas” en una, el enemigo principal, es el imperialismo. Esta precisión, me parece, ayuda a organizar las fuerzas en función de un triple frente de combate, poniendo el acento táctico en aquel que puede hacernos más daño en determinada circunstancia y manteniendo el filo estratégico en dirección del enemigo principal. La convergencia de acción de las tres “personas” pareciera, sólo pareciera, desplegarse a la vista. La satanización del presidente Chávez y del proceso que dirige es tarea cotidiana y creciente de los enemigos externos, que buscan jugar todas sus cartas en intento de crear condiciones para derrocar al gobierno antes de que llegue diciembre (más difícil que subir un corozo, dirían en mis ámbitos llaneros), y despliegan in crescendo su agenda de mentira, verdad a medias, violencia y terror. El rol de los quintacolumnistas es el de crear situaciones que generen descontento, valerse del mal servicio, la burocracia y la corrupción, exacerbar en el aparato estatal los vicios de Estado oligárquico heredado que todavía conserva en gran medida. Pero este rol no es evidente para todos: mucha gente que jamás se confundiría --también lo hemos dicho antes-- con los golpistas, saboteadores y terroristas, con los altavoces de Washington y los secesionistas del Zulia, con los negadores sistemáticos de logros evidentes, son susceptibles de sentir desaliento y vergüenza y debilitar su compromiso y fe ante la desinformación y el veneno mediático, que se nutre de aquellos descontentos y vicios. El vistazo precedente me obliga así mismo a otra reiteración de planteamientos. Por ejemplo, que la actuación de los revolucionarios debe ser ahora superior, en términos de unidad, organización, conciencia y acción; que es necesario empeñar en el combate todas las fuerzas y posibilidades, todos los recursos morales, ideológicos y políticos, toda la pasión y el compromiso de quienes se proponen transformar la sociedad; que la campaña debe perseguir fundamentalmente hacer equivalente en conciencia el amor del pueblo por su líder, y dejar un saldo organizado de avance en materia de empoderamiento popular; que el plan debe contemplar la lucha por mejorar cualitativamente el servicio público y combatir la corrupción y la burocracia, y, por supuesto, tiene que viabilizar un despliegue total de la inmensa obra realizada. Estos planteamientos no pretenden ser descubridores del carburo, pero, por si pudieren ayudar en algo, nos permitimos enviarlos como mensaje al Comando de Campaña, con el mayor respeto, consideración y espíritu solidario.


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Freddy J. Melo


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