Negociar la crisis política ¿Quiénes, Por qué, Qué, Cómo, Cuándo, Para qué?

Mis estimados lectores, como ya es sabido, el gobierno y la oposición a través de su brazo político la MUD, están en plan de negociación de la crisis política, económica y social en República Dominicana, fungiendo como mediador en este proceso Rodríguez Zapatero expresidente de España.

A la pregunta de quiénes negocian, la respuesta es simplemente, los enemigos. En este caso los que se enfrentan en la arena política en estos momentos en Venezuela. Hablo de enemigos y no de adversarios políticos, porque los adversarios son contrincantes que se enfrentan de acuerdo a un marco legal y unas reglas del juego que ambos respetan. En Venezuela, el marco legal ya no sirve para una confrontación civilizada como la que se lleva en otras latitudes, los poderes públicos se desconocen los unos a los otros y se aíslan. Los enemigos también se caracterizan por buscar la destrucción total de aquel que se les enfrenta y esta es la realidad venezolana. Si el gobierno pudiera convertir en polvo cósmico a la oposición como lo ha repetido muchas veces, lo haría sin vacilar, por otro lado, si la oposición pudiera defenestrar al gobierno y aplastar al chavismo como opción política lo haría sin conmiseración, tal como se intentó en el 2002.

¿Por qué a estas alturas de la contienda deciden negociar? La respuesta es a mi modo de ver, porque no tienen la fuerza para pulverizarse y una guerra continuada y de largo aliento los dejaría maltrechos a ambos y la victoria pudiera ser pírrica, es decir, tendría un alto costo que ningún bando quiere encarar. Este alto costo podría ser una guerra civil o bien una situación de conflicto en las calles que pudiera derivar en muertos y heridos en gran escala. Negociar forma parte de las guerras, los enemigos son los que negocian. Negociar significa hacer concesiones, obtener una victoria parcial, o al menos, evitar ser aplastado. En los últimos días de Hitler, algunos generales alemanes quisieron negociar una rendición condicionada, pero esto no fue posible.

¿Qué es lo que se va a negociar? Desde mi perspectiva, se trata de negociar el fin de la era chavista, de tal manera, que este final no sea dramático y el chavismo pueda seguir siendo una opción política a futuro, algo como lo que ocurrió con el sandinismo en Nicaragua. Si el gobierno estuviera seguro de su triunfo no se sentaría a negociar, no tendría sentido. La realidad económica es la que lo fuerza a negociar, además, dentro del chavismo ya hay voces que prefieren perder el gobierno pero salvar el chavismo como idea y proyecto político. El gobierno ya no dispone de los ingresos necesarios para solventar la crisis económica tampoco posee el capital político suficiente, la política económica basada en los realazos, en la importación masiva de alimentos y medicinas ya no es factible. Tal como señalara Pérez Abad, este año se importará la mitad de lo que se hizo el año pasado. La recesión económica se ahonda, lo que significa una menor producción anual de bienes y servicios. La inflación no cederá debido a la presencia de una demanda que supera ampliamente la oferta.

Frente a este panorama se multiplican las manifestaciones espontáneas por la escasez de alimentos y medicinas, lo que tiene que llevar a una mayor represión que erosionará el apoyo menguado que aún tiene el gobierno. Por el lado de la oposición, ésta no logra capitalizar totalmente el descontento popular. La actuación poco efectiva de la Asamblea Nacional, que ha sido desconocida por el Ejecutivo y maniatada por el Tribunal Supremo de Justicia, ha erosionado el apoyo de muchos opositores que sienten que la victoria electoral del 6 de Diciembre del 2015 no ha significado un cambio drástico en la situación del país.

Este tipo de negociaciones se presta muy bien para ser analizada a través de la famosa teoría de los juegos. La respuesta de cada contendor está basada en la posición que puede adoptar el contrincante. En una primera ronda, los contrincantes suelen presentar sus posiciones duras. Por el lado de la oposición, con toda seguridad, se planteará la fecha del revocatorio para este año y la liberación de los presos políticos, que para el gobierno son políticos presos. El gobierno por su parte, planteará el revocatorio para el próximo año y que quede hasta el fin del período de Maduro, el vicepresidente de turno para aquel momento.

Con respecto, a la liberación de los detenidos y sentenciados de la oposición, el gobierno podría plantear una ley de amnistía para el próximo año y como un acto del próximo gobierno. Bajo la manga, el gobierno traerá la posibilidad de hacer uso del estado de excepción para frenar el revocatorio este año y diferir las elecciones de gobernadores a realizarse a fin de año. El gobierno también podrá ofrecer una liberación soterrada de la economía, aumentando los precios regulados o eliminando las regulaciones, cosa que ya está haciendo. También, podría asomar la posibilidad de ir al libre cambio del bolívar, lo que ya ha sido planteado por Pérez Abad, como una posibilidad a corto plazo, y en este sentido, podría verse como un paso en esa dirección el alza continuada del dólar DICOM antes SIMADI, que ya superó los Bs. 500 por dólar.

Por otra parte, el gobierno podría prometer que aquel encabezado por el vicepresidente en el 2016, incorpore a figuras de la oposición en el gabinete para conformar una suerte de gobierno de unidad nacional. Si el gobierno aceptara el revocatorio para este año, la oposición tendría que aceptar por debajo de la mesa, un acuerdo para no llevar a cabo una cacería de brujas. Hay que tener en cuenta que para muchos opositores no basta con la salida del poder  del chavismo, además habría que perseguir policial y judicialmente a sus mandos altos y medios.

Aun cuando las negociaciones se dan entre el gobierno y la oposición como contendores políticos, hay un invitado invisible a la mesa de negociaciones, este invitado es la reacción popular frente al deterioro continuado del abastecimiento de alimentos y medicinas que se hará crítico a nivel de desesperación en los próximos dos meses. Este invitado juega a favor de la oposición. En este sentido, el tiempo creo que juega a favor de la oposición.

¿Cómo negociar y dónde? El medio elegido ha sido una mesa de negociaciones utilizando un mediador que pueda ser reconocido como imparcial, en este caso, el expresidente español Rodríguez Zapatero es ese mediador que tiene la confianza de las partes. El lugar elegido es la República Dominicana. La razón para efectuar estas negociaciones fuera de Venezuela debe apuntar a tratar de mantener las mismas en el mayor secreto posible, evitando las filtraciones a la prensa. Como hemos señalado, una negociación implica concesiones, ni el gobierno ni la MUD deben querer que se sepa antes de tiempo que concesiones han hecho a la contraparte, por temor a que quienes los apoyan puedan verlas como una claudicación insoportable de principios no negociables. En este punto debemos estar claros que todo puede ser objeto de negociación.

¿Cuándo negociar y para qué? Desde mi óptica, la negociación se ha iniciado tarde, pero ya no podía retrasarse más. El posible y temido estallido social producto de la crisis económica es una bomba de tiempo con una mecha muy corta, las consecuencias son difíciles de prever pero si su gravedad. Ambas partes se sientan a negociar ahora para evitar una guerra de desgaste que las deje exhaustas. Un estallido social probablemente no va a beneficiar políticamente a ningún bando. La crisis económica se cierne sobre el gobierno como una espada de Damocles y el tiempo que pasa significa para la oposición, una pérdida de apoyo por su incapacidad para forzar el cambio que prometió. Se negocia para evitar una salida espontánea que no sea manejada ni por el gobierno ni la oposición.

Sería muy interesante que algún experto en la teoría de los juegos hiciera un concienzudo análisis sobre la negociación en curso entre gobierno y oposición. Un aspecto muy importante es que cada una de las partes pueda exhibir el resultado de la negociación como un éxito. El problema radica en que el revocatorio para este año representa para la oposición como el mayor de los triunfos, en tanto que, para el gobierno, el éxito sería diferir el revocatorio para el próximo año. En el caso de darse el revocatorio este año, y darse unas nuevas elecciones presidenciales, la oposición podría comprometerse a un gobierno de unidad y salvación nacional llamando a gente de las filas chavistas para incorporarse al gabinete, además, abandonando toda intención de cacería de brujas. Esto podría ser bastante acertado, tomando en consideración que sacar al país del marasmo económico no va a ser tarea fácil ni de corto plazo. En este sentido podemos suponer que el nuevo gobierno sufriría rápidamente un fuerte desgaste en el apoyo popular. Algo parecido a lo que le está sucediendo a Macri en Argentina, cuyo apoyo popular va en picada a 5 meses de asumir el poder. También, es muy probable que esto ocurra con Temer en Brasil.

Para pronosticar el desenlace de las negociaciones tal vez necesitemos más que un experto en teoría de juegos a un vidente con una bola de cristal. Debemos tener presente que otro escenario factible es que las negociaciones no progresen, en este sentido, el destino del país quedaría en el limbo de lo desconocido, donde una salida no prevista pudiera imponerse, un conflicto social abierto que pudiera llevar a una guerra civil o un golpe o autogolpe de estado. Esperemos que impere la sensatez, que por desgracia, es algo que no abunda en este país y es otro bien de primera necesidad que escasea.



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Hernán Luis Torres Núñez


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