Estado de excepción, revocatorio, crisis económica e ingobernabilidad

Mis estimados lectores, he leído en el periódico que el decreto de excepción emitido por el presidente Maduro permitiría al gobierno suspender temporal y excepcionalmente la ejecución de sanciones contra máximas autoridades del Poder Público y otros altos funcionarios. De ser esto así, esta potestad le vendría como anillo al dedo al gobierno para que suspendiera el revocatorio y quien sabe por cuánto tiempo. Sin embargo, es una medida que conlleva sus peligros. El revocatorio es una norma establecida en la Constitución, la cual fue votada durante el gobierno del presidente Chávez. Una norma que se le aplicó a éste y la cual él aceptó de buena gana. Por supuesto, en aquella ocasión todas las encuestas lo daban como ganador, ir al revocatorio significó para Chávez un tremendo espaldarazo y una pérdida muy grande para la oposición.

La situación actual es muy diferente, las probabilidades que el presidente Maduro sea revocado son muy altas. Tomar la decisión de suspender el revocatorio equivale a suspender un derecho constitucional fundamental, es ir contra la máxima norma del país que el chavismo siempre ha exhibido como un triunfo y un logro importantísimo de la revolución, equivale a una traición a todo lo que anteriormente se ha postulado, en el sentido de que la revolución le dio al país la mejor carta magna, considerada como una de las más avanzadas del planeta. En caso de darse este escenario de suspensión del revocatorio se caería en un terreno en el cual se abren las puertas  a lo desconocido y a la inestabilidad política total. Además, a nivel internacional es muy probable que se produzca un rechazo muy fuerte que aislaría al gobierno definitivamente. Este tipo de medida indicaría que al gobierno se le han cerrado prácticamente todas las puertas para enfrentar la situación económica, política y social.

La actual situación política está ligada por supuesto a la crisis económica que se vive, caracterizada por una inflación desbocada, un déficit fiscal que no para de crecer, un crecimiento negativo de la economía que implica menores cantidades de bienes y servicios para una población creciente, una deuda externa que se torna agobiante, una devaluación del bolívar que parece no tocar fondo, y un desabastecimiento casi total en materia de alimentos y medicinas. Frente a todo esto no hay ninguna respuesta asertiva del gobierno. Por el contrario, pareciera ser que la política de control de precios está siendo eliminada por el gobierno, simplemente, porque no ha sido capaz de implementarlo con éxito.

Atrás quedan los tiempos del ministro Salas, el breve, que en su corto reinado promulgaba la profundización de los controles, además de desconocer que en Venezuela se vivía un proceso de inflación galopante. Sin mayores declaraciones, cosa entendible, el gobierno ha venido ajustando al alza los precios de los productos regulados. Los mal llamados “precios justos” van camino a la estratósfera. Estos nuevos “precios justos” son un insulto a la gente, sobre todo, para aquellos sectores más pobres. Un kilo de carne a Bs. 4.000 cuando el sueldo mínimo está en un poco más de Bs. 15.000 carece de toda justicia. Lo  mismo se puede decir de los huevos, el atún o las sardinas. El resultado es obvio, las clases populares que este gobierno dice defender ya no tendrán acceso a las proteínas básicas para la vida.

La verdad es que lo que se había avanzado en términos de lucha contra la pobreza se está perdiendo a pasos agigantados. Aunque pueda resultar contradictorio a primera vista, el aumento de los “precios injustos” puede llevar a una disminución de la inflación. La razón es simple, si los precios suben y suben, llega un momento y ya llegó, que una gran parte de la población ya no pueda comprar. Si la demanda baja, los precios se estabilizan, claro a un nivel muy alto, esto implica que solo los más ricos podrán seguir alimentándose bien. El gobierno revolucionario y socialista está aplicando una política que los gobiernos de derecha llaman sinceración de precios. Esta sinceración de precios al alza con su consecuente baja en la demanda puede hacer que el desabastecimiento se deje de sentir y los anaqueles se llenen de productos que la gente de menores recursos sólo podrá ver pero no comprar. ¿Entonces cuál es la diferencia entre Macri y Maduro?

Con respecto al valor del dólar, pareciera ser que el gobierno también tiró la toalla y ha decidido dejar que el bolívar se vaya devaluando, y acercándose al muy vilipendiado dólar today. Pareciera ser que el presidente Maduro ya se olvidó de aquel momento en que dijo que se iba a fulminar al dólar paralelo. Aquí también podemos hablar de una política de sinceración del valor del dólar, al más puro estilo derechista. En verdad, lo único que falta es que el presidente Maduro anuncie que está en negociaciones con el FMI y el Banco Mundial porque en verdad esas instituciones no son tan malvadas.

Debemos agregar que según la calificadora de riesgo Barclay’s Venezuela no caería en default este año, simplemente, porque los escasos dólares que están entrando se están represando para pagar el servicio de la deuda de este año. Esto significa que el gobierno estaría sacrificando las importaciones de alimentos y medicinas para el pueblo para pagarle a la banca internacional. ¿Esto no suena muy socialista? De hecho, con respecto a las importaciones, aparentemente, la actividad de los puertos venezolanos está en un mínimo. La situación económica tendrá repercusiones en lo político, y muy adversas para el gobierno, si la protesta se hace general puede incluso llevar a un estallido social.

En un escenario en que el gobierno suspenda el revocatorio y la mayoría de la población ya no pueda consumir lo básico para una alimentación que cubra el mínimo de calorías, es decir, que el hambre comience a campear por Venezuela, se abrirán las puertas para una mayor inestabilidad social y política. En virtud de lo anterior, y debido a la imposibilidad material del gobierno de asegurar la alimentación y la salud del pueblo por la falta de ingresos en dólares, lo único que quedaría sería la represión. ¿Es tan descabellado este escenario? En verdad creo que no, si el gobierno tuviera en sus manos la posibilidad de importar alimentos y medicinas masivamente ya lo habría hecho para traer sosiego y estabilidad política y social.

Frente a esta situación dramática de la economía, el gobierno decreta la creación de unos motores económicos en el papel. Cualquier persona pensante sabe que esos motores económicos no van a echar a andar por sí solos, todos requieren inversión en maquinarias, equipos, materias primas e insumos, y eso implica que se necesitan dólares, los cuales no se tienen. Los motores no pasan de ser potes de humo para los incautos. La verdad es que si ha existido una guerra económica, el gobierno definitivamente la perdió y el reconocimiento de su fracaso se ve en la sinceración de los “precios injustos”, la no importación de alimentos y medicinas  y la devaluación continua del dólar.

Con respecto a la ingobernabilidad, aunque se asuma el escenario que el revocatorio se haga el próximo año y quede al frente del gobierno el vicepresidente de turno, no hay que olvidar que este año habrá elección de gobernadores, y lo más probable, es que esto signifique otra paliza para el gobierno. Por lo tanto, el nuevo gobierno que asuma el próximo año, llevaría plomo en el ala, con unas elecciones de gobernadores y un revocatorio perdidos y una situación económica desastrosa. ¿Cuán gobernable podrá ser Venezuela para el nuevo presidente chavista? Creo que a nadie le gustaría estar en sus zapatos. Ahora bien, también podríamos pasearnos por el escenario que haciendo uso del estado de excepción no solo se suspenda el revocatorio sino también la elección de gobernadores. En este caso, sería difícil hablar de una Venezuela democrática y la paz social sería arrasada por los conflictos.

Tal como hemos visto, en estos momentos estamos ante varios escenarios factibles:
Que el revocatorio se realice este año y que el presidente Maduro sea revocado (lo más probable), se llame a elecciones y se elija un presidente de la oposición

Que el revocatorio no se realice este año (la carta que está jugando el gobierno) y se haga el próximo año y asuma el vicepresidente.
Que se suspenda el revocatorio pero haya elección de gobernadores (el gobierno perdería, lo más probable).
Que se suspenda el revocatorio y las elecciones de gobernadores (un gobierno de facto)
Que la situación económica se deteriore tanto que haya un estallido social (que haya una represión fuerte o que el gobierno sea presionado para dimitir).

Es posible que haya otros escenarios que no se me hayan ocurrido, en todo caso, ninguno de los que uno pueda avizorar implica una salida fácil a la crisis y sin que haya una cuota alta de privaciones para el pueblo.

Desde mi óptica muy particular, creo que es muy factible que se dé el revocatorio este año, no tanto por la presión que pueda ejercer la oposición, sino por el hecho de que la situación en términos de carestía de la vida y desabastecimiento con su efecto hambreador en las clases populares solo puede empeorar en el corto plazo. Todo esto puede desembocar en estallidos sociales más frecuentes por la falta de los bienes básicos para la vida. Además, creo que dentro del chavismo también se está dando un proceso de fractura cada vez más profundo.

Creo que hay un grupo creciente en el chavismo que comienza a pensar que es necesario sacrificar al gobierno de Maduro para salvar al chavismo como opción política para el futuro. Algo similar a lo que ocurrió en Nicaragua con el sandinismo.



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Hernán Luis Torres Núñez


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