Mega tendencias europeas vs. Socialismo del siglo XXI

El seguimiento noticioso del acontecer político y económico del conjunto de países europeos durante las últimas semanas permite delinear la emergencia de cinco grandes tendencias políticas, rutinariamente observables:

1. Fuerte reacción popular contra la agenda globalizadora, fenómeno que particularmente parece ir en contra de los intereses de los proyectos económico-expansionistas nacionales de 5 de las grandes economías europeas y sus respectivas mega-corporaciones trasnacionales (Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y España).

2. Emergencia de múltiples y muy activos grupos de izquierda. Frente al fenómeno la mayoría de los gobiernos europeos aparecen desplegando una activa política entre distractiva (neo-televisión, video-juegos, pornografía, incesante promoción del consumo), y una política de disuasión de los movimientos antisistémicos (persecución y criminalización de líderes, políticas de propagación cotidiana del terror interno y fomento de un patriotismo más o menos histérico).

3. Una gradual desintegración de los Estados nación y su reemplazo por entidades políticas más pequeñas y manejables (Montenegro, Serbia, etc.).

4. Creciente concentración mediática (incluyendo el Internet) en cada vez menos manos (básicamente propiedad de grandes multinacionales y monopolios).

5. Movimientos (tácticos y estratégicos) para rearticular un nuevo eje de poder neo-imperial europeo sobre el Tercer Mundo (Países Árabes y Latinoamérica y África) por vía de una alianza entre las fuerzas políticas más conservadoras de Alemania, EEUU y Japón.

En este ambiente, las grandes potencias de Europa Occidental (especialmente Alemania, Reino Unido, Francia , Italia y España) pero también otros países más pequeños (Polonia, Países Bajos) están estimulando la emergencia de una nueva agenda de movimientos básicamente tendientes a garantizar:

1. Seguridad energética: Básicamente de petróleo y gas, sobre todo de cara a una previsible amplificación de las tensiones en el Golfo Pérsico.

2. Seguridad ambiental (al menos relativa): de cara a previsibles catástrofes ambientales de gran proporción (guerra química, bacteriológica o nuclear).

3. Gobernabilidad política interna sobre la base del control, desmantelamiento o, cuando menos, la neutralización de las iniciativas de los nuevos movimientos alternativos, de izquierda y/o antisistémicos.

4. Gobernabilidad geopolítica externa. Dimensión que explica la propagación de nuevas bases militares en el tercer mundo y las recurrentes acciones militares en dichas regiones, comandadas por la OTAN.

5. Seguridad financiera internacional: por medio de la cual se buscaría compensar cualquier eventual súbita caída considerable del dólar por medio del efecto balanza compensador del sistema financiero mundial soportado en el inmediato fortalecimiento del euro.

6. Seguridad jurídica: que se conseguiría mediante el ajuste de los marcos jurídicos nacionales y de organismos internacionales al nuevo ambiente de reacomodo global de los argumentos válidos para emprender ataques preventivos contra países o regiones potencialmente amenazantes de sus intereses.

7. Resguardo del derecho preferencial de las grandes multinacionales (estadounidenses y europeas) a explotar los colosales recursos energéticos, emplazados en el Tercer Mundo. Esta directriz explica, entre otras, por ejemplo, las enconadas reacciones del gobierno de España de cara a la reciente nacionalización de los hidrocarburos por parte del gobierno de Bolivia.

El cuadro de propagación de movimientos de varia índole en el Tercer Mundo pareciera estar favoreciendo como reacción una activa reconfiguración de alianzas entre varias de las grandes potencias económico-bélicas del planeta. El objetivo es contener la “sedición tercermundista”, por lo visto ilusionada con usufructuar sus materias primas y energéticas en desmedro de los intereses estratégicos de los países centro.

Tal como lo aprecia el analista político Heinz Dieterich:

“(…) las tres burguesías decisivas del sistema mundial ---la estadounidense, la japonesa y la alemana--- reconocen que su sistema global de explotación y desigualdad sólo puede defenderse contra los pueblos y Estados regionales emergentes, si unifican su poder económico, demográfico, territorial y militar en una Falange imperialista”.

Se hace cada vez más claro que los movimientos internos de resistencia ubicados en las entrañas de la configuración capitalista europea-estadounidense constituyen los mejores aliados para librar una resistencia políticamente efectiva protagonizada desde el Tercer Mundo.

Pero resulta clave, asimismo, reforzar el accionar (y el liderazgo) al interior de los Organismos Internacionales y de las naciones y pueblos efectiva (o potencialmente) aliados.

Paralelamente luce clave reforzar la consciencia colectiva sobre este nuevo mapa de intereses y movimientos re-articuladores del imperio, apoyándonos en el poder irradiador de los medios masivos de comunicación.

Definir con claridad los objetivos a contrarrestar en la cada vez más activa agenda del oponente, definir el centro de gravedad de la batalla a librar, y diseñar una estrategia (altermundista) propia constituyen ingredientes básicos para (al menos) defenderse con éxito.

Si es correcto este análisis, y los anteriormente citados elementos fueren algunos de los nuevos objetivos de parte de Europa en la realineación imperial resulta estratégico patrocinar mundialmente las tesis según las cuales:

1. La Seguridad energética (del primer mundo) no funda derecho internacional para intervenir (ni política, ni mediática y mucho menos militarmente) en países (del Tercero).

2. Ningún país tiene derecho a infectar el planeta de radiaciones, producto de la aplicación de “intervenciones nucleares”.

3. Debe ampararse internacionalmente el derecho a constituirse, existir (y accionar políticamente) de los movimientos sociales en el mundo (incluyendo el Primer Mundo). El derecho de autodeterminación de los pueblos debe tener precedencia por sobre el de los países.

4. Resulta obviamente irrealizable apuntalar este cuadro de políticas en tanto la mayoría de los medios sigan impávidamente en manos de los grandes poderes del capital(ismo). Quien defienda deponer el poder mediático a los designios de los grandes intereses defiende por tanto la conculcación de derechos inalienables de los pueblos. Y más grave aun, consciente o inconscientemente, escuda la intrusión del discurso del enemigo (a las mentes o el territorio) propio.

5. Frente a una latente nueva arremetida política-militar imperialista bajo la modalidad de bloque, no cabe sino la rearticulación de bloques alternativos de naciones, pero sobre todo, de pueblos.

6. Y a los pueblos no se les llega efectivamente con una política exterior (por arriba) de negociaciones bilaterales ni multilaterales. Hay que poner a la mesa de discusión (de gobierno) a los propios pueblos entre sí. Este y no otro es el reto de los gobiernos alternativos en estrecha asociación con los medios de comunicación alternativos. No defender políticas puntuales (mucho menos oficinistas de gobiernos) sino defender grandes proyectos, lineamientos consensuados y auspiciados (transversalmente) desde diferentes colectivos ubicados en distintos continentes y naciones.

7. El Presidente Chávez (nos) ha pedido a todos contribuir a repensar, a re-imaginar, a re-actualizar, desde los vericuetos de una nueva praxis, un socialismo viable para el siglo XXI, comenzando, por supuesto, por dar todo el poder al el pueblo. Habría que adicionar: a la luz de los nuevos movimientos del sistema imperial, lograrlo exige hoy, además, dar todo el poder (mediático) a los pueblos alternativos del mundo. Así, en plural. Así, internacionalmente y no exclusivamente nacional o localmente. Y así, con una confianza máxima en sus acciones. Y con una mediación mínimamente injerida por la lógica y la praxis de los partidos políticos.


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Luis Delgado Arria


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