El libre comercio es connatural al sistema capitalista, es inviolable, salvo en Revolución

 

El Proteccionismo también es una propiedad complementaria e inviolable del mismo sistema capitalista, o sea, libre cambio para los proveedores de materias primas y otros insumos, y para los países importadores de las mercancías de los exportadores de esas materias primas, y proteccionismo para para el país exportador de bienes terminados de consumo final.   

 

Según el epígrafe, Adam Smith, apologista e impulsor de las pionera industrialización inglesa, todavía suena en la Literatura proburguesa y hasta recibió el alias de Economista Clásico por parte de Karl Marx[1], manejó esa dualidad de criterios: vendió al mundo la praxis del libre cambio, pero domésticamente se ató al más férreo proteccionismo de sus materias primas, de sus producción nacional.

 

 Smith fue el gran propulsor de esos binomiados sistemas de comercio tanto domésticos como internacionales. Los detallamos:

 

Smith propició el libre comercio al mundo de sus clientelas, a los países potencial y efectivamente importadores de cuanto trapo, paño y pañoletas les pudiera vendiera Inglaterra. Gandhi le dio un para’o a semejantes y leoninas imposiciones comerciales,  lo que le condujo a la Independencia colonial de la India donde hasta entonces  mandaba un exótico “Virrey”, o algo parecido, así  como en Venezuela mandaba un Capitán extranjero, como el “mal recordado” Emparan [2].  

 

El libre comercio es connatural al sistema capitalista, es inviolable, salvo en Revolución.

 

Así como al olmo no se le puede pedir peras, tampoco puede   impedirse ni regularse ni tocarse ni siquiera con el pétalo de una fresca rosa el ejercicio del comercio  a ninguna persona que respire aires burgueses, que viva como proletario o como burgués, ni al que funja de asalariado ni muchísimo menos, como capitalista.

 

 Las violaciones a esa ley que es, repetimos,   ínsita al modo burgués de producción capitalista, son tan absurdas y condenadas al fracaso como las violaciones que haga el comerciante cuando cae en el terreno de aquellas leyes, disposiciones, decretos y normas afines debidamente emanadas de la propia Constitución burguesa y sus leyes derivadas, ya que estas normas suelen ser coadmitidas  cuando surgen en un Estado burgués, enteramente bajo su control, en una Asamblea Nacional , como aliados institucionales en las que obviamente tienen sus  representantes incondicionales. Son copartícipes de tales regulaciones con miras siempre en meter en cintura al capitalista de menor rango, cosas así. Es mentira que tanto el libre cambio como el proteccionismo rijan parejo e indistintamente para todos los capitalistas.

 

Adam Smith, en paralelo, aconsejó e impuso con el poder del hacha y como norma el más severo Proteccionismo para sus materias primas nacionales; por ejemplo: castigaba con amputaciones de las manos y hasta de la cabeza a quienes exportaran una oveja hacia Francia. Así lo confiesan los mismos historiadores filoburgueses.

 

Por esas razones y otras no menos contundentes, hay que saber moverse en las aguas de este perverso y omnipotente sistema de exterminio comercial, y no porque los burgueses coman niños, no, nada de eso, son las objetivas relaciones comerciales capitalistas que terminan por deshumanizar   hasta las personas más humildes, más generosas antes de entrar a los tenebrosos recintos fabriles.

 

 En el presente socialismo “light”, así llamado peyorativamente por los adversarios del chavismo, no termínase de entender que los cambios de ningún fenómeno pueden ocurrir de súbito porque sin en algo la Naturaleza no da saltos en toda la fenomenología es en materia socioeconómica por aquello de los fuertes y hondos hábitos sembrados en la mente de los explotados del propio sistema que los esquilma, y así como son graduales los avances socialistas, no menos graduales deben ser las reformas y sustituciones definitivas  de las prácticas capitalistas.

 


 

[1] Muchos tarifados de la Economía Vulgar, así llamada por Marx cuando la E. Clásica degeneró respecto a los avances alcanzados por Smith, suelen identificar a Marx como otro clásico; nada más alejado de la verdad; lo hacen por ignorancia o por enemistad con todo lo que huela a marxismo sin siquiera haberlo comprendido en sus justas dimensiones sociológicas.

[2] Recientemente (2012), unos descendientes de esa Joyita nos regalaron una copia de este triste personaje, último capitán sin tropa de los años 10, siglo XIX.

 

 


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Manuel C. Martínez


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