Tres frentes fundamentales para lograr la Revolución

Una medida revolucionaria de gran impacto en la coyuntura actual de Venezuela sería profundizar la organización popular a través de los consejos comunales, las comunas, los colectivos sociales, los sindicatos, los consejos de trabajadoras y toda otra forma de estructura político-territorial popular que surja, o haya surgido, al calor de la lucha revolucionaria, en tres frentes fundamentales: 1) El control directo de los medios de producción, modificando radicalmente las relaciones de producción y el sistema económico capitalista. 2) La constitución de un nuevo Estado, reemplazando las relaciones de poder vigentes mediante la práctica de la democracia directa. 3) La formación de una nueva ética político-ecológica, en función de los intereses colectivos, sin que ello signifique restringir la singularidad de las personas, la pluralidad y el debate del pensamiento, incluyendo las controversias que ello podría generar.

Esto debiera impulsarse mediante un amplio programa revolucionario que sea enriquecido, sin sectarismo alguno, por aportes provenientes de diversidad de corrientes ideológicas, al margen del escenario electoral clásico, bajo la comprensión que sin un poder popular organizado y consciente no habrá revolución posible. En este sentido, la consolidación de la movilización popular, lo mismo que la cristalización del proceso de concienciación al cual se debe todo revolucionario, tiene que materializarse en el fortalecimiento del poder de los sectores populares frente a las instituciones y estructuras que caracterizan al Estado liberal-burgués. Ella sería una vía apropiada para desmantelar la influencia perniciosa de la burocracia político-corporativa que administra el Estado, entendiendo que sus intereses son antagónicos al poder popular.
 
A la par de ello, habría que proponerse la construcción de una economía y de una producción social que, en un primer momento, sirvan para construir y asegurar, de manera verificable y constante, la soberanía alimentaria y la soberanía productiva que requiere el país, con lo cual se vencerían todas las estrategias implementadas por la contrarrevolución (externa e interna) para ahogar la economía nacional y, en consecuencia, impedir la estabilización definitiva de la revolución. En este caso, se impone la necesidad de desplegar modelos de desarrollo territoriales o comunales, con énfasis en el crecimiento agroecológico y la transferencia -incluso- de aquellas empresas socio-productivas en manos del Estado, donde se ponga en práctica esa nueva ética político-ecológica que debe distinguir el nuevo modelo civilizatorio por construir.
 
Si -como afirma la oposición en Venezuela- el escenario de transición post-chavista está montado, gracias a la campaña de desinformación generada con apoyo extranjero, los ataques de la derecha internacional, la corrupción administrativa, el desabastecimiento, la especulación y el contrabando continuados de diversidad de productos de consumo masivo; los sectores revolucionarios están obligados a fijarse una estrategia que resulte eficaz y pueda ser compartida por la población venezolana.
Como lo refiere Gramsci, "la particular cuestión del malestar o bienestar económico como causa de nuevas realidades históricas es un aspecto parcial del problema de la correlación de fuerzas en sus varios grados. Pueden producirse novedades, ya porque una situación de bienestar quede amenazada por el nudo egoísmo de un grupo adversario, ya porque el malestar se haya hecho intolerable y no se vea en la vieja sociedad ninguna fuerza capaz de mitigarlo y de restablecer una normalidad con medios legales. Por tanto, se puede decir que todos esos elementos son manifestación concreta de las fluctuaciones de coyuntura del conjunto de las correlaciones sociales de fuerza, en cuyo terreno se produce el paso de esas correlaciones sociales a correlaciones políticas de fuerza, para culminar en las correlaciones militares decisivas”. Esto implica superar el tareísmo y la militancia administrada, de manera que no existan frenos que obstaculicen el avance y la consolidación del poder popular, dando lugar al surgimiento de un tejido social que, a la larga, terminará por afectar la lógica capitalista en detrimento de la hegemonía ejercida por la clase dominante; siendo ello el objetivo primordial de la revolución.


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Homar Garcés


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