Somos la rueda de la historia


Las colonias españolas de América Central y del Sur conquistaron su independencia como resultado de la lucha de liberación nacional contra el yugo colonial español. Aunque debido a la deslealtad y traición de la aristocracia criolla que se había apartado del pueblo, la dominación española no fue fácil abolirla. El sistema colonial fue una de las palancas del proceso de la denominada acumulación originaria, contribuyendo a que se concentrase en las manos de la burguesía europea inmensos recursos monetarios imprescindibles para organizar la gran producción capitalista.

Marx en el tomo I de El Capital, apuntó: “El descubrimiento de los yacimientos de oro y plata de América, el exterminio, esclavización y sepultamiento en las minas de la población aborigen, el comienzo de la conquista y el saqueo de las Indias Orientales, la conversión del continente africano en cazadero de esclavos negros son todos hechos que señalan los albores de la era de producción capitalista”.

Acerca del poder omnímodo del Estado, hay un dato histórico que tiene interés por su relevancia y vigencia que trae Marx a colación respecto a la utilización de la fuerza brutal: “…todos ellos se valen del poder del Estado, de la fuerza concentrada y organizada de la sociedad, para acelerar a pasos agigantados el proceso de transformación del régimen feudal de producción en el régimen capitalista y acortar las etapas de tránsito. La fuerza es la comadrona de toda sociedad vieja que lleva en sus entrañas otra nueva”.

De otro lado, el escritor inglés G. Howitt (1792-1879), al hacer referencia sobre lo que allí ocurrió, escribió: “Los actos de barbarie y de desalmada crueldad, cometidos por las razas que se llaman cristianas en todas las regiones del mundo y contra todos los pueblos del orbe que pudieron subyugar, no encuentran precedente en ninguna época de la historia universal ni en ninguna raza, por salvaje e inculta, por despiadada y cínica que ella sea”.

Por cierto, la libertad de conciencia, de culto, de imprenta y de opinión fueron execradas por el papa Gregorio XVI en 1832 llamándola “locura”, “libertad de perdición”, “pestilente error”, “error execrable” y “mortífera plaga”; y al socialismo Pío IX lo llamó “funestísimo error”.

Nuestros antepasados vivieron cargados de cadenas, víctima de la codicia y la tiranía. Las injusticias acumuladas hasta hoy ya no tienen parangón. Por tanto, hay que tener conciencia para las colosales tareas.

Marx trazó: “En los grandes procesos históricos, veinte años son igual a un día, si bien luego pueden venir días en que se condensen veinte años”; de ahí también la necesidad de que los oprimidos y subyugados deben utilizar como táctica los grados de desarrollo, en cada momento, esta dialéctica objetivamente inevitable de la historia; utilizando las épocas de “estancamiento” político para desarrollar la conciencia, la fuerza y la capacidad combativa, es decir, encauzando toda esta labor hacia el objetivo final, tras la capacitación para las ingentes tareas al llegar los grandes días “en que se condensen veinte años”.

El marxismo no trae un humanismo sentimental y resentido; Marx no se ocupó de los trabajadores y trabajadoras que están oprimidos, para lamentarse de su opresión. Por el contrario, demostró cómo pueden liberarse de la opresión y abrir el camino hacia todas las posibilidades humanas; tampoco se intereso en que ésta sea una clase débil, sino en la medida en que ésta es una fuerza; no porque es ignorante, sino porque debe asimilar y enriquecer el conocimiento; no porque la burguesía la haya sumido en lo inhumano, sino porque lleva en sí mismo el porvenir y rechaza como inhumana toda la vanidad burguesa; en una palabra, el marxismo ve en los desterrados de la burguesía su devenir y su posible. Sobre esto que no hayan dudas de ninguna especie.

Cada modo de producción tuvo un período de crecimiento, de apogeo, inclusive hasta de locura y criminalidad, de declinación hasta sufrir su crisis final. Porque en caso contrario sería como admitir la historia de crímenes que nos precedió y la lucha del hombre contra el hombre y la explotación del hombre por el hombre. La historia de cada modo de producción se ha desarrollado de manera dramática, a través de múltiples conflictos; pero siempre en el marco del modo de producción, en las condiciones que les ofrecía la estructura social. Esta es la dialéctica de la historia, el devenir y lo posible que nada ni nadie podrá contener, que científicamente develó Marx. Somos la rueda de la historia. ¡¡¡Viviremos y Venceremos!!!

albertovargs30@hotmail.com


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Alberto Vargas

Abogado y periodista, egresado de la UCV, con posgrado en Derecho Tributario y Derecho Penal. Profesor universitario en la cátedra de Derechos Humanos

 albertovargas30@hotmail.com

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