Socialismo vs revolución democrática (III)


Hemos afirmado que el socialismo real fracasó porque sus fuerzas productivas nunca llegaron a superar o a alcanzar el desarrollo de las fuerzas productivas capitalistas, por lo que no pudo imponerse mundialmente y su economía permaneció como marginal, restringida sólo a un grupo poco numeroso de países. Hemos señalado también que existe la necesidad imperiosa de desarrollar las fuerzas productivas, como condición previa a la instalación del socialismo en los países atrasados, Venezuela entre ellos. Si esto no ocurre, no habrá suficiente riqueza producida, para garantizar que el reparto socialista de la misma cree niveles de bienestar en toda la población, que superen ampliamente las miserias y limitaciones del capitalismo. El socialismo no tendrá éxito en tanto signifique un reparto de riquezas que, si bien elimina la apropiación burguesa de la plusvalía, sólo sirva para hacernos un poco menos pobres a todos.

He allí donde pienso está uno de los aspectos claves del problema. No se trata de construir una nueva comunidad primitiva, muy justa en el sentido de la propiedad colectiva de las riquezas producidas y en su reparto equitativo entre todos los integrantes de la comunidad, pero preñada de importantes limitaciones en relación con el logro de bienestar y la satisfacción de sus necesidades básicas: alimentación, salud, vestido y vivienda segura, donde protegerse de las inclemencias naturales. Es cierto que se trataba de comunidades que no practicaron la explotación del hombre por el hombre, pero ello no significa que se trataba de una situación paradisíaca, sin insatisfacciones y libres de la necesidad imperiosa de trabajar. No eran, nunca fueron, Adán y Eva en el paraíso terrenal, antes de ser expulsados del mismo.

El socialismo no es una respuesta moral ante la existencia de situaciones de miseria inaceptables, desde el punto de vista humano, ni de rechazo ante desigualdades sociales inauditas e injustificables desde parámetros éticos humanitarios. Es el resultado de la lucha antagónica entre unas relaciones de producción y unas fuerzas productivas constreñidas en su crecimiento, contradicción que se resuelve con la aparición de un nuevo modo de producción, que libera a las fuerzas productivas de la restricción existente y permite nuevamente su desarrollo y el progreso social.



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Luis Fuenmayor Toro


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