El colmo del capitalismo

Indudablemente, lo peor del capitalismo son los capitalistas. No hay ningún sistema político malo de por sí (es solo letra muerta), a no ser por los seres humanos que lo conducen. Los capitalistas, en más de doscientos años que tienen dirigiendo el mundo, han dado muestra de hipocresía, ruindad, avaricia, hegemonía, inclemencia, malignidad, egoísmo, inhumanidad, la explotación del hombre por hombre, de ser contaminadores ambientales, despojadores de los bienes ajenos (ladrones), esclavistas, predisposición al crimen cuando de dinero se trata, entre los calificativos que se les podría endilgar para llevar a cabo los depredadores desastres en los que se ha visto envuelto el planeta Tierra.

El más reciente, pero no nada nuevo y no menos aciago, es la repetición del guion de Irak: el manido uso por parte de gobierno Sirio de armas químicas contra su pueblo. La primera pregunta que debemos formularnos. ¿Quiénes son los fabricantes de tales armas letales? La respuesta es irrebatible: sólo los países desarrollados, los antiguos y nuevos imperios, Reino Unido, Francia, Italia, Rusia, EEUU entre otros, son los únicos gobiernos capaces de disponer laboratorios y alta tecnología para producir tales implementos de la muerte. ¿Cuál ha sido el país que ha utilizado armas de destrucción masiva (bombas nucleares) para acabar pueblos enteros? La respuesta indiscutible: solamente USA ¿Cuál es el único país que se arrogó el derecho de bombardear a otras naciones con la excusa de “proteger” la población civil? No cabe duda: EEUU.

De nuevo Obama retoma la excusa de atacar a Siria por el supuesto uso de armas químicas, el mismo testimonio que utilizó durante la infausta guerra contra de Irak y que nunca se comprobó. Voy a tomarme el abuso de utilizar un texto de mi libro “Antología de la estupidez” para recordarle a la derecha amarilla algo que pareciera olvidar:

…Permanecí atónito cuando leí sobre una guerra contra una región de Asia donde una nación invasora vertió ¡42 millones de litros! de material desfoliante, llamado “Agente Naranja”. Este letal veneno fue derramado sobre el 10 % del Sur de Vietnam por aviones norteamericanos y sur vietnamitas. Resultado de esta infamia: la destrucción de la flora y la fauna del país asiático, convirtiendo antiguos y hermosos sotos en eras improductivas, en tierras yermas, similar a las zonas desérticas inhabitables del planeta. Algunas de los sobrevivientes de esta atrocidad sufren de cánceres ligados a este producto químico. Muchos de los finados combatientes, 58 mil, regresaron a los EEUU en un catafalco envuelto en una bandera, estos fueron premiados con la colocación de su nombre en una pared, al mismo tiempo, de los 1.7000 desaparecidos. De seguro, que los más de tres millones de muertos vietnamitas no cuentan en la estadística norteamericana. Tal monumento simboliza la estupidez de los hombres quienes van a matar y a matarse a lugares lejanos simplemente porque un líder ungido los envía a esta misión…

Razones de sobra hubiese tenido de la ONU para preparar un ataque contra los EEUU con la finalidad de detener los crímenes de lesa humanidad que aquellos asesinos cometieron contra un pueblo obligado a defenderse, primero contra el imperio francés y luego en la denodada ofensiva contra el imperialismo yanqui. Pero la hipocresía de los imperios no llega hasta aquí. La lucha antidroga es otra excusa para colocar bases militares en países lejanos a USA. Es bueno recordar los años 1839 y 1856 cuando el Reino Unido invadió a la China para imponer el consumo de opio, trayendo como consecuencia nefastas enfermedades, hasta la muerte de millones de sus pobladores. Y si de la hipocresía sobre las drogas se trata, como olvidar un episodio tomado del libro referido anteriormente:

…Luego estuve al corriente de la llamada guerra Irán-Contra, un acontecimiento político ocurrido entre 1985 y 1986. En este ilícito se acusó a altos funcionarios del presidente del gobierno de los EEUU para esa época, Ronald Reagan, por la presunta organización de una red de tráfico ilegal de armas con destino a Irán, en guerra por entonces contra Irak, cuyas ganancias irían a financiar la Contra nicaragüense y la realización de acciones terroristas contra Nicaragua. Todo esto, consecuencia de una razón ideológica, dado que el gobierno de esta pequeña nación estaba constituido por los miembros del Frente Sandinista de Liberación Nacional, en franca oposición con el gobierno estadounidense. El aspecto más turbio de esta triangulación (Irak-Irán-Nicaragua) fue las operaciones, algo lóbregas, en el Banco de Crédito y Comercio Internacional (BCCI) que operaba en EEUU, cuyo principal accionista era la casta Big Laden, socios muy cercanos a la familia Bush en el negocio petrolero. En dicha entidad financiera se permitió que en sus cuentas los traficantes de cartel de Medellín lavaran dinero procedente del tráfico de drogas para financiar la Contra, mediante un presupuesto “negro” de lo cual estaba enterado el gobierno de USA. En el año 1992, el vicepresidente George Busch (padre del recién salido presidente), indultó a los seis altos funcionarios encarcelados por aquel delito. Es evidente, las leyes terrícolas son muy sui géneris. El negocio de la droga es malo, siempre y cuando lo comercialicen particulares, cuando lo hace el gobierno deja de ser delito; sino que le pregunten a los españoles, británicos y estadounidenses. Lo más risible de todo, es que el hijo de quien indultó a los delincuentes fue elegido luego presidente de los EEUU y quien mantuvo una cruenta invasión a Irak y un moderno comando militar en Colombia, con el manido argumento de combatir la droga. Cosas de las democracias terrícolas, quienes consideran a ésta como la mejor forma de gobierno… Si buscamos razones para intervenir, existen múltiples para enviar misiles contra el Pentágono y destruir esa máquina infernal capaz de acabar y devastar civilizaciones enteras, sólo para imponer un modelo político y apoderarse de las fuentes de energía de otros países.

Si los malos destruyen a los buenos es por culpa de los buenos, quienes todavía no han sabido sostenerse para gobernar. El problema estriba en que la guerra es un negocio fabuloso y enormes sumas de dinero manchadas de sangre se mueven paralelamente a la fabricación y venta de armas. Para el 2009 los gastos militares de EEUU alcanzó la bicoca suma de 1.531 mil millones de dólares y las grandes fábricas de armas como la Lockeed Martin del país referido tuvo una utilidad 2.459 mil millones de dólares y la Boeing, una no despreciable suma de 2.672 mil millones de dólares. Insistiendo con la misma nación del norte de mayor carrera armamentista, esta les vendió a sus países aliados 229,9 mil millones de dólares. Ante tales evidencias y descomunales cifras que a un pobre mortal no le cabe en el cerebro, imposible especular sobre el fin de las guerras. ¿Cómo un presidente puede hablar de la paz mundial cuando 90 millones de los 300 millones de habitantes de USA tienen en su poder 200 millones de armas de fuego? Se cuestiona el negocio de la droga por los males que le causan a la juventud y qué peor negocio que el de las armas de guerra que acaba con la vida de miles de jóvenes ante la mirada impertérrita el estoicismo de la humanidad.

El señor Obama, presidente de los EEUU, premio Nobel de la Guerra, perdón de la “Paz”, y sus aleados capitalistas están empeñados en destruir un planeta que no les pertenece. Juzgo, por su comportamiento, que la historia no les enseñó nada, las ciudades arruinadas, los muertos militares y civiles, los clamores de los huérfanos, las viudas, los mutilados y los desesperados por la paz no tienen cabida en los planes bélicos de los comerciantes de la necrofilia. Sólo los mueve un interés: el dinero para hacer más dinero. Ojalá que a sus herederos y a sus pueblos, después de una inhumana conflagración, les quede un pedazo de planeta en que invertir sus capitales.

Hagamos que el llamado a la paz de nuestro presidente chavista MM se oiga en todo el planeta. Recurramos a las redes sociales para multiplicar un mensaje de paz y denunciemos los planes guerrerista del premio nobel de la paz cuya única finalidad es apropiarse, para los aciagos consorcios energéticos, los codiciados pozos de crudo colocados en otros lugares del planeta. Lo demás es pura hipocresía.


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Enoc Sánchez


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