El error de los neo-socialistas


Al plantearse el debate sobre el socialismo del siglo XXI, se nota la ausencia de cierta sistematización y originalidad en la exposición que hacen algunos a favor de esta propuesta ideológica, contentándose con repetir las consignas vertidas por el gobierno venezolano y las afirmaciones del Presidente Hugo Chávez. Lo peor que hacen estos neo-socialistas es ignorar adrede el inmenso aporte hecho al ideal socialista por Carlos Marx, Federico Engels, Lenin y la legión de hombres y mujeres que, desde hace dos siglos o más, estuvieron luchando por brindarle a la humanidad una alternativa revolucionaria al capitalismo. Para ello se justifican alegando que se trata de un nuevo socialismo, por lo que no es necesario escudriñar cuáles podrían ser sus antecedentes históricos, menos aún revivir esa terrible realidad de la lucha de clases que divide a la sociedad contemporánea, cuando se pretende implantar la solidaridad y la participación democrática de todos por igual.

Sin embargo, esta posición acomodaticia se inserta fácilmente en lo que es el reformismo, algo completamente incompatible y contrario a la revolución; de ahí la importancia de un debate teórico serio que no eluda referirse a la lucha de clases y a la necesidad revolucionaria de desmontar el actual Estado burgués, de modo que el pueblo tome conciencia cabal de la dirección que se busca seguir y contribuya con su participación activa a crear las bases para que se dé el cambio estructural requerido. Por eso se observa a personas con un adoctrinamiento socialdemócrata abrazar la consigna del nuevo socialismo propuesto por Chávez, creyendo que el mismo es una simple moda o referencia del proyecto bolivariano encarnado por éste, pero que no implicará nada raro en medio de la realidad venezolana, esto es, que no producirá ningún cambio traumático y permanente en la sociedad. Un error que deja intacto, además, uno de los elementos fundamentales trazados por el proceso bolivariano, aunque con escaso énfasis, el cual es la lucha anticapitalista, cuestión ésta que sólo puede enmarcarse abiertamente en la lucha por el socialismo. De allí que exista cierto resquemor o desconfianza al hablarse del socialismo como antesala o transición hacia el comunismo y se comparta la campaña mediática generada por los sectores opositores más reaccionarios, independientemente de si se es dirigente, burócrata o militante de base.

Esta circunstancia limita tremendamente que el proyecto bolivariano disponga de una ideología que lo caracterice y sobre la cual se asienten los cambios sociales, políticos, económicos y culturales que comenzarían a gestarse en Venezuela. Por otra parte, la resistencia cultural que le oponen los integrantes del gobierno, ora nacional, ora regional o local, además de quienes fungen de conductores del proceso bolivariano, al relegar a un plano marginal la investigación, la difusión y la confrontación ideológica y limitar el protagonismo y la participación populares en la toma de decisiones, hace inviable la propuesta del nuevo socialismo, de modo silvestre y espontáneo. Esto obliga a que sean los sectores realmente revolucionarios los llamados a abordar esta carencia y nutrirla con las experiencias que vayan adquiriendo las masas, de manera que éstas se tracen la meta de la toma del poder y lo ejerzan verdaderamente, consolidando y expandiendo los logros revolucionarios y progresistas hasta hoy alcanzados. Para ello han de articularse redes de comunicación y realizarse encuentros que permitan el intercambio de conocimientos y experiencias, aparte de planificar acciones tendentes a asegurar esta articulación de esfuerzos.

El error de los neo-socialistas es pretender la construcción del socialismo del siglo XXI sin acudir a sus fuentes históricas y filosóficas. Aunque esto no sea un asunto cardinal imprescindible, no deja de tener su asidero, ya que el mismo permite vislumbrar el tipo de sociedad a construir. Además, al considerar el legado socialista desde su irrupción en la historia mundial y los desaciertos y desviaciones cometidos en su nombre, se podrá precisar mejor cuál y cómo sería ese nuevo socialismo que podría ver su luz en la Patria del Libertador Simón Bolívar. Desconocer todo esto haría más fácil el camino de regreso al pasado puntofijista, con un reformismo dueño del Estado, bien posicionado en función de sus intereses particulares, capaz de emprender con saña una persecución en contra del movimiento revolucionario, todavía mayor que la llevada a cabo por el régimen bipartidista de AD y COPEI durante cuarenta años. Es imperativo, por consiguiente, que los revolucionarios, vísceralmente identificados con el ideario socialista, acometan la tarea de hacer la revolución, sin que ello represente una subordinación frente al sector reformista por ahora posesionado de las instancias de gobierno, sino –más bien- la fórmula de la cual se dispone para librar de acechanzas internas y externas al proceso revolucionario bolivariano.-



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Homar Garcés


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