Realicemos la utopía

El argumento que pretenden más concluyente los capitalistas y los que prefieren hundir a la sociedad humana en la miseria antes que renunciar a hacer fácilmente dinero, es que cualquier otro modelo que no sea el que ahoga a los países occidentales es utopía. Desprecian la utopía, atacan a la utopía y persiguen al idealista…

No saben los ignorantes que utopía fue la abolición de la esclavitud, que utopía fue el sufragio femenino, que utopía fue el reconocimiento universal de los derechos humanos, que utopía fue la superación de los siglos oscuros del medievalismo, del vaticanismo, del despotismo, del tenebrismo; que, al menos sobre el papel, el reconocimiento de la dignidad humana sin distinciones fue una utopía hoy hecha realidad. Que no hay modelo que supere a la democracia capitalista lo dicen los que se enriquecen en el capitalismo, pero también los indolentes y abúlicos que prefieren no molestarse a reaccionar frente a la injusticia y al crimen social.

La historia de la humanidad es la historia de la utopía que en algún momento dejó de serlo. No otra cosa son las conquistas sociales. Conquistas comenzadas primero por minorías y refrendadas luego por inmensas mayorías alzadas frente el abuso, la injusticia y la abominación.

No se ha encontrado todavía la fórmula para erradicar el crimen o la guerra, las más grandes utopías, pero todas las energías de los hombres y mujeres de bien del mundo van dirigidas a conseguirlo.

El capitalismo, ahora financiero, es una peste incurable. Su espíritu de depredación destruye el planeta, su alma de dominación mina a la sociedad y potencia la desigualdad, su urdimbre contiene el veneno que rompe el equilibrio dentro de cada país, entre las naciones y la paz en el mundo. No hay reposo…

La propia negación de cualquier otra posibilidad que no sea la lucha de clases perdida para los socialmente más débiles, o la pugna entre los poseedores del poder y del dinero y los que se ven obligados a combatir como gladiadores para conseguir un puesto de trabajo y con ello la subsistencia, mueve a sublevación. Los efectos de los desequilibrios económicos mundiales provocados por unos pcoos, los están soportando sus víctimas. Y lo que es peor, la filosofía ideológica que subyace en todas las decisiones políticas, lejos de corregir los efectos nefastos de los mercados y de los mercaderes, asienta principios y políticas execrables que los empeora. Todavía más.

Sin embargo hay otras alternativas. Unas ya existen, otras son cosa de la imaginación. Desde luego el socialismo real -no el falseado y edulcorado por la socialdemocracia- no es una utopía. El cooperativismo, el kibuz, el falansterio y la comuna no son utopías. Son realidades organizativas productivas, modelos socioeconómicos vivos movidos por la voluntad de una justicia social que el capitalismo no sólo no maneja como fin, sino que la combate. Sólo se precisa de la voluntad general para aplicarse. El socialismo es el control por parte de la sociedad organizada tanto de los medios de producción como de las diferentes fuerzas del trabajo. El socialismo implica una planificación y una organización colectiva responsable y consciente de la vida social y económica. Las demás souliconoes sociales, políticas y económicas son variantes del socialismo según puntuales factores sociológicos.

Está demostrando que, por ambición patológica o por incompetencia digna del patíbulo de los dirigentes en general: políticos, medios, banca y empresariado, tanto en el mundo como en este país, la "realidad" social de estos últimos cien años ha fracasado. Por consiguiente, urge realizar la utopía de transformar el sistema de modo que se haga irreconocible.

Creo que hasta los gnósticos vaticinan una elevación tal de la conciencia de todos los individuos del planeta, que viene a ser la redención. Contribuyamos a ello. Movilicémonos para lograr la mundialización tanto de los productos de la tierra como los logrados graciasal ingenio para que cada ser humano tenga una vida sin zozobra. Aunque ya digo que otras posibles soluciones, acabo de proponer el comunismo marxista, revisado y correctamente interpretado.

richart.jaime@gmail.com


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Jaime Richart


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