Carta abierta al presidente de la República Bolivariana de Venezuela

Ciudadano Hugo Chávez Frías Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela

Quien le escribe es un ciudadano del común que le pide de antemano excusas por tener que utilizar un medio de comunicación social al no tener la posibilidad de que esta correspondencia le llegue por otra vía, dado lo imposible de atravesar los múltiples anillos de seguridad que lo rodean, además de sus múltiples ocupaciones que como presidente le impiden ocuparse de cada petición y cada nota que le es dirigida.

A manera de presentación  quiero señalarle que soy  un profesional de la medicina ya jubilado, que desde la adolescencia ha simpatizado con la causa de los humildes y de los desposeídos en general, habiendo sido opositor muchas veces activo en contra de la dictadura de Pérez Jiménez, y de los malhadados gobiernos de la cuarta república. Aparte de los cinco años en  que modestamente formé parte de la bancada opositora en el Congreso Nacional, periodo 1993-1998, durante el cual fungí como político profesional, he sido más bien a lo largo de mi vida, un profesional con inquietudes políticas, actualmente sin ligaduras partidistas, pero desde el punto de vista ideológico, básicamente ligado a la concepción marxista de la historia, desilusionado ante la caída del llamado “socialismo real” y asqueado ante el vuelco hacia la derecha de muchos de los que encabezaron la rebelión en contra del sistema y el imperialismo durante la cuarta república. Es así que al igual de muchos otros viejos militantes de la izquierda, que habíamos perdido la esperanza de ver antes de morir un verdadero cambio en el errático camino por el que era conducido el país, se nos iluminó la vida con lo que significó su llegada al poder.

Presidente, hoy después de doce años del inicio de este proceso que usted lideriza, me siento alarmado ante lo que considero es un flanco muy débil del mismo, ya que representa una importante desviación en un movimiento que pretendiendo ser revolucionario, y ufanarse en las palabras de presentar una nueva cara del socialismo, que rompe con la verticalidad burocrática imperante en “el socialismo real”, y ofrece el acceso a las masas populares organizadas a las decisiones de poder y a la fiscalización directa de la administración del Estado en todos sus niveles. Siendo que en estos momentos ese ofrecimiento, a mi criterio, se aleja de la realidad, dado que los cogollos enquistados en la administración pública desde las altas esferas hasta los cargos burocráticos de base, con honrosas excepciones, no solo distan de ser revolucionarios, sino que jactándose de serlo representan una nueva burguesía, si se quiere peor que la neo liberal que pretenden combatir, ya que desde el poder, con sus acciones abusivas, prevaricadoras y manipuladoras a favor de sus propios intereses, confunden, crean la apatía y el desanimo, o directamente corrompen al pueblo al cual deberían ganar con su ejemplo, en pos del desarrollo de una verdadera revolución socialista deslastrada de los errores del pasado.

Nadie se explica el tren de vida dispendioso de funcionarios y su familia, hasta ayer calificados como “patas en el suelo” por la sabiduría popular. Como uno entre muchos ejemplos de casos concretos, infórmese si es que no lo sabe, quiénes son la mayoría de los dueños de las quintas y embarcaciones de lujo en la zona de Higuerote, me imagino en muchos casos con testaferros interpuestos. Ni que decir de viajes al exterior al mejor estilo carlosandresista de la Venezuela saudita, consumos constantes en restaurantes de lujo, con rancio escocés en abundancia pagado en efectivo, y compras estrafalarias que se cuantifican en miles de dólares.

Funcionarios que fracasan en misiones encomendadas de tipo administrativo, o político, son reciclados a otros cargos de importancia (con la anuencia o directamente por indicación suya, presidente), y otros camaradas eficaces,  probos y con verdadero espíritu revolucionario son desplazados, como en los casos de los camaradas ministros Samán y Vielma Mora (a quienes no conozco personalmente ni me unen vínculo alguno como no sea el deseo de hacer patria), y hasta expulsados del PSUV o empujados a renunciar a la militancia en el mismo, como en estos últimos casos sucedió con el camarada diputado Tascón y el camarada general Muller Rojas, acompañado esto con la mayor de las hipocresías al considerarlos grandes revolucionarios después de muertos por los mismos que auparon su caída.

Presidente, me duele profundamente el tener que soportar a diario las críticas hacia la corrupción e ineficacia desatadas, provenientes estas no solo de los niveles de las clases altas y medias de nuestra sociedad, sino a nivel de estratos sociales que deberían acompañar a este proceso por razones obvias de conveniencia clasista, dolor acompañado de confusión, al observar el apoyo que desde las alturas del poder se les da a muchos descalificados personajes que en función de cargos tanto políticos como burocráticos no se distinguen en lo absoluto en la práctica a sus equivalentes de la cuarta república, dando la sensación de que no hay a quien reclamarle, ya que en la mayoría de las ocasiones, aquellos que se atreven a denunciar la incapacidad y la corrupción son tildados como contra revolucionarios, y expulsados de sus cargos si son empleados públicos o trabajan para alguna corporación gubernamental. Pareciera como si la lealtad  e incondicionalidad hacia su persona son el único aval para calificar como buenos revolucionarios a cualquier número de personajes que por sus hechos  representan la antípoda de la revolución. Es más, en una de sus alocuciones  expresó usted claramente que quien no estaba con su persona no estaba con el pueblo, ya que usted era el pueblo. Cuando la palabra “pueblo” no tenía el peso especifico que hoy representa, Luis XIV de Francia también dijo: “el Estado soy yo”. Al respecto quiero aclararle acorde a mi modo de pensar, que la lealtad al líder no puede ser incondicional, y sí condicionada a la línea ideológica seguida por el mismo, y a la consonancia entre sus palabras y sus acciones en el camino hacia un objetivo común,  camino este delimitado por la fluidez critica comunicacional en ambas vías, entre el líder y sus seguidores y viceversa. Si el líder pretende ser seguido ciega e incondicionalmente en sus decisiones personales dadas sus virtudes mesiánicas, deja de ser líder para transformarse en caudillo autocrático, tal como fueron entre otros, Francisco Franco “caudillo de España por la gracia de Dios”, o un delirante fronterizo con los límites de la locura como el reich Adolf Hitler, o Joseph Stalin cuya paranoia le impulsó entre muchos otros errores, a purgar a la mayoría de los verdaderos revolucionarios del Comité Central del Partido Comunista Soviético, para así tener mano libre en sus decisiones personales desde el poder. En nuestro país desde Páez, hasta Alfaro Ucero hemos estado saturados de caudillos con las consecuencias que todos conocemos.

Temo, y la pérdida progresiva de votos a favor de este proceso creo me lo confirman, que en tanto se encuentre “vivito y coleando” el “nido de alacranes” de su entorno cercano, y las mafias de incapaces y corruptos que de ellos se derivan, representantes todos de la derecha endógena dentro de este movimiento que pretende ser revolucionario, se hace factible la posibilidad de la vuelta al poder de esa oposición renegada y vende patria, esta vez ansiosa en el menor tiempo posible de vender al país, antes de que vuelva a tomar cuerpo la reacción popular. 

Por otra parte quiero reconocer como asertiva y patriótica su política internacional, y las muchas reivindicaciones que en materia social se han logrado en nuestra patria, propulsadas fundamentalmente por usted, a pesar de los obstáculos interpuesto en el camino por las rémoras antes señaladas, pero recordándole también, que para el logro de una revolución que nos lleve a una verdadera independencia político económica se necesitan verdaderos revolucionarios, ya que como dijo él Ché, “no se puede hacer una revolución sin revolucionarios”.

En un loable esfuerzo por cambiar lo que está marchando mal, la dirección del PSUV,  léase el presidente del partido es decir usted camarada presidente, acaba de emitir las directrices a cumplir en estos dos años preelectorales, es decir las llamadas líneas estratégicas, espero que con las mismas se logre cambiar en lo fundamental el rumbo torcido que acorde a mis señalamientos anteriores amenaza a este proceso de cambio. Sin embargo temo el boicot para el cumplimiento de las mismas, que por acción u omisión parta de aquellos “rojos rojitos” de la derecha endógena, infiltrados en lo más profundo del corazón de la revolución.

Bueno presidente, hasta ahora había venido callando ante el chantaje de no dar armas al enemigo, pero ya es imposible callar ante las aberraciones contra revolucionarias antes expuestas, espero pueda leer esta misiva, y espero también sepa entender la forma directa de mis planteamientos sin adornos loatorios a los cuales soy ajeno, quedando de usted atentamente con el mayor de los deseos por la consecución de una patria verdaderamente libre, igualitaria y soberana.

                                                          arnaldocogornoc@gmail.com



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Arnaldo Cogorno C


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