El sentido liberal de la oposición a Chávez

En este contexto tan dinámico que vivimos los venezolanos, buena parte de nosotros no está plenamente consciente del contenido ideológico que se desprende del accionar en el espacio público. Habría que recordar acá el sentido de la categoría de alienación planteada por Carlos Marx (manuscritos de 1844, la sagrada Familia, la Ideología alemana 1845-1846) eso es como un conjunto de acciones destinadas a justificar y preservar el orden material de las formaciones sociales, haciendo ver a los colectivos la imposibilidad – y por lo tanto la normalidad- de cambiar esa situación. En un sentido más actual – en los términos planteados por Enrique Dussel (20 Tesis sobre Política, 2010)- esa alienación facilita la “fetichización” del poder, en cuanto se justfiica y asume la imposibilidad de superar la dominación.

Este tema de la alienación, es vital para entender buena parte de los planteamientos que hacen los sectores opuestos al presidente Chávez, quién sin duda viene señalando un camino de reflexión política e ideológica que rompe los paradigmas – o pretende hacerlo sí queremos ser no tan absolutos- que han caracterizado el debate ideológico en los años finales del siglo XX y lo que van del Siglo XXI. La idea de replantearse los problemas del Socialismo no es nueva. Debe recordarse con propiedad – y justicia agregaría- el esfuerzo de José Carlos Mariátegui por generar una reflexión desde la realidad Nuestra Americana., pues no debe dejar de plantearse que las tesis sobre el Socialismo planteadas por Marx son esencialmente europeocéntricas y no ajustadas – a pesar que los problemas de la explotación son mundiales- al desarrollo productivo de Nuestra América. En este contexto, pensar nuestra realidad en el marco de una filosofía de la liberación, eso es como un horizonte utópico realizable, es un compromiso. Al hacerlo, debemos ser profundamente dialécticos pensando en los “otros”, en aquellos que sin coincidir con nuestros planteamientos también subyacen en una base ideológica, aunque estén alienados de la misma.

Todo esto lo decimos a propósito de las discusiones que se han generado por la reciente aprobación por parte de los miembros de la Asamblea Nacional de Venezuela (ANV) de un conjunto de normativas legales entre las que cabe citar La ley Habilitante, la ley del Poder Comunal, la modificación de la ley Orgánica de Telecomunicaciones, Ley de la Economía Comunal, entre otras. Todas ellas han sido denominados por los sectores opuestos al gobierno de Chávez como “leyes Cubanas”, intentando con ello plantear un choque cultural que permita –bajo un marco interpretativo- la movilización de amplios sectores de la población, con el objeto de “impedir el avance de la dictadura” (tal como lo plantea Globovisión). Tras de ello subyace un planteamiento ideológico, profundamente liberal que forma parte de los sustratos de diálogo y comunicación usados por los opositores a Chávez.

Cuando se expresa que el gobierno de Chávez es ilegítimo, no se hace sino repetir los supuestos teóricos sobre los cuales John Locke – filósofo liberal- caracterizaba el Contrato Social entre los ciudadanos y el gobernante. En el planteamiento liberal de Locke, cuando un gobierno traicionaba la confianza de sus súbditos estos tenían el derecho a derrocar al gobierno por cualquier medio. ¿Cuáles eran las condiciones que caracterizaban esa traición de la confianza? La respuesta viene de un conjunto de acciones que eran consideradas como abuso de confianza: 1) el gobierno no puede destruir o empobrecer a sus súbditos, 2) no podía gobernar mediante decretos no consultados con las elites, 3)no podía apoderarse de la propiedad de un hombre sin su consentimiento y 4) no podía transferir sus poderes a otros.

Estos aspectos guardan relación con lo sucedido en este momento, y sirven para enmarcar a los sectores opuestos a Chávez – colectivos sociales, grupos políticos, partidos, asociaciones civiles- como liberales sin saberlo. Una muestra más de su alienación. ¿Por qué oponerse a la ley del Poder Comunal o la Ley de la Economía Comunal? La oposición, viene del hecho de la transferencia cierta del poder constituido – poder factico o mandar-mandando en el sentido de Enrique Dussel- a los sectores organizados. Ese hecho implica una ruptura de las relaciones de poder que son la base misma de la estructura de dominación sustentada sobre las relaciones económicas típicas de las sociedades tardo-capitalistas. La posibilidad que sectores sociales organizados, más allá de las relaciones de poder de los partidos o grupos económicos, pasen a “administrar” recursos financieros es asumida como una transferencia de poder inaceptable en el sentido liberal planteado por Locke. Es una “traición” tal como él mismo lo define y justifica una rebelión o derrocamiento. Los recursos económicos – base de sustentación de los privilegios sobre los que construimos relaciones de subordinación o sumisión- sólo deben ser administrados por los sectores tradicionales. Nada más peligroso que proceder a una “atomización” del poder producida por transferencia.

Cuando la ANV se plantea reglas para asegurar el acceso a los beneficios económicos, intentando con ello evitar la especulación y la falsa satisfacción, no se adelanta una acción de salvaguarda a los derechos difusos de los ciudadanos. Lo que ocurre en la mente alienada de estos sectores – liberales- sin tener conciencia de ello, es un proceso de empobrecimiento del capital privado. No logran entender – por aquello de la alienación- que de lo que se trata es que la prosperidad no viene derivada de la inversión que el gran capital hace, sino de la mejora en los mecanismos de distribución, evitando con ello la especulación y el robo legalizado. Pero al hacerlo el gobierno de Chávez, quién mediante decretos intenta controlar las especulaciones y falsas promesas del mercado inmobiliario, o del mercado agrícola o ganadero, lo que hace – en esta lógica fetichista y alienada- es conducir irremediablemente a lo pobreza. Para ellos la prosperidad viene como una acción del sector privdo, ignorando con ello las lógicas de apropiación del capital. La verdad choca contra esta extravagancia. Así lo demuestran el Índice de Gini, que reflejan como nuestro país tiene niveles de distribución muy cercanos a 0, que en la lógica de la fórmula indica una menor inequidad. No obstante, este aspecto no se asume y por el contrario se reproduce la idea – en el sentido hegeliano- que el Gobierno nos conduce a la pobreza y por ello se justifica su derrocamiento. Eso es lo que deriva al mismo tiempo en la defensa absoluta de la idea de libertad propuesta desde el liberalismo postcapitalista.

Esa libertad es asumida como realización plena de la condición individual. Lo colectivo, lo social no entra en este planteamiento político, pues lo esencial en los supuestos paradigmáticos del pensamiento liberal es el individuo mismo. No debe haber restricción a su libertad de expresión, no importa sí lo que se expresa causa zozobra o alarma, eso es un acto de libertad que no debe ser comedido y mucho menos. Es ese el planteamiento que subyace a los resquemores derivados del control sobre los conceptos emitidos a través de internet, que implican llamados a la desobediencia civil, al irrespeto e incluso al magnicidio. Plantearse el control es un “atentado contra la libertad” e inmediatamente la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) organismo adscrito a la Organización de Estados Americanos (OEA) protesta, pero resulta infructuoso buscar una reacción de este organismo cuando la administración de George W.Bush (2000-2008) decreto la Ley Patriota que autorizaba al Estado Norteamericano a intervenir correos, detener sin causa comprobada y limitar el acceso a la defensa a todo aquel sospechoso de atentar contra la seguridad del Gobierno. La duplicidad de la norma es una muestra más del control fetichista del poder. En el caso venezolano no hay limitación al uso de internet, tampoco ninguna restricción, lo que sí hay es una asignación de responsabilidades por el uso y los conceptos ahí emitidos.

De lo que se trata es entender el efecto que la alienación tiene sobre los sectores opuestos a Chávez y como la mayoría de ellos, sin saberlo son profundamente liberales, manejando una ideología – como expresión de los intereses de un grupo sobre otro- que no se responsabilizan en aceptar. El conflicto en Venezuela es un conflicto ideológico. Es un choque entre la ideología liberal y sus seguidores alienados y quienes sostenemos una revisión crítica del Socialismo y su apertura a un sentido democrático y participativo, que se aleje del dogmatismo del mal llamado Socialismo Real del Siglo XX (Cuba, Rusia, China, entre otros). En este sentido, los que impulsamos este modelo de Socialismo del Siglo XXI, también debemos enfrentarnos con el dogmatismo alienante de los que quieren repetir las “recetas” stalinistas de construcción. Creemos que la solución la provee el planteamiento de Enrique Dussel de una Filosofía de la Liberación como construcción de un poder obedencial en contraposición de un poder como mandato, mucho menos democrático y abierto. Las posibilidades están a favor de los que proponemos un Socialismo Democrático en el siglo XX.

Dr. Juan Eduardo Romero

Historiador

Juane1208@gmail.com


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Juan Eduardo Romero

Dr. Mgs. DEA. Historiador e Investigador. Universidad del Zulia

 juane1208@gmail.com

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