El Alma Muerte

¡Ay de aquel, que es indiferente ante el dolor ajeno!

En la entrada del cementerio de la hermosa villa de El Bariquí, en Zamora, impresiona leer la siguiente sentencia: “No están muertos quienes descansan en la tumba fría, sino quienes tienen el alma muerta y viven todavía”. ¿Pero qué es tener “el alma muerta”? Para darle respuesta a esta interrogante permítasenos aquí, una breve reflexión etimológica. La palabra alma viene del vocablo griego psique, principio vital que permite a los vivientes existir; también significa el aleteo o vuelo de la mariposa. Para los antiguos pueblos indoeuropeos no había nada más parecido al movimiento de las alas de este insecto al volar, que el alma humana. En el mono sabio el aleteo de su psique es el interjuego de sus pasiones; lo que transmuta la tristeza en alegría, el amor en odio, la ira en serenidad o viceversa de todas las anteriores. El dejar de existir en griego antiguo es el thanatos; muerte natural o violenta, morada de los muertos, fin terrenal.

Observamos que en la expresión “el alma muerta” se enlazan en una unidad de contrarios hegeliana, dos conceptos diametralmente opuestos: la psique, principio vital y el thanatos, principio aniquilador de lo que está vivo. ¿Pero, en esta síntesis dialéctica quién domina: la vida a la muerte o el óbito a la vida? Lo dicho anteriormente nos permite inferir que: “Quienes tienen el alma muerta y viven todavía” son los que están realmente muertos; ya que llevan una existencia mediocre, indiferente, hundida en las apariencias (las ideas superficiales que nos hacemos de las cosas y de las gentes), en lo fatuo, lo ridículo, lo contingente, en la parte poco importante de la existencia cotidiana, lo rutinario y tedioso, no existen realmente, no se preocupan por su prójimo.

Quienes tienen la psique hundida en las profundidades del Hades no leen, ya que desconocen que el mejor amigo del ser humano no es el perro, sino el libro, no saben que las personas que leen valen más, no reflexionan sobre las graves dificultades de la vida en general, sino que se aferran a las cosas insignificantes del existir, “ no tiemblan de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo”, carecen de espíritu justiciero, no ayudan al más débil, enseñándole a defenderse del poderoso.

Los que tienen el alma dominada por el thanatos viven una vida inútil, carente de ideales, no han comprendido que la existencia no es digna de ser vivida, sino cuando la ennoblece un ideal social. Los que le rinden culto a la parca Átropos, están llenos de cobarde apatía, creen olvidar en el alcohol, las drogas, la música estridente, el desenfreno lujurioso, la alienante y estúpida telenovela, el oligofrénico programa de concursos que están sumergido en un orbe de problemas que exige soluciones a corto, mediano y largo plazo.

Nuestro transcurrir por la vida, no es más que un perpetuo devenir de situaciones, y una búsqueda eterna de soluciones. A todo problema le corresponde una solución, pero no necesariamente una solución corresponde sólo a un problema. Existir por existir, sin darle frente a las dificultades existenciales es estar muerto en vida. Mucha gente anda por los caminos intrincados de su cotidianidad, con el alma muerta; es pues necesaria una resurrección de esta ante los avatares de la existencia.

El cobarde vivencial, quien elude su responsabilidad existencial muere moralmente cien veces, si otras tantas reniega por miedo; y como dijo el filósofo argentino José Ingenieros: “Es vil quien prostituye sus creencias en la hora del peligro, mintiendo para ganarse el perdón de sus propios enemigos. La cobardía moral, el no quererse enfrentar a la responsabilidad de la vida es de suyo tan infame que ninguna pena podría aumentar su vergüenza, y la mayor de todas las cobardías consiste en callar la verdad para recoger las ventajas que ofrece la complicidad con la mentira. Las verdades pueden ser peligrosas para quienes las predican. La verdad es la más temida de las fuerzas revolucionarias; los más pequeños motines se fraguan con armas de soldados, las grandes revoluciones, aunque impliquen el uso de las armas, se hacen con doctrinas de pensadores”. ¡El Galileo murió por la verdad de sus ideas en la Cruz!

“Los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos. ¡Viven para siempre!” Desde ya, rescatémonos a nosotros mismos; proclamemos la necesidad de la justicia social, de una equitativa distribución de las riquezas y del rescate de las fuerzas morales que hacen grande a un pueblo y a una Nación. Cese la mediocridad y la indiferencia, pasemos a las acciones constructivas. Construyamos el Socialismo del Siglo XXI.


(*)Director de Educación y Desarrollo Social de la
Alcaldía Bolivariana y Socialista de Los Taques

jesusfreites11@hotmail.com>


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Jesús Muñoz Freites

Filósofo. Docente. Cronista Oficial del Municipio Los Taques en el estado Falcón

 jesusfreites11@hotmail.com      @camaradatroski

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