(Respetemos la Crítica que Marx nos dejó)

Conozcamos el Capitalismo

Cuando conocemos los panegíricos a favor del capitalismo solemos pensar que se trata de personas muy bien tarifadas y subjetivamente interesadas en la perpetuidad de este modo de producción. Nada más falso; descubrir, analizar e interpretar las características de cualquier fenómeno no significa plegarnos sumisamente a ellas, simplemente las describimos, aunque en ellos nos vaya la perdida de subjetividad con que previamente hayamos abordado el caso. Es la dialéctica de toda investigación: Con nuestras observaciones influimos en las variables, y estas lo hacen de vuelta sobre el observador. (Cónfer: Relación de Indeterminación de Heisenberg)

Algo parecido fue lo que hizo Marx con ayuda de mejor herramienta científica, el   Materialismo Dialéctico e Histórico. Pasemos revista a algunos de sus varios prolegómenos que sirven de apertura a todas sus obras.

Por ejemplo, Marx confiesa que no pintó de color de rosa al capitalista y el terrateniente, pero que tampoco le atribuía intenciones subjetivas a la explotación que aquellos practicaban, salvo en la medida en que son la personificación de categorías económicas, los puntales de intereses y de relaciones de clases determinadas. (Cónfer: Karl Marx, El Capital, Prefacio de la Primera Edición Alemana).

De ese prefacio deducimos que los ataques viscerales contra un comerciante burgués o industrial o un banquero no tienen nada de anticapitalismo, pero sí mucho de ignorancia sobre las características de este sistema clasista.

Otro ejemplo: En la producción de las mercancías se habla de coste medio para referirse al valor de los insumos de medios de producción y de valor agregado por los asalariados en cada unidad de mercancía. Se habla de “precio” como expresión mercantil o de mercado para es misma unidad. Digamos, una mercancía contiene o cuesta X valor, y se puede lograr por ella un determinado “precio” que no necesariamente resulte a la par con aquella. Unos industriales terminan vendiendo por debajo de su coste, o valor invertido en cada unidad de mercancía, y así lo hace el intermediario correspondiente. Otros logran vender necesariamente a un precio superior. Esa es  la única forma de estabilizar la producción y el mercado. La idea responde a lo que se conoce como igualdad de las tasas de ganancia en rango macroeconómico e internacional. (Ob. cit., Libro tercero).

Desde luego, la contabilidad burguesa cita como “coste”  sólo  el valor de la mercancía sin inclusión del plusvalor, como si no existiera explotación salarial. Dejemos claro que la ganancia de los mercaderes, deducidos sus costes operacionales, representa una alícuota de plusvalía ya contenida en la mercancía fabricada en modo capitalista. Aquellos zigzagueos del precio alrededor del valor de cada mercancía sólo buscan equiparar las tasas de ganancia en condiciones normales. Si la producción ofertada no cubre la demanda del caso, son los propios demandantes quienes se abocan a reconocer precios exagerados que se traducen en sobreganancias de mercado, pero esto es irregular, no define el sistema. Imagine usted una transacción de compraventa entre dos artesanos: ellos intercambian mercancías mediante trueque o dinero, pero tanto en el primer caso como en el segundo ambos reciben un valor equivalente al que entregan.

 

Ahora, si la oferta sobrepuja la demanda, entonces los propios vendedores (productores y mercaderes) optan por bajas de precio que reducen sus ganancias al vender a precios inferiores al precio medio de toda la producción. Por eso los industriales se cuidan para mantener una oferta tendenciosamente rezagada. Por eso es necesario que un gobierno que desee ayudar la economía de su país debe estimular la producción privada con libre competencia y a como dé lugar. Los lamentables casos de acaparamiento, de despilfarro de inventarios (leche vaciada al mar) son artilugios tendentes a mantener unos precios que si caen por debajo de cierto límite necesariamente terminan arruinando al empresario o dándoles pérdidas durante el año económico en curso. Si esto ocurriera, dejaría de pagar impuestos, merman los Ingresos fiscales, sobreviene desempleo, etc.

Así se mueve la economía burguesa, pero no se trata de impiedad, ni de acciones inicuas contra nadie. Garanticemos un libre mercado, estimulemos al máximo la producción que cubra la demanda potencial solvente, ayudemos al menesteroso e incapacitado o minusválido, y veremos que ese capitalismo funciona sobre rieles. Es lo que ocurre actualmente en sociedades no menos burguesas que la nuestra y donde al parecer reina   armonía entre burgueses y proletarios. Pongamos trabas a la producción, al mercado, y veremos acaparamiento, especulación, inflación  y  desempleo por todas partes.

He ahí algunas importantes características del sistema, de los industriales, mercaderes y financistas, sin que su voluntad   prive para nada. Obsérvese que los inversionistas no están al frente de ninguna empresa. Son simples dueños económicos de los medios de producción, y propietarios jurídicos de las acciones mayoritarias de todas las empresas del mundo que se hallan en red económica internacional.

Los encargados de obtener máximas ganancias con mínimos costes son la Gerencia, los vigilantes, los contables, pero todos estos reciben instrucciones técnicas, no de los accionistas, sino de las leyes económicas del Sistema capitalista de producción. Estas leyes y su correspondiente tecnología forman parte integral del pénsum e estudio de las principales universidades y academias del mundo moderno.

En el caso venezolano, el gobierno animado por un supuesto interés socialista, estimula la producción pero le exige a los productores sacrificios económicos que en nada benefician el futuro ni la estabilidad de esas empresas ayudadas por el Estado. Este desconocimiento de la Economía capitalista cuyas leyes aconsejan que   deba operarse con mínimos costes y venderse a precios máximos le impide al gobierno actuar correctamente. Por cierto, costes mínimos supone comprar medios de producción a su valor medio de mercado, y pagar salarios estrictamente ajustados al valor de la fuerza de trabajo. Reconocerle al trabajador un salario mayor se traduce en “pérdidas” ya que eso sería como pagar más de la cuenta por las materias primas. Así funciona eso.

La pérdida de un empresario “generoso”, o con una contabilidad deficiente, se corresponde con sobreingresos a favor de quienes vendieron a un precio superior al valor entregado, salvedad hecha de los trabajadores que están naturalmente capacitados con una fuerza de trabajo creativo de un valor superior al valor de aquella. Sobre esta cualidad salarial   opera con éxito el régimen burgués.

Cuando un asalariado resulta incapaz de generar valor agregado con un plusvalor mínimo no es empleable o irrentable. Y no se trata de malos sentimientos de parte de los patronos: “los negocios son los negocios” reza el prejuicio popular. Si estos males ocasionados a las mayorías en beneficio de pocos no nos complacen, no por ello debemos desconocer que así funciona el Sistema Capitalista.



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Manuel C. Martínez M.


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