Sidor, hacia una empresa de carácter social

El presente artículo lo escribo motivado por la conversación con José Clemente (Tatá) y Héctor Torrealba en el programa "Acero y Comunidad" trasmitido por La Voz de Guayana, emisora radial ubicada en el centro de Puerto Ordaz; en el cual abordamos diversos temas, entre ellos el proceso constituyente, actualmente en pleno desarrollo. Esta invitación obedeció a mi participación militante en la coordinación política del Comité Constituyente de la Parroquia Unare, donde Héctor es integrante de la coordinación de formación.

La Siderúrgica del Orinoco (SIDOR) fue creada por el Estado venezolano en 1962 fundamentalmente para producir y exportar acero en sus diferentes presentaciones (pellas, planchones, alambrón, cabillas, etc.); una gigantesca empresa de corte capitalista enclavada en la zona de Matanzas, cerca de Puerto Ordaz, con grandes galpones concebidos para desarrollar las diferentes líneas de producción, así como edificios modernos para la administración, salud ocupacional, creación e innovación tecnológica, y una gran muelle construido a orillas del río Orinoco.

Digo de corte capitalista porque desde su creación, la perversa división del trabajo ha estado siempre presente, con una clase dirigente que entra o sale por una bella y adornada avenida que conduce a una garita exclusiva con ventanales, matas y flores, donde en pocos casos exigen la identificación, para luego ingresar a espacios reservados para la élite. Mientras la clase obrera ingresa o egresa por un enorme portón metálico bien feo, estratégicamente apartado de la entrada de la directiva, con estrictos controles y vigilancia permanente. Actualmente SIDOR tiene una desproporcionada carga gerencial; donde, de las 15 mil personas que laboran, un tercio es personal directivo y administrativo.

Cabe señalar que todavía hoy en día, el sistema de ingreso y egreso de los obreros resulta discriminatorio y abusivo, si lo comparamos con el de la gerencia. Me explico: cada ocho (8) horas, los autobuses que trasladan a los obreros de turno se detienen ante el enorme portón metálico, quienes se apean y atraviesan un primer torniquete para entonces subir por unas escaleras de hierro; arriba, pasan por otros torniquetes de seguridad custodiados por funcionarios que se percatan del correcto ingreso o egreso, viendo las fichas que cuelgan del cuello de los obreros y si salen de SIDOR percatándose de no sustraer material, instrumentos o equipos. Luego, los obreros bajan por otras escaleras para subirse a los mismos autobuses vacíos que pasaron por debajo de la estructura metálica de control, y así trasladar a los obreros a los respectivos galpones dentro del campo industrial de SIDOR, sin permitir que nadie suba o baje durante el recorrido.

Debo decir que no sólo SIDOR tiene tal corte capitalista. Todas las empresas de la zona que procesan hierro, bauxita, aluminio o carbón tienen similares características, las cuales fueron creadas en un territorio-ciudad concebido por el capitalismo de manera funcional; donde los presidentes, gerentes y demás directivos viven en la moderna ciudad de Puerto Ordaz, mientras "el perraje", perdón, la clase obrera reside al otro lado del río Caroní, en San Félix, y ahora en la parroquia Unare aledaña a Matanzas.

Las políticas de SIDOR siempre se han centrado en alcanzar la máxima productividad, a través de indicadores por metas alcanzadas en toneladas métricas fabricadas por años, semestres o trimestres; primeramente en atención a la demanda internacional del mercado y a los precios fluctuantes de venta, y ahora mayormente a la demanda nacional para la construcción de infraestructuras viales, civiles, edificaciones y viviendas.

Es la cultura capitalista imperante en las relaciones económicas de producción y comercialización de SIDOR, donde lo importante es satisfacer al cliente bajo el enfoque de un anacrónico sistema positivista de causa-efecto: insumo-producto, costo-ingreso, mercancía-consumo; así como en las relaciones laborales de dominio-sumisión: patrón-obrero, directiva-sindicato, salario-trabajo.

Aunque SIDOR ha creado varias gerencias y unidades administrativas para responder a la política social del punto y círculo que impulsa la revolución bolivariana, al igual que otras empresas del Estado; a mi entender, aún es incipiente el impacto de su accionar en su entorno. Por ejemplo, en las comunidades de Unare: Core 8, Las Amazonas, Villa Bahía, entre otras comunidades, se observa una gran anarquía habitacional, con viviendas maltrechas, deficiencia de servicios públicos, sin agua potable, calles sin asfaltar, falta de alumbrado público, pocas escuelas, liceos, ambulatorios, un transporte deplorable, la ausencia de mercados populares, la basura y las aguas servidas por doquier.

Pues, es inminente que la Asamblea Nacional Constituyente decrete la instalación de la constituyente en todo el territorio nacional, referida a uno de los objetivos establecidos en sus estatutos: "Impulsar las nuevas formas de democracia participativa y protagónica y la democracia directa. Constitucionalizar las comunas y los consejos comunales, los consejos productivos de trabajadores, de campesinos y de pescadores"; objetivo concatenado con otro que reza: "Ampliar y perfeccionar el sistema económico venezolano postpetrolero; que sea productivo, diversificado, mixto, integrado e integrador; una economía potencia, una economía popular". Los cuales implican un nuevo sistema de relaciones económicas y laborales en el país, bien alejado del modelo capitalista de producción; es decir, las empresas del Estado, entre ellas SIDOR, encaminadas a transformarse en forma radical hacia empresas de carácter social; donde ya no sea su objetivo principal, la productividad, sino su estrecha vinculación con el máximo bienestar de pueblo venezolano, especialmente con el de las comunidades de su entorno.

Igualmente hacia dentro de SIDOR, donde no se trata de implantar un control obrero para invertir la pirámide de dirección gerencial, sino de aplastarla; estableciendo más bien una organización horizontal en cuanto a su organización y funcionamiento, mediante nuevas interrelaciones humanas, ecosociales, laborales y de gestión que sean armónicas, equilibradas y justas entre todos quienes laboran en ellas.

Y nuevas políticas de SIDOR que surjan del consenso de todos, que partan del debate cotidiano, de los saberes, conocimientos y experiencias de cada quien, incluyendo a los jubilados; por ello la formación y capacitación permanente para hacer viable y efectiva la democracia directa, participativa y protagónica en la toma de decisiones a todos los niveles y espacios de dirección-producción, y en todas las escalas político-administrativas de SIDOR.



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Sergio García Ponce

Ex-vicerrector de Desarrollo Territorial de la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV).

 sagarciap@yahoo.es

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