El Consejo Universitario dela ULA, un gallinero en el que han tratado de cagarme

Cuando fui a encargarme como representante del ministro ante el Consejo Universitario de la ULA, el saliente, el profesor Alirio Liscano, me advirtió: “Eso es un gallinero en el que todo los de arriba te cagan sin compasión”. Yo me dije, si de lanzar mierda se trata, pues vayamos al combate.

Esta vez me encontraba yo partiendo lanzas solo. No estaba Lílido Ramírez ni tampoco Alfonso Rodríguez. Los consejeros estaban feroces y con el pico nuevecito lanzando denuestos a granel contra el gobierno. La cosa había empezado la semana pasada cuando Alirio Zambrano, el representante estudiantil, había solicitado se redactase un remitido contra el gobernador Florencio Porras por haber dicho que la Universidad de Los Andes era una guarida de golpistas. Nunca llegará a saber don Florencio Porras cuántos bofes tuve que echar para defenderlo. Alirio decía que Florencio en su plan de ganarse unas buenas sobadas de Chávez se había puesto iracundo defensor del proceso y la había agarrado contra ellos. Que ellos no eran nada golpistas, que ellos son pura entrega al estudio, pura dedicación a la academia, al saber, al buen deporte, a la investigación y al trabajo dignificante, moral, humano, ético. Entonces nombraron una comisión para redactar el estremecedor remitido. No sé cuánto tiempo se llevaron en la jarana de la pedidera de palabras, todos ponderando sobre la grandeza del Alma Mater, de la inviolabilidad del libre pensamiento, de la falta terrible de disenso en el país, de la perenne amenaza de violación en medio de un atroz acecho contra el recinto universitario y del sublime e imponderable supra-poder inmarcesible de la autonomía universitaria.

El equipo redactor debería contar con un jurisperito de siete suelas y para ello fue escogido el doctor Marcos Avilio Trejo. Se devanaron los extra-terrícolas sesos durante seis días redactando el remitido y a la final sólo produjeron una espantosa bazofia. Para mejorar la bazofia, más de dos docenas de profesores estuvieron retocando el animalejo durante más de dos horas en pleno consejo, hasta que por allí pronto lo veremos publicado por los medios locales.

En el Consejo Universitario del lunes 24 de septiembre, se volvió al tema. Venían como lima nueva a serruchar por todos lados a la revolución. El joven estudiante Alfredo Contreras bastante indignado contra el gobierno expresó que ya estaba cansado del culipandeo de la Universidad, y que por qué se alarmaban tanto si las universidades siempre han conspirado contra todos los gobiernos. Alirio no estuvo de acuerdo con su posición. El torneó comenzó a tomar cuerpo y se leía un párrafo y aquella vaina no se entendía o no se justificaba, o se estaba suponiendo lo que Florencio había dicho y venga a discutir y a corregir. Una humilde profesora revisaba aquella parte del comunicado que decía que el ciudadano Florencio Porras señala que “en la máxima casa de estudios andina, está enquistado un grupo de personas liderado por las autoridades universitarias y apoyado por la Arquidiócesis que está empeñado en “desmoronar la revolución”, y en la que advierte el supuesto peligro que esto representa, ya que según su apreciación, en la propia capital del estado Mérida se arman conspiraciones en contra del proceso liderado por Hugo. “Vienen de todas partes del país a reunirse aquí, a hablar con las autoridades de la ULA, con gente de la iglesia, para intentar hacer ver que desde Mérida se inicia el proceso de hundimiento de la revolución”. Realmente toda una enjundiosa monserga. Entonces, digo, que la humilde profesora no entendía aquello porque no sabía dónde empezaban y terminaban las comillas y no se podía entender si lo que se decía allí era la opinión de una periodista o si por el contrario lo expresaba el gobernador. Rafael Almeida dijo que no se detuvieran en tantos periquitos y que adelante con los faroles y que lo importante era no quedarse callado. Alirio remató diciendo que a él la semántica lo tenía sin cuidado. Era lo que necesitaba para entrar lanza en ristre el gran Salomón de don Marcos Avilio Trejo quien exclamó como todo un demoledor tribuno: “Si la periodista lo dijo del gobernador y él no lo desmintió es porque entonces es total y evidentemente cierto.” Brillante, brillante. Entonces yo, confundido por tan tritonante aseveración contesté que cuantas cosas los periodistas dicen de los demás que no son ciertas. Lo que faltaba: ARDIÓ TROYA. Se alzaron racimos de manos pidiendo la palabra para apostrofarme. Sant Roz sí tiene bolas, parecían decir todos y todas, cómo se le ocurre. Almeida aseguró que este gobierno no admite la discrepancia. La jarana fue total contra mí y se dijo que yo había ofendido a muchos profesores. La profesora Laura Luciani comenzó a explicar que Nixon Moreno es totalmente inocente y ella se lo puede demostrar a todo el mundo. Y que ya esta harta, cansada y super indignada que de que yo viva en todos los Conejos diciendo que frente a su Facultad hayan herido a más de 70 policías porque ella nunca ha visto eso. Que está cansada de que yo la viva ofendiendo con mis ataques. Que esta hasta la coronilla de que se le llame golpista. Que esta hasta más allá de toda irritación posible de que la acusen de que hoy sean 70, mañana 80 y después sean 90 los policías heridos de bala frente a su Facultad. Que hasta cuándo con ese sanbenito. Luego tomó la palabra el otro representante estudiantil Antonio Sánchez y dijo que yo le faltaba el respeto a los que pensaban diferente a mí, y me pidió que me pronunciara sobre la inseguridad del país, de Mérida. Contreras volvió a tomar el micrófono y dijo que este gobierno considera golpista y conspirador a todo el que no está con él: que así lo hizo contra Ismael García y que hasta al genio de todos los genios merideños, Adelis León Guevara consideraba que Chávez no aceptaba el disenso ni el debate. El rector le dio la palabra a Alirio para que cerrara el debate y me lanzara estocadas que yo ya nunca podría responder, y Alirio se traía entre manos una poderosa bomba, era un artículo mío que hice en febrero de 1999, y en el que atacaba duramente a Chávez. Leyó parte de aquella bomba y el otro estudiante, Antonio Sánchez se puso de pie y lo comenzó a repartir. A mí no me dieron porque se suponía que no lo necesitaba. Le pedí a Almeida su copia. Claro, ya no podía responder, y lo único que podía decir que fue en los tiempos en que yo atacaba furibundamente a Luis Miquilena y a Luis Velásquez. No tenía por qué defenderme, porque aunque yo he cambiado con respecto a Chávez, lo he hecho porque él es otro. Él también ha cambiado.

Yo acusé al rector de estar llamando al golpismo y a la violencia cuando soterradamente se metió contra Jehyson Guzmán, en aquello de “maldito el estudiante que ataca a su propia universidad”. Entonces Laura Luciani salió en su defensa, y luego el rector añadió, casi regodeándose poco a poco en sus palabras: “Yo en esas declaraciones no mencioné a Jheyson, pero por allí salieron a decir que por esas palabras mías Jehyson perdió las elecciones”. Se sonreía el muy pícaro. Se sonreía.

jrodri@ula.ve


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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

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