Nuestra insólita universidad

El colmo de los colmos. El primerísimo centro de estudios del país. De donde salieron miles y miles de egresados muchos de ellos brillantes, de excepción, hasta el mismo beato José Gregorio Hernández (1).

La universidad más antigua de Venezuela, que cumplirá en 2027 doscientos años de ser refundada por el Libertador Simón Bolívar (1827), pues antes (los 300 años que se acostumbran a mencionar) durante la colonia era una universidad pontificia bajo la tutela y protección del Monarca y del Papa, y donde los alumnos eran seleccionados por el color de la piel y sus "buenas costumbres" (2).

Nuestra insólita universidad es el título que decidí para el texto ya que las actuales autoridades de la Universidad Central de Venezuela (UCV) no fueron capaces de concretar unas elecciones rectorales y decanales, luego de catorce años de ausencia de este elemental acto democrático de renovación de cargos.

Como todos ya conocen, el pasado viernes veintiséis de mayo debían realizarse las ansiadas elecciones para cambio de autoridades. Luego de pataleos, llantos, rebeldías y críticas a la decisión del TSJ que, de alguna manera, se lograron superar pues ya es insostenible hasta para ellos mismos, seguir manteniendo posiciones de autoridad ilegítimas, desde todo punto de vista.

Apreciados lectores, como ya deben saber, las elecciones universitarias en la UCV fueron suspendidas el mismo día de su inicio.

Me fui bien temprano a la ciudad universitaria como me habían recomendado por las previsibles largas colas que se esperaban. Reencontré compañeras y compañeros que no veía desde hace añales. No solo yo, sino muchos de ellos jubilados, en la cola frente al Decanato de Medicina, se abrazaban y besuqueaban, tratando de reconocerse, si, luego de tantos años con la vejez implacable que nos asalta.

Como ciudadanos ejemplares nos mantuvimos durante horas parados en nuestro lugar, luego afortunadamente nos hicieron esperar en el pequeño, pero muy acogedor auditorio Andrés Gerardi, en el hall del decanato.

Había incluso algún profesor en silla de ruedas, esperando muy pacientemente. Gente hasta mayor que yo, tranquilos, sin desesperarse. Luego de más de cinco horas de espera, pensé irme y regresar al final de la tarde pues las noticias no eran alentadoras y ya las condiciones fisiológicas del cuerpo requerían cierta atención.

Fue justamente en el edificio del Decanato de Medicina donde se armó la sampablera. Mientras los docentes jubilados dábamos señales de educación, tolerancia, respeto, y muchísima paciencia, los jóvenes estudiantes gritaban a más no poder: queremos votar, queremos votar. La fuerza, el empuje y sobre todo la rebelión y exigencia por la justicia, se manifestaron con su voz, ¡queremos votar!

Lo sucesos inmediatamente siguientes deben haberlo visto en las noticias: fragmentos de una realidad insólita, inaudita, y no sé qué otro calificativo usar para tanto bochorno. (3,4,5,6, 7).

Por supuesto, mi admirado candidato a Rector, Miguel Alfonzo, en un Consejo Universitario extraordinario convocado en situ, supo decir y hablar por todos nosotros: ¡no nos traten como estúpidos! ¡Somos ucevistas!

Apreciados lectores: al fin y al cabo, al día siguiente, deben haberse investigado los motivos de tanto desorden, con sede en el principal centro de estudios del país.

¿Se trató de una campante ineficiencia? ¿Un saboteo de elecciones luego de once años ilegales por la permanencia ilegítima? ¿Un desorden premeditado mezclado con egos, que no permitió un proceso pulcro, sencillo, necesario?

El profesor Miguel Alfonzo asegura que su plancha, Juntos por el Patrimonio, quedaría para la segunda vuelta. Conociendo su seriedad, le creo firmemente.

Lo cierto es que, junto a una compañera que, al igual que yo, manejamos por unos años la admisión de estudiantes a la facultad de medicina, proceso algo complejo por el alto número de candidatos y los escasos cupos para el ingreso que se permitía en esos años de inicio de siglo, nos miramos a la cara exclamando: a nosotras no nos hubiera pasado esto.

El mismo día de las frustradas elecciones rectorales, con el grupo Biké de compañeros latinoamericanos, nos dedicamos a evaluar la situación. Las expresiones fueron tales como inusitado, no conozco ninguna universidad en el mundo donde haya ocurrido algo así, mencionó un compañero de Costa Rica; escandaloso señaló el compañero chileno; ¡vergüenza! No parece que fuera una universidad, parece un comportamiento de sicarios, exclamó la compañera de Costa Rica; catorce años enquistados en sus puestos, tales como unos parásitos. ¿Y luego acusan a Nicolás Maduro de dictador?; la autonomía universitaria (esgrimida para no hacer uso del sistema del CNE) ¡se ha prostituido! Dijo nuestro amigo secreto Diogenes. Entre otras frases que, como venezolana, y profesora de la UCV, me llenaron de triste aceptación.

En cuanto a la autonomía recomiendo leer el artículo de otro compañero del grupo, Aquiles Amares que evalúa con profundidad el concepto junto al de soberanía (8).

Por mi parte, me busca hurgar en el pensamiento del filósofo venezolano Ernesto Mayz Vallenilla, quien habla sobre la Universidad en su excelente libro El sueño del Futuro (9).

Señala "una universidad donde por antonomasia y tradición se encarna y simboliza la morada del saber superior. Y, sigo copiando al filósofo: "lo superior dícese de lo más excelente y digno respecto de otras cosas… lo más virtuoso y vigoroso…"

¿Es virtuosa en este momento, nuestra Universidad Central de Venezuela?

Lo acontecido el pasado veintiséis de mayo no entra definitivamente dentro de esta categoría de virtud. "Virtud como la fuerza o potencia inmanente que, desplegándose desde las cosas mismas por su constitución intrínseca, es capaz de hacerlas alcanzar su finalidad o telos, su perfección y plenitud".

Apreciados lectores, ninguna perfección ni virtud vimos ese triste día en nuestra casa que vence las sombras. Un día en que se puso su traje de moza y quedó, como la novia del pueblo, con los crespos hechos.

Deseo fervientemente que este acto fallido (con todos los epítetos esgrimidos por mis compañeros de Biké), no se repita más nunca y se rescate la integridad y virtud de excelencia en nuestra Universidad Central de Venezuela. Es el deber ser. Ineludible.

Por ello resulta tan importante saber escoger a las nuevas autoridades que reemplazarán a las responsables del desastre puntual de la jornada electoral. Autoridades las actuales también responsables del deterioro físico, del cierre académico, ético, de la grandeza de esos espacios, al jugar a los muñequitos políticos de una oposición desquiciada que ha perdido, definitivamente, el norte.

¡Bravo por nuestro candidato a Rector Miguel Alfonzo! ¡Ojalá próximo Rector de la UCV!

  1. https://cdch.ucv.ve/2020/02/13/jose-gregorio-hernandez-el-cientifico-venido-a-santo-de-venezuela/
  2. http://portal.ucv.ve/sobre-la-ucv/resena-historica.html
  3. https://youtu.be/NlWL44KVUB8
  4. https://youtu.be/R4I7Y1z8Qdk
  5. https://www.youtube.com/watch?v=R4I7Y1z8Qdk
  6. https://youtu.be/3yQ1UTq-RIg
  7. https://www.youtube.com/watch?v=8ThM2oSGfDE
  8. https://www.aporrea.org/educacion/a321938.html
  9. Ernesto Mayz Vallenilla. El Sueño del Futuro., Ediciones Equinoccio1989. Editorial de la Universidad Simón Bolívar.


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Flavia Riggione

Profesora e investigadora (J) Titular de la UCV.

 flaviariggione@hotmail.com

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