¿Qué decir de Aristóbulo en esta hora aciaga de su muerte?

La muerte forma parte de la vida. Tanto que, en mi barrio, aquel humilde caserío, en veces sumergido en los vapores de la sabana, los del agua marina de allá de la orilla de la playa, elevada al cielo por los rigores del calor y el polvo que los remolinos de viento levantaban de la tierra salitrosa, solíamos decir, la vida anda con la muerte. Esta siempre está detrás de la vida y, una y otra, forman parten de la existencia. En la sabana misma, los zamuros, la vida, se alimentaban de la carroña, que es la muerte, abundante en ella.

¿Cómo concebir la vida sin la muerte? ¿No hay entre uno y otro estado un pasadizo secreto y en veces como muy expedito? ¿Cómo esperar la muerte si no hay vida? En veces estamos como en un estado de muerte y creemos que eso es vida.

La muerte es tan real y verdadera como la vida misma. Y todos, cada uno de nosotros, en eso somos iguales, si es que estamos vivos, vivimos con la muerte atrás.

Esta mañana al abrir los ojos y es así exactamente porque, cuando eso se me viene, busco informarme de algo trascendente, es como un atavismo, sin levantarme revisé el móvil, buscando eso y hallé la noticia de la muerte de Aristóbulo Istúriz.

Me impactó y dolió, como le duele a todo ser humano sensible, adversario noble, la muerte de otro, porque pese esta anda detrás de todos y la vida, uno espera que sea muy largo el tramo antes que ella se ponga por delante.

Aristóbulo era algo menor que yo. En efecto él fue de los jóvenes del MEP y estuvo en sus inicios en la lucha sindical, desde casi cuando se graduó de maestro, al lado de Isaac Olivera. Fue pues un luchador del magisterio desde joven; en esa profesión estuvo por cierto tiempo. De allí deriva su prestigio de líder sindical del magisterio y por este pronto abordó otros espacios, pues fue concejal por Caracas, Alcalde del Distrito Federal, diputado en dos períodos, asunto en el cual se hallaba cuando primero se alzó Chávez y luego este llegó a la presidencia de la República.

De aquello viene, como antes dije, el prestigio del recién muerto ministro como dirigente sindical y hasta como oráculo del asunto educativo. Pero si se revisa su vida, sus querencias, haceres, se podrá entender que fue, por encima de todo eso, un militante político. Y uno de esos muy pragmáticos, para quien lo importante, es derrotar al contrario y estar donde pasa la brisa que todo empuja.

Por supuesto, uno deplora haya muerto. No hacerlo sería sucumbir en la pobreza. Se trata de un ser humano con una vida que tiene, como en cada uno de nosotros, lo que hay que condenar, pero también lo por aplaudir.

Soy de quienes piensa y así mira la vida, que la historia no se puede borrar de un plumazo. La vida de un hombre forma un todo. En veces, hasta sin quererlo, el mejor de los hombres sucumbe y no está a la altura de sus deberes. Pero no por eso, quien cuida ser sensato, nada mezquino, debe para faltarle a la honestidad y buen juicio, restarle los méritos que la gente tiene, tampoco ponerse a sacar una ecuación de suma y resta para alcanzar un saldo, sino exponer las cosas como son.

Hubo, en mi parecer, dos Páez; uno fue aquel tenaz guerrero, líder, amado por la enorme masa que le seguía, tenaz combatiente con un aporte descomunal en la lucha por la independencia y el que vino después.

El analista juicioso, el historiador equilibrado, no puede, no es su función, fundir los dos en uno y sacar una conclusión, sino juzgarlo en los espacios y tiempos en los que actuó y por lo que hizo en cada instante.

Por eso, Aristóbulo tiene sus méritos, fue antes de dedicarse a la lucha política y a la búsqueda de las representaciones que ejerció, y eso es ya de muy vieja data, un luchador del magisterio desde la FVM y en aquellas huelgas por alcanzar el derecho del educador a contratar y que este dejase de ser considerado como "empleado púbico", alcanzase el rol de "trabajador de la docencia", jugó un rol importante, pues estuvo entre los tantos que por eso lucharon. Pero Aristóbulo, pese haber pasado luego y prontamente a jugar un rol diferente, tuvo la fortuna de conservar la imagen de luchador gremial y de maestro.

Como gobernador de Anzoátegui, cargo al cual llegó con un enorme respaldo, pese ser ajeno a la entidad, fue un absoluto fracaso. Pues su meta, sus ojos, estaban puestos en Caracas, donde en política, como en muchas cosas, se paga y da el vuelto. Barcelona, asiento del gobierno regional, fue para él un espacio para venir de visita, mientras su corte, porque fue como el iniciador de eso, lo tener una corte que se llevaba consigo hacia donde él iba, se encargaba de esos asuntos molestos de gobernar. Por eso, Ud.se enteraba que en la mañana estaba en Caracas, al mediodía, en Barcelona y en la tarde ya de regreso en Caracas.

Nunca el magisterio del Estado Anzoátegui, uno que dio grandes luchas por la contratación y los contratos, lo que equivale a decir por el salario, fue tratado con mayor desprecio y crueldad que mientras Aristóbulo fue gobernador. Para definir esto, sólo basta recordar este detalle, durante su mandato mantuvo retenido los aumentos salariales otorgados por el gobierno central, por dos y tres años. Tanto que, cuando abandonó el cargo para ir a su soñada querencia caraqueña, como vicepresidente de la República, su sucesor, Nelson Moreno, debió dedicarse, casi exclusivamente, a gestionar los recursos para pagar esa deuda, cuyo pago llegó a las manos de aquellos trabajadores ya hecho polvo por las sucesivas devaluaciones. Y hay algo más. El contrato de esos educadores, fue uno de los primeros en vencer y Aristóbulo, bajo ninguna circunstancia, se mostró partidario de renovarlo. Es decir, fue el primero en el país todo, incluyendo el Ministerio de Educación, en congelar el contrato de Trabajo de los educadores.

La salida de Elías Jaua del Ministerio de Educación, estuvo asociada a la reciente firma del nuevo contrato de los educadores, que significó un importante avance con respecto al anterior. Pero por lo que sabemos, que no es otra cosa que lo acontecido posteriormente, conocido por todos, que envuelve la congelación de todos los contratos de los trabajadores y del salario, el Ejecutivo Nacional, halló en Aristóbulo, el hombre como mandado a hacer para imponer esa política a sus colegas que, pese todo, todavía en buena parte, seguían creyendo en él, sobre todo, quienes desconocían de su rol en Anzoátegui.

Justamente en eso, en la fe y esperanza que los educadores habían puesto en él, está lo grave al momento de juzgarlo. Por mi experiencia y recuerdos de viejo maestro, puedo asegurar que antes de Aristóbulo, el peor enemigo que hallaron los trabajadores de la enseñanza al frente del Ministerio de Educación había sido Gustavo Rossen, aquel empresario que fue llevado a ese cargo, justamente para poner a raya a los educadores por sus reclamos, cosa que no pudo lograr. Pero este venía del grupo empresarial, había sido gente de la CANTV privada, era un hombre ligado al capital externo. Aristóbulo no, era de los hombres de confianza de los trabajadores, lo sacaron de adentro. Es decir, no fue siquiera, un Caballo de Troya.

Y ante todo eso, siempre me he preguntado, ¿por qué Aristóbulo se dobló o dejó doblar? ¿Qué había detrás de todo eso? ¿No sería que el verdadero Aristóbulo murió antes?

Y esto es muy grave. Paz a su alma y reitero que pese todo, me dolió mucho su muerte.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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